musica cubana


Con este título la periodista cubana Yeneily García García nos presenta una entrevista a Ernán López-Nussa quien el día de ayer recibió el premio en el Hotel Nacional de Cuba.  “Sacrilegio es uno de los últimos trabajos, que no es más que una intervención a la música clásica, que  ha sido mi formación, la música que he tocado toda la vida. Es un resumen de lo que es mi vida: el paralelismo entre la música popular y la clásica.” expresó el pianista a la periodista.

Es interesante destacar que adiferencia de otros eventos, en muchas ocasiones se premia producciones que aún no están distrubuyendose en el mercado. Habrá que esperar la salida de esta producción y disfrutarla.

Lee la nota completa

Ernán López-Nussa, ganador del Cubadisco 2014. Foto: Cuba Debate

El pianista Ernán López-Nussa se alzó hoy con el Gran Premio de la XVIII Feria Internacional Cubadisco 2014 por el álbum Sacrilegio, producción de Colibrí que hace un recorrido por la creación musical clásica y popular. Este disco doble (Rondó y Molto vivo), acompañado de un DVD, propone versiones de compositores como Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven, Ernesto Lecuona e Ignacio Cervantes, entre otros. Además el material se llevó el reconocimiento en los apartados de Antología de Versiones, Grabación, CD-DVD y Jazz, según se dio a conocer en la gala de premiaciones efectuada en el Hotel Nacional de Cuba.

El gran premio le fue otorgado al pianista Ernán López-Nussa por el CD-DVD “Sacrilegio”, del sello discográfico Colibrí. Foto. Marianela Dufflar/Cubadebate

 

Este año el inmenso Bola de Nieve cumpliría 100 años. Esperemos que toda América lo conmemore. A manera de homenaje he aquí un hermoso texto escrito en un diario argentino. Y bueno, vale la pena volver a escuchar “Vete de Mí” en la voz de Bola…

Por: Juan Sasturain

Fuente: www.pagina12.com.ar, 21/02/2011

“Yo soy negro social / intelectual / y chic”

Mesié Julián, de Armando Orefiche, por Bola de Nieve.

Este es (debería ser) el Año de Bola de Nieve. Y si nadie lo celebra, lo haremos nosotros, los admiradores del impagable, aunque sea con pretextos de almanaque. Es que el negro Ignacio Jacinto Villa Fernández nació, apenas al Este de La Habana, en Guanabacoa –de donde también eran otros dos coetáneos pesos pesados de la música cubana que mucho tuvieron que ver con él: el blanco Ernesto Lecuona y la mulata Rita Montaner, “La Unica”– el 11 de septiembre de 1911. Así, este año van a hacer cien que se despidió provisoriamente del vientre de Inés Fernández (la Mamá Inés de la canción) y cuarenta que murió, con sesenta apenas cumplidos, en México, en tránsito hacia Lima y al encuentro de su amiga Chabuca Granda, el 2 de octubre de 1971.

Si no fuera por eso –por los recurrentes aniversarios, digo– bastaría volver a frecuentar tres o cuatro temas suyos en piano exacto y voz quebrada para celebrarlo. “Vito Manué”, por ejemplo, o “No puedo ser feliz” o “Be carefull”, “It’s my heart”. Alcanzarían para mostrar la amplitud de registro, la invariable excelencia. El genio, en suma.

Tal vez me equivoque, pero creo que quien me hizo escuchar por primera vez al gordo negrazo e irrepetible fue el peruano (también irrepetible) Hugo Guerrero Marthineitz, en El Show del Minuto por Radio Belgrano, que empezó en el ’67 y duró un rato, hasta principios de los setenta. Es que por esa época salió un disco de Bola de Nieve en Buenos Aires –en Cornamusa o Trova, creo recordar, y que debe haber sido el primero– con hermosa tapa de Sábat. Y esos temas, supongo, debería pasar el peruano entre comentarios admirativos con voz grave y habitual risa cómplice con ronquidos incorporados.

Contar la biografía de Bola de Nieve, la historia muchas veces contada de su apodo irónico y políticamente incorrecto –era “negro como un teléfono” (sic)–, reseñar sus más de cuarenta años de actuación profesional –desde ponerles piano a las películas mudas apenas salido de la adolescencia a fines de los años veinte hasta la fama última, de cubano universal–; puntualizar su cultura amplia y rigurosa; hacer un paneo exhaustivo del intrincado, subrayado itinerario de sus viajes por literalmente todo el mundo (de EE. UU. y Europa, a Chile; de México a Moscú y Pyonyang parando en todas); o recorrer su repertorio tan cubano como versátil en media docena de lenguas, es pisarse con lo que cualquiera encuentra/encontramos en Google & Co. Mejor, detenerse en algunos detalles, puntas motivadoras.

Por ejemplo: Ignacio Villa, a la hora de la discriminación, tenía todos los números: negro, gordo, homosexual y artísticamente extraño, original sin abuela. Para vivir y sobrevivir, puede decirse que, en todos los sentidos y aspectos, se inventó de una pieza, clase de uno. Construyó sabia y dolorosamente un personaje único, coherente y sin fisuras en el que la singularidad era rutina. Seducción lúcida, sonrisa perpetua y rigor profesional. Elegancia impecable y pudor de su privacidad. Todo lo que se puede ver y sentir o equívocamente intuir de Bola de Nieve está en sus canciones. Que son, por apropiación genuina de intérprete (en sentido literal), siempre suyas, incluso las que firma Irving Berlín, canta Edith Piaf, componen Nicolás Guillén-Eliseo Grenet o sueñan nuestros hermanos Expósito.

En otro orden, interesante para nosotros, es curioso corroborar –una desmañada pero completa biografía artística de Ramón Fajardo Estrada lo puntualiza– cuánto tiempo (cuántos años) estuvo Bola de Nieve en la Argentina actuando en radio, teatro y cine. Hay por lo menos dos estadías prolongadas, a mediados de los treinta y a principios de los cuarenta, durante la guerra, con Ernesto Lecuona y sus diferentes compañías, pero también solo. Existe una foto de 1940, posando a caballo y disfrazado de gaucho en Bahía Blanca, por ejemplo.

Después están las cuestiones siempre polémicas vinculadas con su actitud durante los últimos años de su vida, que fueron los de la primera década de la Revolución: Bola de Nieve, artista famoso, cómodo y bien pagado en el mundo, pudiendo haberse ido se quedó en Cuba y adhirió, sin énfasis (acaso con reservas) pero sin ambages, al nuevo y a menudo incómodo orden. Y fue uno de sus embajadores culturales por el mundo hasta el final.

Para algunos, no todo es transparente. En momentos en que recrudecía el rigor persecutorio contra artistas y escritores homosexuales –con el pretexto, además, de ser más o menos disidentes–, él resultó indemne y nunca se manifestó. Ese largo y oscuro período de humillaciones y vergüenzas está en saludable pero aún incompleta revisión. El amplio arco de casos, que va de los notorios Lezama Lima y Virgilio Piñera hasta el trágico Reynaldo Arenas, no incluye a Bola de Nieve, blanco móvil, sabio negro esquivo, ubicuo sobreviviente. Vale la pena leer las diatribas del desmadrado autor de Antes de que anochezca –“Bola de Nieve era el calesero del Partido Comunista”– o aquella exclamación cuasi despectiva de Piñera tras oírle una declaración de adhesión entusiasta al régimen: “¿Pero quién se cree este negro, la viuda de Robespierre?”. La polémica, en la que todos –quien más quien menos– resultaron salpicados, sigue ahí.

Lo que también, y sobre todo, sigue ahí como el primer día, son las canciones de Bola de Nieve. Y hay, entre tantas, una que elegiríamos a ciegas y para siempre del repertorio universal contemporáneo: “Vete de mí”, un bolero que compusieron –entre tango y tango– los talentosísimos Homero y Virgilio Expósito en 1946. Bola de Nieve lo incorporó tarde a su repertorio, en 1960, cuando ya había sido larga y correctamente grabado por Yanés y la Guillot y tantos otros, incluso Manzanero, después. Y lo hizo de nuevo, lo inventó con su voz quebrada de vendedor callejero de mango.

“Vete de mí” (“Seré en tu vida lo mejor/de la neblina del ayer/cuando me llegues a olvidar/Porque es mejor el verso aquél/que no podemos recordar”) dura dos minutos trece segundos. Gracias a cosas como ésta, escuchar a Bola de Nieve sigue siendo una experiencia definitiva.

 

Aquí una critica sobre la película “Chico y Rita”. Saludos…

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es (04.03.2011)

Es imposible tararear la sinfonía musical animada compuesta por Trueba y Mariscal sin detenerse a recordar la entrañable, soleada y cálida celebración en 2D de la cultura y ritmos afrocubanos dibujada por Juan Padrón en 1985. ‘Vampiros en La Habana’, pinceles y música, Juan Padrón y Arturo Sandoval, una obra de culto de la que beben sin pretenderlo, o puede que no, un guionista y cinéfilo como Fernando Trueba y el genial diseñador catalán, que ha hecho bailar los trazos rotoscopiados del malecón habanero al son de los arreglos del pianista enamorado de Rita.

Bebo Valdés es el alma de ‘Chico y Rita’, su música; Mariscal, el mago que recrea un pasado de cine negro musical rodado en Technicolor; y Trueba, el escritor que funde en un guión las historias de mil y un músicos que emigraron a Europa y EE UU desde La Habana cuando sus vidas se torcieron en Cuba. Trueba salda puntualmente las deudas pendientes en su memoria homenajeando al cine americano de los 40 y 50, en el que brillaban Billy Wilder y Michael Curtiz; o recordando los pasos con los que Staney Donen bañaba las pantallas en las que Debbie Reynolds y Gene Kelly bailaban a dúo; el pero es que todo lo que ‘Chico y Rita’ evoca desde la distancia a la que se filman los planos medios y generales se disuelve cuando la cámara encara a los protagonistas.

Los diseños de Mariscal tienen truco: actores, localizaciones y objetos reales soportan el peso de los dibujos; y ésa, que es una de las brillantes aportaciones de Toni Errando al proceso de filmación del bolero animado, también juega en contra de la narración porque son incapaces de imitar las conexiones emocionales que se establecen entre los trazos de naturaleza abstracta y el público. No obstante, sobran motivos para disfrutar de este hermoso y conmovedor retorno al pasado de la época dorada del jazz latino-norteamericano, en el que dos melómanos privilegiados siluetean a Charlie Parker o Josephine Baker mientras suena en la sala la mejor de las bandas sonoras posibles.

 

Más de “Chico y Rita”. He aquí un extracto  de la entrevista al cineasta español Fernando Trueba sobre su película animada “Chico y Rita”. Además, le aconsejamos revisar la web oficial en español que contiene datos muy relevantes sobre la película.

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es, 14.03.2011

Tiene 56 años, un Oscar, dos Goyas y cinco Grammys. Fernando Trueba esconde sus trofeos entre el maremágnum de discos, libros y DVD de su estudio madrileño, presidido por dos grandes lienzos de Manny Farber, el crítico-pintor que contrapuso el concepto de ‘arte elefante blanco’ -la cultura del oropel- frente al ‘arte termita’, el cine de los pequeños detalles y del instante. En un sitio de honor, fotos de dos de sus dioses paganos: Billy Wilder y el maestro Azcona.

Trueba ha unido sus sueños a los del diseñador español más internacional, Javier Mariscal, en una maravillosa historia de amor inspirada en Bebo Valdés a ritmo de jazz. ‘Chico & Rita’ (Ver Web Oficial en español) retrata una Cuba mítica y un Nueva York de finales de los 40 que solo existe en la memoria cinéfila. Una avasalladora cinta de animación que llega este viernes a los cines y que, en pleno debate sobre la frágil salud del cine español, supone un deslumbrante ejemplo de talento y emoción.

– ‘Chico & Rita’ es una invitación a soñar.

Yo siempre he creído que el cine es un sueño. No en vano, los surrealistas fueron los primeros que entendieron el cine y vieron sus posibilidades. Una película realista es mentira, es un sueño que se pretende realista. Tengo amigos inteligentes que cuando ven una película de problemática social, como son de izquierdas, dicen que es buena. Y el tema no la hace buena. Monicelli contaba que las películas del neorrealismo eran falsas, los obreros no hablaban así.

– ‘Chico & Rita’ pasa por encima de cambios políticos y muestra una Cuba y un Nueva York soñados. ¿Qué significa Cuba para usted?

Un país lleno de talento donde notas el orgullo de ser español. Bebo me dice que es asturiano; Cachao presumía de andaluz; Frank Emilio se tenía por sevillano y como era ciego te hablaba del olor a azahar… Cuba era una colonia más rica que la metrópoli, los pobres íbamos allí a hacer las Américas. Tenían una sociedad civil tremenda: arquitectos, poetas, músicos, médicos… Al margen de las vicisitudes políticas, no se la puede mirar con paternalismo, nos pueden dar capones. Pero también estoy empapado de América, ¿eh? No me veo sin Gershwin, Fitzgerald, Bashevis Singer,Salinger…

– La vida de Chico se inspira en la de Bebo Valdés.

Hay detalles biográficos, como cuando le acusaron de tocar jazz, música imperialista, del enemigo. Cuando se dio cuenta de que no podía tocar a Gershwin o Jerome Kern supo que no merecía la pena vivir allí. Ahora vive en Málaga. Alquilé un cine para que viera la película. Cada vez que entraba la música la dirigía con los brazos. Fue como llevar a un niño al parque de atracciones. 92 años y es la única vez que le he visto llorar.

– Si hace años le dicen que iba a hacer un filme de dibujos animados…

Nunca me lo hubiera imaginado. Mis amigos me dicen que siempre acabo haciendo aquello de lo que he renegado. No iba a conducir y conduzco, no iba a hablar inglés y lo hablo por los codos… Siempre me contradigo en todo.


MUSICAL | ‘Bésame mucho, el musical de las pasiones’

Por: Mª Jesús Hernández

Fuente: Diario El Mundo, 10/03/2011

Creció en un patio de artistas. En uno de esos rinconcitos de La Habana que se graba en las retinas. Su abuelo era uno de esos cantantes enigmáticos de boleros, íntimo de Fidel y con ritmo propio en el registro cubano. Su carta de presentación no tiene desperdicio, pero Yolena Alonso, nieta de Pacho Alonso e hija de Pachito Alonso, quería su parte. Bailarina y coreógrafa, se lanzó al mundo de los musicales y tras ‘Viva Cuba’, ‘Mambo Club’ o ‘La Habanera’, llega a los Teatros del Canal ‘Bésame mucho, el musical de las pasiones’.

Herencias a un lado, toda ella es ritmo y calor cubano. Un calor que pretende transmitir en este espectáculo: “Es un musical para un público que desee disfrutar de un ratito desenfadado, estimulante y pasional”. Y en el punto de mira, un gran homenajeado: el bolero. Con arreglos más contemporáneos —ritmos latinos como la bachata, el reggaeton, hip-hop, rap, salsa o pop—, Yolena ha querido rendirse a los pies de este género, aquí en su cuna, España.

30 artistas, entre bailarines, músicos, actores y cantantes, todos jóvenes con una fuerza y una energía “que te sube la fiebre”. “Hemos venido de Barcelona y allí, que el público es un poco más frío, se movió. Aquí en Madrid va a ser un escándalo”, vaticina.

Con una historia de amor de fondo, de esas con final feliz, Yolena trae la esquinita de un barrio de La Habana, “de los que molan”, a Madrid. El trasfondo: los problemas de la juventud cubana. “Mostramos unas vivencias que son reales. Queremos homenajear a los jóvenes, mostrar su día a día. Qué proyectan, qué ambiciones tienen… lo que en los medios de comunicación no se habla, no se toca, no se señala”, explica la coreógrafa y directora de la compañía de danza Yoldance Showproductions.

Los boleros ‘Perfidia’, ‘Quizás, quizás’, ‘Toda una vida’, ‘Solamente una vez’ o ‘Contigo aprendí’ harán levantar de sus butacas a los espectadores. Y lo harán envueltos en una maraña de ritmos, entre ellos ‘el Pilón’, creación de Pacho Alonso. Cuenta Yolena que cuando los Beatles se convertían en ídolos de masas, “Fidel le dijo a mi abuelo que hiciera algo y de ahí surgió el ritmo ‘Pilón’. Logrando así que el rock se fuera de la isla, o por lo menos no eclipsara como en el resto del mundo”.

En este sentido, Yolena siente que “la industria discográfica y musical en cuba se ha paralizado. Hay muchos ritmos conocidos, pero éste sólo lo conocen los aficionados a la musica cubana”, se lamenta.

Tras formarse en danza contemporánea puso rumbo a Alemania con los musicales en mente. Una vez allí, lo tuvo claro. “Logré identificarme con este género y apostar por él”. Su objetivo: “Convertirme en productora cubana de musicales vanguardistas”. Vive a caballo entre Cuba, Alemania y España, pero todas sus proyecciones se gestan en Cuba. “Todo el espacio creativo lo hago allá. Yo me cojo mi solecito y me pongo a escribir. En Alemania lo que hago es la organización logística y productiva, la parte empresarial. Cuba es el termómetro. Como artista, yo tengo un compromiso con mi público, mi país. Y es allí donde lo estreno siempre”, aclara.

Pero, ¿qué tiene Cuba? “Cuba es especial, diferente. Está entre el sol, entre la gente, entre la cultura, llegas ahí y te infectas al momento. Sólo piensas cuándo vas a volver”.

Fernando Trueba acaba de ganar un Goya, junto a Javier Mariscal, por ‘Chico y Rita’, la primera película de animación para ambos y un hito artístico en los dibujos para adultos en España

Por: Sara Brito

Fuente: www.publico.es, 25/02/2011

La casa de los juegos de Fernando Trueba (Madrid, 1955) está al fondo de su jardín. Es una sala clara, abarrotada de libros, discos (de jazz, en especial) y películas, además de unas cuantas fotografías como esa de Rafael Azcona, que tiene en la estantería detrás de su despacho. Después de 14 películas, cuatro premios Goya y un Oscar, Trueba se ha lanzado a una aventura nueva, que, dice, le ha abierto un mundo entero al que piensa regresar. Chico y Rita es su primera película de animación, surgida de las ganas de trabajar con su amigo el diseñador y dibujante Xavier Mariscal, con quien hace nueve años había colaborado en la aventura del disco doble Calle 54. Ahora juntos, y después de seis años de trabajo y un Goya recién ganado, estrenan hoy Chico y Rita, su primer largometraje de animación juntos, un homenaje a los músicos de Cuba y de Nueva York de los cincuenta, con la cadencia y el latido de un bolero y la irreverencia y sensualidad del dibujo de Mariscal.

¿Era su intención inicial hacer una película tan sensual?

Sí. Hay mucha sensualidad. Quizá tiene una sensualidad especial por la plástica, no necesariamente por las escenas o lo que le pasa a los personajes. Incluso en cómo está dibujada Cuba. La Cuba de los cincuenta tenía eso. Y luego están estos personajes tan guapos y tan queribles.

¿Cómo se concibió el proyecto?

“Los dibujos de Mariscal dan una alegría contagiosa por la vida”

Xavi y yo llevábamos hablando de hacer algo juntos desde hace años, de hacer una película. Él siempre me decía que no había hecho un largo porque los guiones que le habían ofrecido no eran tan buenos para la cantidad de trabajo que una película de animación requiere. Me decía que en España no se hacen buenos guiones de animación. Y me retaba a que escribiera uno, pero no acababa de convencerme. Hasta que un día vi en su estudio el videoclip de Compay Segundo, de La negra Tomasa, que había hecho. Era muy simple, pero al ver La Habana dibujada por él me imaginé lo que podíamos hacer.

¿Qué les une?

Lo que nos había unido en trabajos anteriores era el amor por la música latina, el jazz El clip, como te digo, era elemental. Pero se me enciende una luz: ¿cómo sería una película en estas calles, dibujadas por Xavi?

¿Qué aporta la forma de dibujar de Mariscala La Habana?

A mí todo lo que dibuja Mariscal me produce buen rollo, una especie de alegría contagiosa, de sensualidad mezclada con una sonrisa de amor a la vida, a los cuerpos, a la música. Y a la vez es divertido, no hay solemnidad en su dibujo, no es un arte que se mire a sí mismo diciendo ¡ay qué bueno soy! Es como un juego, es como un baile. Es como la música cubana.

Ustedes ya habían colaborado en la aventura de Calle 54′.

Sí, claro. Habíamos hecho ya el disco de Calle 54 que él diseñó, y nos salió solo. Cuando nos pusimos con la película fue igual, todo fue saliendo rodado. Las cosas fueron surgiendo solas: lo hacemos en Cuba, que sean músicos los personajes, y ya que tenemos a Bebo [Valdés], por qué no es un pianista el protagonista y así cada vez que suena el piano es Bebo quien toca. Así fue saliendo, pero el origen de la película está en las ganas de hacer algo con Mariscal.

Pero quien se encarga del guión es Ignacio Martínez de Pisón. ¿Cómo trabaja con él?

El guión es mío y de Martínez de Pisón o de Martínez de Pisón y mío. En realidad, yo llamo a Ignacio y le doy una historia. Le cuento que son Chico y Rita, que son músicos, que se conocen y se enamoran a finales de los años cuarenta en La Habana. Él va haciendo unas primeras versiones, que voy leyendo y a las que voy aportando cosas. A mí me gusta trabajar con otros, es más divertido. Yo estaba liado con El milagro de Candeal y otros proyectos y le pedí a Martínez de Pisón que diera forma a la película. Ignacio es muy buen escritor. Sabe qué es un guión, es amigo y él antes de ser escritor quiso ser guionista. Y sabe tratar los sentimientos y escribir de época.

Es una película de sentimientos, y la música funciona como la manifestación de esos sentimientos, ¿eran las emociones lo más importante?

Sí, porque cuando hablamos de qué queríamos hacer me di cuenta de que Xavi es un loco de los boleros. Está siempre cantándolos y se los inventa. Siempre son medio porno, como él es valenciano siempre mete tetas y culos. Es muy gracioso. Entonces la idea fue hacer esto como si fuera un bolero, dándole esa estructura. Ese tono que tiene el bolero que te cuenta una historia de amor, en la que ella te deja y sufres mucho. Un bolero de hora y media. Y de ahí, el leitmotiv que es la canción que Chico compone para Rita. Es el subtexto que recorre la película y la metáfora de la historia.

¿Quién compone esa canción?

Buscamos entre boleros de Bebo y me pareció que era el más cinematográfico. Se llamaba Amaira originalmente, y se lo había dedicado a su hija. Él hizo arreglos nuevos y se hicieron muchas versiones hasta que se llegó a la definitiva. Se hizo hasta una letra nueva con Juanito Márquez, que es un clásico de la música cubana.

¿Chico es Bebo?

Chico es Bebo en cuanto a que es la música de Bebo, cuando suena el piano es Bebo quien toca y Xavi se ha inspirado físicamente en él de joven. Pero luego las historias de Chico y de Bebo son muy diferentes.

La película combina dos cosas que le apasionan: el latin jazz y una película de estructura clásica.

Sí, por dos razones. Porque me parece que si estás hablando de los cuarenta y los cincuenta no le vas a meter una narración contemporánea. Y creo que a la historia le iba ese tipo de tratamiento de cine clásico. Por otra parte, con el dibujo de Xavi, que es tan colorido y tan sensual, iba a crear un contraste muy bueno. No queríamos llevar ese punto un poco anárquico del dibujo al argumento.

¿Chico es un perdedor?

Es un músico. Y un músico cuando es íntegro, sabe que hay un triunfo fácil por otro camino. No considero a ningún músico de jazz un triunfador ni a los que tienen éxito, que son cuatro. Porque siempre es un éxito relativo.

Retratan un contexto político y cultural de forma sutil pero efectiva. ¿Hasta dónde querían llegar con la fidelidad?

No puedes contar la historia de los músicos de color sin tener en cuenta el contexto de discriminación en EEUU en los cincuenta. Como no puedes tratar a La Habana de la misma época como si fuera un decorado. Creo que lo hemos tocado en su justa medida, sin pretender hacer una película política. Por otra parte, en el desarrollo musical, decidimos usar anécdotas reales como la muerte de Chano Pozo en Nueva York. Pero también hemos jugado con la ficción, como cuando Chico va a una jam y está tocando Charlie Parker. Lo puede disfrutar una persona que no sepa de jazz y es un guiño al entendido.

¿Cómo fue el proceso de dirección?

Aparte de coescribir el guión, me senté durante meses con un dibujante realista, al que le iba haciendo monigotes de cada plano y de cada movimiento de cámara para hacer un primer storyboard que Xavi entendiera para dibujar. Eso lo montamos y le pusimos voces y músicas provisionales. Ese montaje es el primer esbozo de la película. Luego se hace otro que tiene ya el estilo. Ahí los personajes ya están creados por Xavi. El siguiente paso fue rodar con actores cubanos en la escuela de San Antonio de los Baños, pero no para hacer un proceso de rotoscopia [dibujar sobre un fílmico original], sino para fijarnos en las expresiones y movimientos. Por ejemplo, cuando Rita baila queríamos que fuera tal y como bailaban los cubanos de los cincuenta. Por eso fuimos a rodar a la asociación de bailarines de Santa Amalia, de edades entre los 75 y los 80 años.

¿Qué libertades le ha dado dirigir un filme de animación?

Ese es el gran descubrimiento de Chico y Rita y por eso quiero dirigir más. Te abre a otras cosas, es como cuando aprendes un idioma nuevo, hay una serie de nuevos países que puedes visitar, gente con lo que puedes hablar y libros que puedes leer. Esto es un idioma. Este es un país al que puedo ir y al que antes no podía. Me gusta esto de la animación para adultos. Es mucho más arriesgado. Los padres siempre necesitan llevar a sus hijos a películas para niños, así que los que hacen animación infantil juegan con una red. En la animación para adultos el riesgo es 100%.

Página siguiente »