Músicos cubanos


Este año el inmenso Bola de Nieve cumpliría 100 años. Esperemos que toda América lo conmemore. A manera de homenaje he aquí un hermoso texto escrito en un diario argentino. Y bueno, vale la pena volver a escuchar “Vete de Mí” en la voz de Bola…

Por: Juan Sasturain

Fuente: www.pagina12.com.ar, 21/02/2011

“Yo soy negro social / intelectual / y chic”

Mesié Julián, de Armando Orefiche, por Bola de Nieve.

Este es (debería ser) el Año de Bola de Nieve. Y si nadie lo celebra, lo haremos nosotros, los admiradores del impagable, aunque sea con pretextos de almanaque. Es que el negro Ignacio Jacinto Villa Fernández nació, apenas al Este de La Habana, en Guanabacoa –de donde también eran otros dos coetáneos pesos pesados de la música cubana que mucho tuvieron que ver con él: el blanco Ernesto Lecuona y la mulata Rita Montaner, “La Unica”– el 11 de septiembre de 1911. Así, este año van a hacer cien que se despidió provisoriamente del vientre de Inés Fernández (la Mamá Inés de la canción) y cuarenta que murió, con sesenta apenas cumplidos, en México, en tránsito hacia Lima y al encuentro de su amiga Chabuca Granda, el 2 de octubre de 1971.

Si no fuera por eso –por los recurrentes aniversarios, digo– bastaría volver a frecuentar tres o cuatro temas suyos en piano exacto y voz quebrada para celebrarlo. “Vito Manué”, por ejemplo, o “No puedo ser feliz” o “Be carefull”, “It’s my heart”. Alcanzarían para mostrar la amplitud de registro, la invariable excelencia. El genio, en suma.

Tal vez me equivoque, pero creo que quien me hizo escuchar por primera vez al gordo negrazo e irrepetible fue el peruano (también irrepetible) Hugo Guerrero Marthineitz, en El Show del Minuto por Radio Belgrano, que empezó en el ’67 y duró un rato, hasta principios de los setenta. Es que por esa época salió un disco de Bola de Nieve en Buenos Aires –en Cornamusa o Trova, creo recordar, y que debe haber sido el primero– con hermosa tapa de Sábat. Y esos temas, supongo, debería pasar el peruano entre comentarios admirativos con voz grave y habitual risa cómplice con ronquidos incorporados.

Contar la biografía de Bola de Nieve, la historia muchas veces contada de su apodo irónico y políticamente incorrecto –era “negro como un teléfono” (sic)–, reseñar sus más de cuarenta años de actuación profesional –desde ponerles piano a las películas mudas apenas salido de la adolescencia a fines de los años veinte hasta la fama última, de cubano universal–; puntualizar su cultura amplia y rigurosa; hacer un paneo exhaustivo del intrincado, subrayado itinerario de sus viajes por literalmente todo el mundo (de EE. UU. y Europa, a Chile; de México a Moscú y Pyonyang parando en todas); o recorrer su repertorio tan cubano como versátil en media docena de lenguas, es pisarse con lo que cualquiera encuentra/encontramos en Google & Co. Mejor, detenerse en algunos detalles, puntas motivadoras.

Por ejemplo: Ignacio Villa, a la hora de la discriminación, tenía todos los números: negro, gordo, homosexual y artísticamente extraño, original sin abuela. Para vivir y sobrevivir, puede decirse que, en todos los sentidos y aspectos, se inventó de una pieza, clase de uno. Construyó sabia y dolorosamente un personaje único, coherente y sin fisuras en el que la singularidad era rutina. Seducción lúcida, sonrisa perpetua y rigor profesional. Elegancia impecable y pudor de su privacidad. Todo lo que se puede ver y sentir o equívocamente intuir de Bola de Nieve está en sus canciones. Que son, por apropiación genuina de intérprete (en sentido literal), siempre suyas, incluso las que firma Irving Berlín, canta Edith Piaf, componen Nicolás Guillén-Eliseo Grenet o sueñan nuestros hermanos Expósito.

En otro orden, interesante para nosotros, es curioso corroborar –una desmañada pero completa biografía artística de Ramón Fajardo Estrada lo puntualiza– cuánto tiempo (cuántos años) estuvo Bola de Nieve en la Argentina actuando en radio, teatro y cine. Hay por lo menos dos estadías prolongadas, a mediados de los treinta y a principios de los cuarenta, durante la guerra, con Ernesto Lecuona y sus diferentes compañías, pero también solo. Existe una foto de 1940, posando a caballo y disfrazado de gaucho en Bahía Blanca, por ejemplo.

Después están las cuestiones siempre polémicas vinculadas con su actitud durante los últimos años de su vida, que fueron los de la primera década de la Revolución: Bola de Nieve, artista famoso, cómodo y bien pagado en el mundo, pudiendo haberse ido se quedó en Cuba y adhirió, sin énfasis (acaso con reservas) pero sin ambages, al nuevo y a menudo incómodo orden. Y fue uno de sus embajadores culturales por el mundo hasta el final.

Para algunos, no todo es transparente. En momentos en que recrudecía el rigor persecutorio contra artistas y escritores homosexuales –con el pretexto, además, de ser más o menos disidentes–, él resultó indemne y nunca se manifestó. Ese largo y oscuro período de humillaciones y vergüenzas está en saludable pero aún incompleta revisión. El amplio arco de casos, que va de los notorios Lezama Lima y Virgilio Piñera hasta el trágico Reynaldo Arenas, no incluye a Bola de Nieve, blanco móvil, sabio negro esquivo, ubicuo sobreviviente. Vale la pena leer las diatribas del desmadrado autor de Antes de que anochezca –“Bola de Nieve era el calesero del Partido Comunista”– o aquella exclamación cuasi despectiva de Piñera tras oírle una declaración de adhesión entusiasta al régimen: “¿Pero quién se cree este negro, la viuda de Robespierre?”. La polémica, en la que todos –quien más quien menos– resultaron salpicados, sigue ahí.

Lo que también, y sobre todo, sigue ahí como el primer día, son las canciones de Bola de Nieve. Y hay, entre tantas, una que elegiríamos a ciegas y para siempre del repertorio universal contemporáneo: “Vete de mí”, un bolero que compusieron –entre tango y tango– los talentosísimos Homero y Virgilio Expósito en 1946. Bola de Nieve lo incorporó tarde a su repertorio, en 1960, cuando ya había sido larga y correctamente grabado por Yanés y la Guillot y tantos otros, incluso Manzanero, después. Y lo hizo de nuevo, lo inventó con su voz quebrada de vendedor callejero de mango.

“Vete de mí” (“Seré en tu vida lo mejor/de la neblina del ayer/cuando me llegues a olvidar/Porque es mejor el verso aquél/que no podemos recordar”) dura dos minutos trece segundos. Gracias a cosas como ésta, escuchar a Bola de Nieve sigue siendo una experiencia definitiva.

 

Aquí una critica sobre la película “Chico y Rita”. Saludos…

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es (04.03.2011)

Es imposible tararear la sinfonía musical animada compuesta por Trueba y Mariscal sin detenerse a recordar la entrañable, soleada y cálida celebración en 2D de la cultura y ritmos afrocubanos dibujada por Juan Padrón en 1985. ‘Vampiros en La Habana’, pinceles y música, Juan Padrón y Arturo Sandoval, una obra de culto de la que beben sin pretenderlo, o puede que no, un guionista y cinéfilo como Fernando Trueba y el genial diseñador catalán, que ha hecho bailar los trazos rotoscopiados del malecón habanero al son de los arreglos del pianista enamorado de Rita.

Bebo Valdés es el alma de ‘Chico y Rita’, su música; Mariscal, el mago que recrea un pasado de cine negro musical rodado en Technicolor; y Trueba, el escritor que funde en un guión las historias de mil y un músicos que emigraron a Europa y EE UU desde La Habana cuando sus vidas se torcieron en Cuba. Trueba salda puntualmente las deudas pendientes en su memoria homenajeando al cine americano de los 40 y 50, en el que brillaban Billy Wilder y Michael Curtiz; o recordando los pasos con los que Staney Donen bañaba las pantallas en las que Debbie Reynolds y Gene Kelly bailaban a dúo; el pero es que todo lo que ‘Chico y Rita’ evoca desde la distancia a la que se filman los planos medios y generales se disuelve cuando la cámara encara a los protagonistas.

Los diseños de Mariscal tienen truco: actores, localizaciones y objetos reales soportan el peso de los dibujos; y ésa, que es una de las brillantes aportaciones de Toni Errando al proceso de filmación del bolero animado, también juega en contra de la narración porque son incapaces de imitar las conexiones emocionales que se establecen entre los trazos de naturaleza abstracta y el público. No obstante, sobran motivos para disfrutar de este hermoso y conmovedor retorno al pasado de la época dorada del jazz latino-norteamericano, en el que dos melómanos privilegiados siluetean a Charlie Parker o Josephine Baker mientras suena en la sala la mejor de las bandas sonoras posibles.

 

Más de “Chico y Rita”. He aquí un extracto  de la entrevista al cineasta español Fernando Trueba sobre su película animada “Chico y Rita”. Además, le aconsejamos revisar la web oficial en español que contiene datos muy relevantes sobre la película.

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es, 14.03.2011

Tiene 56 años, un Oscar, dos Goyas y cinco Grammys. Fernando Trueba esconde sus trofeos entre el maremágnum de discos, libros y DVD de su estudio madrileño, presidido por dos grandes lienzos de Manny Farber, el crítico-pintor que contrapuso el concepto de ‘arte elefante blanco’ -la cultura del oropel- frente al ‘arte termita’, el cine de los pequeños detalles y del instante. En un sitio de honor, fotos de dos de sus dioses paganos: Billy Wilder y el maestro Azcona.

Trueba ha unido sus sueños a los del diseñador español más internacional, Javier Mariscal, en una maravillosa historia de amor inspirada en Bebo Valdés a ritmo de jazz. ‘Chico & Rita’ (Ver Web Oficial en español) retrata una Cuba mítica y un Nueva York de finales de los 40 que solo existe en la memoria cinéfila. Una avasalladora cinta de animación que llega este viernes a los cines y que, en pleno debate sobre la frágil salud del cine español, supone un deslumbrante ejemplo de talento y emoción.

– ‘Chico & Rita’ es una invitación a soñar.

Yo siempre he creído que el cine es un sueño. No en vano, los surrealistas fueron los primeros que entendieron el cine y vieron sus posibilidades. Una película realista es mentira, es un sueño que se pretende realista. Tengo amigos inteligentes que cuando ven una película de problemática social, como son de izquierdas, dicen que es buena. Y el tema no la hace buena. Monicelli contaba que las películas del neorrealismo eran falsas, los obreros no hablaban así.

– ‘Chico & Rita’ pasa por encima de cambios políticos y muestra una Cuba y un Nueva York soñados. ¿Qué significa Cuba para usted?

Un país lleno de talento donde notas el orgullo de ser español. Bebo me dice que es asturiano; Cachao presumía de andaluz; Frank Emilio se tenía por sevillano y como era ciego te hablaba del olor a azahar… Cuba era una colonia más rica que la metrópoli, los pobres íbamos allí a hacer las Américas. Tenían una sociedad civil tremenda: arquitectos, poetas, músicos, médicos… Al margen de las vicisitudes políticas, no se la puede mirar con paternalismo, nos pueden dar capones. Pero también estoy empapado de América, ¿eh? No me veo sin Gershwin, Fitzgerald, Bashevis Singer,Salinger…

– La vida de Chico se inspira en la de Bebo Valdés.

Hay detalles biográficos, como cuando le acusaron de tocar jazz, música imperialista, del enemigo. Cuando se dio cuenta de que no podía tocar a Gershwin o Jerome Kern supo que no merecía la pena vivir allí. Ahora vive en Málaga. Alquilé un cine para que viera la película. Cada vez que entraba la música la dirigía con los brazos. Fue como llevar a un niño al parque de atracciones. 92 años y es la única vez que le he visto llorar.

– Si hace años le dicen que iba a hacer un filme de dibujos animados…

Nunca me lo hubiera imaginado. Mis amigos me dicen que siempre acabo haciendo aquello de lo que he renegado. No iba a conducir y conduzco, no iba a hablar inglés y lo hablo por los codos… Siempre me contradigo en todo.


Fernando Trueba acaba de ganar un Goya, junto a Javier Mariscal, por ‘Chico y Rita’, la primera película de animación para ambos y un hito artístico en los dibujos para adultos en España

Por: Sara Brito

Fuente: www.publico.es, 25/02/2011

La casa de los juegos de Fernando Trueba (Madrid, 1955) está al fondo de su jardín. Es una sala clara, abarrotada de libros, discos (de jazz, en especial) y películas, además de unas cuantas fotografías como esa de Rafael Azcona, que tiene en la estantería detrás de su despacho. Después de 14 películas, cuatro premios Goya y un Oscar, Trueba se ha lanzado a una aventura nueva, que, dice, le ha abierto un mundo entero al que piensa regresar. Chico y Rita es su primera película de animación, surgida de las ganas de trabajar con su amigo el diseñador y dibujante Xavier Mariscal, con quien hace nueve años había colaborado en la aventura del disco doble Calle 54. Ahora juntos, y después de seis años de trabajo y un Goya recién ganado, estrenan hoy Chico y Rita, su primer largometraje de animación juntos, un homenaje a los músicos de Cuba y de Nueva York de los cincuenta, con la cadencia y el latido de un bolero y la irreverencia y sensualidad del dibujo de Mariscal.

¿Era su intención inicial hacer una película tan sensual?

Sí. Hay mucha sensualidad. Quizá tiene una sensualidad especial por la plástica, no necesariamente por las escenas o lo que le pasa a los personajes. Incluso en cómo está dibujada Cuba. La Cuba de los cincuenta tenía eso. Y luego están estos personajes tan guapos y tan queribles.

¿Cómo se concibió el proyecto?

“Los dibujos de Mariscal dan una alegría contagiosa por la vida”

Xavi y yo llevábamos hablando de hacer algo juntos desde hace años, de hacer una película. Él siempre me decía que no había hecho un largo porque los guiones que le habían ofrecido no eran tan buenos para la cantidad de trabajo que una película de animación requiere. Me decía que en España no se hacen buenos guiones de animación. Y me retaba a que escribiera uno, pero no acababa de convencerme. Hasta que un día vi en su estudio el videoclip de Compay Segundo, de La negra Tomasa, que había hecho. Era muy simple, pero al ver La Habana dibujada por él me imaginé lo que podíamos hacer.

¿Qué les une?

Lo que nos había unido en trabajos anteriores era el amor por la música latina, el jazz El clip, como te digo, era elemental. Pero se me enciende una luz: ¿cómo sería una película en estas calles, dibujadas por Xavi?

¿Qué aporta la forma de dibujar de Mariscala La Habana?

A mí todo lo que dibuja Mariscal me produce buen rollo, una especie de alegría contagiosa, de sensualidad mezclada con una sonrisa de amor a la vida, a los cuerpos, a la música. Y a la vez es divertido, no hay solemnidad en su dibujo, no es un arte que se mire a sí mismo diciendo ¡ay qué bueno soy! Es como un juego, es como un baile. Es como la música cubana.

Ustedes ya habían colaborado en la aventura de Calle 54′.

Sí, claro. Habíamos hecho ya el disco de Calle 54 que él diseñó, y nos salió solo. Cuando nos pusimos con la película fue igual, todo fue saliendo rodado. Las cosas fueron surgiendo solas: lo hacemos en Cuba, que sean músicos los personajes, y ya que tenemos a Bebo [Valdés], por qué no es un pianista el protagonista y así cada vez que suena el piano es Bebo quien toca. Así fue saliendo, pero el origen de la película está en las ganas de hacer algo con Mariscal.

Pero quien se encarga del guión es Ignacio Martínez de Pisón. ¿Cómo trabaja con él?

El guión es mío y de Martínez de Pisón o de Martínez de Pisón y mío. En realidad, yo llamo a Ignacio y le doy una historia. Le cuento que son Chico y Rita, que son músicos, que se conocen y se enamoran a finales de los años cuarenta en La Habana. Él va haciendo unas primeras versiones, que voy leyendo y a las que voy aportando cosas. A mí me gusta trabajar con otros, es más divertido. Yo estaba liado con El milagro de Candeal y otros proyectos y le pedí a Martínez de Pisón que diera forma a la película. Ignacio es muy buen escritor. Sabe qué es un guión, es amigo y él antes de ser escritor quiso ser guionista. Y sabe tratar los sentimientos y escribir de época.

Es una película de sentimientos, y la música funciona como la manifestación de esos sentimientos, ¿eran las emociones lo más importante?

Sí, porque cuando hablamos de qué queríamos hacer me di cuenta de que Xavi es un loco de los boleros. Está siempre cantándolos y se los inventa. Siempre son medio porno, como él es valenciano siempre mete tetas y culos. Es muy gracioso. Entonces la idea fue hacer esto como si fuera un bolero, dándole esa estructura. Ese tono que tiene el bolero que te cuenta una historia de amor, en la que ella te deja y sufres mucho. Un bolero de hora y media. Y de ahí, el leitmotiv que es la canción que Chico compone para Rita. Es el subtexto que recorre la película y la metáfora de la historia.

¿Quién compone esa canción?

Buscamos entre boleros de Bebo y me pareció que era el más cinematográfico. Se llamaba Amaira originalmente, y se lo había dedicado a su hija. Él hizo arreglos nuevos y se hicieron muchas versiones hasta que se llegó a la definitiva. Se hizo hasta una letra nueva con Juanito Márquez, que es un clásico de la música cubana.

¿Chico es Bebo?

Chico es Bebo en cuanto a que es la música de Bebo, cuando suena el piano es Bebo quien toca y Xavi se ha inspirado físicamente en él de joven. Pero luego las historias de Chico y de Bebo son muy diferentes.

La película combina dos cosas que le apasionan: el latin jazz y una película de estructura clásica.

Sí, por dos razones. Porque me parece que si estás hablando de los cuarenta y los cincuenta no le vas a meter una narración contemporánea. Y creo que a la historia le iba ese tipo de tratamiento de cine clásico. Por otra parte, con el dibujo de Xavi, que es tan colorido y tan sensual, iba a crear un contraste muy bueno. No queríamos llevar ese punto un poco anárquico del dibujo al argumento.

¿Chico es un perdedor?

Es un músico. Y un músico cuando es íntegro, sabe que hay un triunfo fácil por otro camino. No considero a ningún músico de jazz un triunfador ni a los que tienen éxito, que son cuatro. Porque siempre es un éxito relativo.

Retratan un contexto político y cultural de forma sutil pero efectiva. ¿Hasta dónde querían llegar con la fidelidad?

No puedes contar la historia de los músicos de color sin tener en cuenta el contexto de discriminación en EEUU en los cincuenta. Como no puedes tratar a La Habana de la misma época como si fuera un decorado. Creo que lo hemos tocado en su justa medida, sin pretender hacer una película política. Por otra parte, en el desarrollo musical, decidimos usar anécdotas reales como la muerte de Chano Pozo en Nueva York. Pero también hemos jugado con la ficción, como cuando Chico va a una jam y está tocando Charlie Parker. Lo puede disfrutar una persona que no sepa de jazz y es un guiño al entendido.

¿Cómo fue el proceso de dirección?

Aparte de coescribir el guión, me senté durante meses con un dibujante realista, al que le iba haciendo monigotes de cada plano y de cada movimiento de cámara para hacer un primer storyboard que Xavi entendiera para dibujar. Eso lo montamos y le pusimos voces y músicas provisionales. Ese montaje es el primer esbozo de la película. Luego se hace otro que tiene ya el estilo. Ahí los personajes ya están creados por Xavi. El siguiente paso fue rodar con actores cubanos en la escuela de San Antonio de los Baños, pero no para hacer un proceso de rotoscopia [dibujar sobre un fílmico original], sino para fijarnos en las expresiones y movimientos. Por ejemplo, cuando Rita baila queríamos que fuera tal y como bailaban los cubanos de los cincuenta. Por eso fuimos a rodar a la asociación de bailarines de Santa Amalia, de edades entre los 75 y los 80 años.

¿Qué libertades le ha dado dirigir un filme de animación?

Ese es el gran descubrimiento de Chico y Rita y por eso quiero dirigir más. Te abre a otras cosas, es como cuando aprendes un idioma nuevo, hay una serie de nuevos países que puedes visitar, gente con lo que puedes hablar y libros que puedes leer. Esto es un idioma. Este es un país al que puedo ir y al que antes no podía. Me gusta esto de la animación para adultos. Es mucho más arriesgado. Los padres siempre necesitan llevar a sus hijos a películas para niños, así que los que hacen animación infantil juegan con una red. En la animación para adultos el riesgo es 100%.

Diez preguntas > a  Yusa

Por: Laura Rosso
Fuente: Página/12 (10.Diciembre.2010)

1. ¿De dónde salieron tus primeras canciones? ¿Qué te inspiró a escribirlas?

–La primera de todas fue “Mares de inocencia”, que la hice mientras estaba estudiando en el Instituto Superior de Arte, cuando estaba en la pura efervescencia de la juventud y donde me codeaba con estudiantes del área de plástica, danza, teatro, música, historia del arte y cine; en fin, un mundo maravilloso en el que era imposible estar ajeno a la creación. Eso, por una parte, y por la otra, le debo el empujón a Domingo Candelario, un gran amigo que me mostró un modo de decir que se ajustaba mucho con mi modo de ser. Desde entonces, los estímulos llegan a mí de todas partes, y por esas canciones logran salvarme la vida. Como diría un gran compositor cubano de mi generación: “un bolero que te salve la vida, un bolero que te cure la herida”.

2. ¿Cuándo se encendió el deseo de escribir y cantar?

–Lo de cantar siempre estuvo en mí, pues al estudiar guitarra solía ponerme a sacar canciones de los trovadores cubanos. Por ejemplo, cuando tenía seis años, mi mamá me pagaba un profesor particular que fue quien me mostró un vasto repertorio tradicional y popular de Cuba y extranjero. Entonces, en las fiestas familiares, siempre me pedían que cantara una de esas canciones aprendidas. Luego fui una de las compositoras y arreglistas de varias bandas de las que fui miembro. El día que empiezas, no paras más.

3. ¿Qué diferencia a la música respecto de otras artes?

–Cada arte tiene sus virtudes, pero en el caso de la música tiene la ventaja de ser una de las artes que históricamente ha hermanado a la gente sin importar fronteras ni credos. Eso pasa también con las demás artes, pero hay un detalle importante y ese es el sonido que nos acompaña siempre; eso te hace escuchar de otra manera, sobre todo si esos sonidos salen de una voz y vienen ligados a un pensamiento común y al mismo tiempo no tienes que estar de acuerdo, lo que ha sido vital para el desarrollo de los movimientos culturales de las naciones. Evidentemente la música es otro sentido que cala en las personas y tiene su propia vida. No puedes controlar su curso y siempre llega.

4. ¿De qué te ha servido la música?

–A través de la música he conocido culturas increíbles y su gente. Creo que me ha servido más de lo que pudiera decirte. Con la música pude convertir en canción mis ideas, alegrías y tristezas, y sobre todo ha tenido utilidad para el que la escucha. Alguna de mis canciones sirvió para enamorar a otros. ¿Qué más se puede pedir?

5. ¿Qué fue lo mejor que te pasó sobre un escenario?

–Lo mejor es siempre poder llegar al final del concierto y ver que hubo una utilidad, y que desde el público salga una vocecita de un niño que te grita: “te amo”. ¡Muero de amor!

6. ¿Y lo peor?

–Hasta ahora creo que esta es la más terrible: llegué a Chile directo del aeropuerto a una prueba de sonido rápida, pues el concierto comenzaba en una hora. Comienzo a sacar mis instrumentos para montarlos en el escenario y cuando abrí el estuche del bajo vi que estaba quebrado en el brazo; ese día me bajó hasta la presión. ¡Qué mal rato! Por suerte, apareció un músico que me trajo un bajo fantástico con el que pude hacer ese concierto. ¡Tremendo ese día!

7) ¿Qué te gusta transmitir de tu país en tus shows, en las giras?

–La necesidad de ser una fuerza mayor cuando estamos juntos. Me encanta narrar mi realidad, que sientan ese olor a mar que nos arrulla y suena en tambores batá para recordar a nuestros ancestros. Y sobre todo esa confianza de saber que ese día somos infalibles.

8) ¿Cómo y dónde seguís aprendiendo/estudiando?

–Aprendo todos los días y eso algo totalmente atemporal. En estos momentos estoy estudiando los géneros musicales latinoamericanos y del mundo. El conocimiento siempre que pueda ser útil es bueno tenerlo. La vida sigue adelante y siempre algo nuevo te enseña. Lo aprendés aunque no quieras.

9) ¿Tenés cábalas o ritos antes de salir al escenario?

–Lo que tengo son unos nervios tremendos y una tensión por que todo esté en orden que no puedo pensar en nada más. Eso me sucede antes de salir. Aunque siempre trato de mantenerme combativa y enérgica. Sólo doy las gracias porque justo haré lo que más disfruto hacer: música.

10) ¿Tres deseos?

–Quisiera ser madre en algún momento.

– No perder nunca mi necesidad de ser mejor, que lo da el hecho de estar abierta al diálogo y el respeto por el otro.

-Deseo que mi país se pueda desprender de sus ataduras externas e internas (que son las más dañinas) para que de una vez su gente pueda disfrutar de la libertad de elegir y cambiar para un futuro mejor.

Un romance en La Habana de la década de los 40 con ecos en Nueva York, y dos personas que nos enternecen con la música que les sale del alma, nos conectan a Chico y Rita, el filme animado español que se estrenó este lunes en el cine Yara.

Yelanys Hernández Fusté
yelanys@juventudrebelde.cu
Fuente: Juventud Rebelde (8 de Diciembre del 2010)

Chico y Rita (visite web y escuche banda sonora oficial de la película) nos convence mucho más de un secreto a voces: hay una tradición musical en la Isla hilvanada desde tiempos inmemoriales. Y otra vez esa certeza hecha pregunta por Miguel Matamoros en su célebre canción Son de la loma, se nos presenta cual mensaje salido de un oráculo.

En esta ocasión, el vaticinio «matamorino» se adereza con una trama conectada primeramente a esa Habana de la mítica década de los 40 e inicio de los 50 del pasado siglo, para luego encontrarse con las peripecias artísticas de los isleños en Nueva York.

De la urbe antillana se dibuja el ambiente nocturno, que lograba su ebullición también en el palpitar sonoro cultivado en bares y cabarets; una atmósfera melódica que da explicación a la genialidad con que los protagonistas del filme muestran el arte, ese mismo que no ha tenido otra academia que la forjada en el respeto a los componentes que nos definen, a lo extraído del conocimiento de una tradición popular que se lleva en los genes, y a ese ángel propio que poseen los grandes artistas.

Para Fernando Trueba, uno de los directores de la cinta, estaban todas las razones para hacer este largometraje animado, exhibido en el 32 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano como parte de la muestra de cine español. «Primero, queríamos hacer una película juntos Mariscal y yo. Para él, como diseñador, era una época increíble, privilegiada», explica a Juventud Rebelde.

Aclara el realizador de cintas tan conocidas como Belle époque, que su nueva entrega no es solo una película sobre la música cubana, sino también sobre ese momento mágico, romántico entre dos ciudades, «dos países que se han atraído e influenciado a lo largo de los años».

Y tiene razón Fernando cuando dice que Chico y Rita «es un flechazo» mutuo, colectivo. Tanto él como Javier Mariscal y su hermano y compañero en este proyecto, Tono Errando —los tres punteros del propósito fílmico—, han reciprocado amor por la melodía nuestra y, sobre todo, por Cuba.

«Es una época muy bonita y ubicar la historia ahí se debe mucho a la inspiración de una persona como Bebo Valdés —quien tiene a su cargo la banda sonora. Es también un homenaje a su generación», señala Trueba, quien asegura que aderezar el guión fue el resultado de un alto proceso creativo.

 

Así se nos presenta a Chico Valdés, quien siente que funde su alma con el piano, mientras Rita Labelle le pone corazón a todo lo que canta. Ambos se enamoran física y espiritualmente y quedan conectados además a través del arte.

El retrato de la urbe, desplegado en una representación exhaustiva de la arquitectura del período escogido, es un elemento que sorprende. Para el diseñador Javier Mariscal su estudio fue un reto difícil.

Para lograr un «panorama real» vieron un sinnúmero de fotografías, documentales, diarios y películas de la época. También consultaron, como un ejercicio eterno de veracidad, libros de historia de La Habana, a la vez que se dibujó la ciudad con su rostro actual.

Javier Mariscal descubrió en todo ello una urbe única, tan singular en sus construcciones y vías, que nos la quiso regalar desde la animación sin que perdiera la frescura. La vista del espectador encuentra una familiaridad perfecta en puntos emblemáticos como el cabaret Tropicana, el bar Dos hermanos o el Teatro Fausto.

La misma sensación regresa en los paseos visuales que se nos ofrecen de calles como Galiano y 23, para luego regocijarnos con la estampa de un solar como el de Rita. «Estuve muy metido en ello para entenderlo bien», afirma Mariscal, que manifiesta un respeto profundo por la capital antillana.

Pero el retrato se repite al reflejar la arquitectura neoyorquina de los 40 y al lograr que personajes sacados de la realidad gravitaran en el argumento.

Chano Pozo, Tito Puentes y otros artistas se entremezclan con Rita y Chico, y entre ellos median el jazz y la música como emblemas de esa unión.

Sorprende entonces que estén detrás tantos músicos.

Tono Errando apunta que las grabaciones de la melodía se realizaron en La Habana, Nueva York y Madrid. Ha definido como «un privilegio» haber podido integrar a un número de buenos artistas, entre ellos la vocalista Idania Valdés (cuya voz moldea a la Rita cantante), el joven pianista Rolando Luna y el percusionista Yaroldi Abreu. Con sus incursiones en el largometraje, a Tono no le queda la menor duda de que el potencial sonoro de Cuba es «inacabable y no cabe en una película».

 

Errando puntualiza que para darle mayor veracidad al argumento, en el caso de la actuación se hizo una filmación con actores reales. De ese modo los personajes cobraron, desde la piel de Limara Meneses, Mario Guerra y muchos otros, un realismo superior, a la vez que se lograba mayor organicidad en los movimientos de cámara.

Después de cuatro años en el proceso de producción y un costo de aproximadamente diez millones de euros, los gestores de Chico y Rita siempre pensaron que el gran reto era, como decía Fernando Trueba el lunes último en el Yara, que se exhibiera ante un cine «lleno de cubanos». España esperará por el estreno de la cinta el 25 de febrero.

Aún con la emoción de las notas de La bella cubana, de White, marcando el final, Chico y Rita se nos revela como un palpitante retrato de una época musical nuestra, una tradición que no se ha detenido en el tiempo.

Por José Dos Santos

(Fuente: http://www.prensa-latina.cu-3 de octubre de 2010)

La Habana.- Yasek Manzano ya es uno de los grandes trompetistas contemporáneos cubanos de jazz. En sus apenas 30 años de vida lleva más de tres lustros codeándose con lo mejor de la élite jazzística en su país y es reconocido por grandes de su instrumento a nivel internacional.

Surgido a la luz pública en el semillero de talentos que ha cultivado el experimentado Bobby Carcassés desde siempre, fue adquiriendo estatura propia hasta convertirse en líder, compositor y colaborador de grandes artistas.

El menciona con especial afecto a Bobby y otros músicos cubanos en ese derrotero siempre en ascenso y, entre los extranjeros, a Roy Hargrove y Wynton Marsalis, quienes con sus consejos y magisterio le ayudaron a trazar su propio camino.

A pocas horas de reencontrarse con Marsalis, a quien homenajearán hoy en los jardines del Instituto de la Música, resalta en diálogo con Prensa Latina que de él aprendió no sólo en el año y medio que fue su alumno de trompeta en el Instituto Julliard de New York, en 2001.

Recuerda que con sólo escucharlo y verlo tocar en el club habanero La zorra y el cuervo, en 1997, y sumársele a su invitación al escenario, sintió el impacto de sus enseñanzas.

“Es algo difícil de explicar -significa- porque te transmite una especie de energía, de convicción, de madurez y maestría de mucho impacto, máxime si entiendes su lenguaje musical”.

El tenía 17 años cuando formaba parte del Afrojazz de Carcassés e integró el “jam session” o descarga organizada para agasajar al visitante. Desde aquel momento, considera, “comencé a tocar diferente”.

Wynton Marsalis, asegura, es una especie de “fuente de sabiduría” matizada de “honestidad, sinceridad y trascendencia. Sus mensajes nacen del corazón, enraizado en su natal New Orleáns, aunque con una visión contemporánea.

Y a su juicio, esas certeras flechas sonoras resultan más impactantes cuando toca “blues”.

Manzano resalta el amor de ese tutor por la música cubana, coincidiendo con juicios de Carcassés. Mientras se encontraron en New York, le pedía que le explicara la improvisación en nuestra música y se declaraba admirador de un trompetista llamado “Florecita”, que tocaba en una grabación que tenía de una agrupación tradicional cubana.

Desde entonces, Marsalis le habló al joven trompetista cubano de su interés de volver a la isla en compañía de la banda de jazz del Lincoln Center, que fundara y dirige. Ahora hace realidad ese deseo.

Manzano explica que hay muchos puntos comunes entre la música de nuestro país y la de New Orleáns, cuna de los Marsalis: “frases en la bandas populares cubanas que se semejan a las de allá”.

Son como “vecinos que coincidimos en el surgimiento y que luego cada uno asume sus propias características”

Y pone de ejemplo al gran Louis Armstrong y nuestro inolvidable Chapotín, cuya síncopa y forma jaranera de asumir el fenómeno musical son tan parecidas.

A Wynton le agradece sus consejos de cómo explorar y explotar al máximo la trompeta, “los matices del sonido suave” o “sutilezas del sonido”, que le transformaron su forma de tocar.

Aunque también reconoce en Roy Hargrove una influencia importante en el tratamiento de agudos y sus interpretaciones fuertes, a ser osado y disfrutar de la libertad improvisadora que ofrece el jazz.

Ambos, pero en especial Marsalis por su larga temporada juntos, le ayudaron a ampliar su visión sonora. Este último, adicionalmente, le indujo a incursionar en el mundo clásico.

Ahora espera poder mostrarle al maestro los progresos alcanzados en esta década, cuando toque con la gran banda que dirigirá Joaquín Betancourt en el homenaje que le rendirá Cubadisco al distinguido visitante.

De algo está seguro: sus enseñanzas, como las de Bobby, Roy y otros muchos, continuarán ayudándolo a seguir superándose y animándole en sus búsquedas de un mensaje musical cada vez superior.

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