CD


Diez preguntas > a  Yusa

Por: Laura Rosso
Fuente: Página/12 (10.Diciembre.2010)

1. ¿De dónde salieron tus primeras canciones? ¿Qué te inspiró a escribirlas?

–La primera de todas fue “Mares de inocencia”, que la hice mientras estaba estudiando en el Instituto Superior de Arte, cuando estaba en la pura efervescencia de la juventud y donde me codeaba con estudiantes del área de plástica, danza, teatro, música, historia del arte y cine; en fin, un mundo maravilloso en el que era imposible estar ajeno a la creación. Eso, por una parte, y por la otra, le debo el empujón a Domingo Candelario, un gran amigo que me mostró un modo de decir que se ajustaba mucho con mi modo de ser. Desde entonces, los estímulos llegan a mí de todas partes, y por esas canciones logran salvarme la vida. Como diría un gran compositor cubano de mi generación: “un bolero que te salve la vida, un bolero que te cure la herida”.

2. ¿Cuándo se encendió el deseo de escribir y cantar?

–Lo de cantar siempre estuvo en mí, pues al estudiar guitarra solía ponerme a sacar canciones de los trovadores cubanos. Por ejemplo, cuando tenía seis años, mi mamá me pagaba un profesor particular que fue quien me mostró un vasto repertorio tradicional y popular de Cuba y extranjero. Entonces, en las fiestas familiares, siempre me pedían que cantara una de esas canciones aprendidas. Luego fui una de las compositoras y arreglistas de varias bandas de las que fui miembro. El día que empiezas, no paras más.

3. ¿Qué diferencia a la música respecto de otras artes?

–Cada arte tiene sus virtudes, pero en el caso de la música tiene la ventaja de ser una de las artes que históricamente ha hermanado a la gente sin importar fronteras ni credos. Eso pasa también con las demás artes, pero hay un detalle importante y ese es el sonido que nos acompaña siempre; eso te hace escuchar de otra manera, sobre todo si esos sonidos salen de una voz y vienen ligados a un pensamiento común y al mismo tiempo no tienes que estar de acuerdo, lo que ha sido vital para el desarrollo de los movimientos culturales de las naciones. Evidentemente la música es otro sentido que cala en las personas y tiene su propia vida. No puedes controlar su curso y siempre llega.

4. ¿De qué te ha servido la música?

–A través de la música he conocido culturas increíbles y su gente. Creo que me ha servido más de lo que pudiera decirte. Con la música pude convertir en canción mis ideas, alegrías y tristezas, y sobre todo ha tenido utilidad para el que la escucha. Alguna de mis canciones sirvió para enamorar a otros. ¿Qué más se puede pedir?

5. ¿Qué fue lo mejor que te pasó sobre un escenario?

–Lo mejor es siempre poder llegar al final del concierto y ver que hubo una utilidad, y que desde el público salga una vocecita de un niño que te grita: “te amo”. ¡Muero de amor!

6. ¿Y lo peor?

–Hasta ahora creo que esta es la más terrible: llegué a Chile directo del aeropuerto a una prueba de sonido rápida, pues el concierto comenzaba en una hora. Comienzo a sacar mis instrumentos para montarlos en el escenario y cuando abrí el estuche del bajo vi que estaba quebrado en el brazo; ese día me bajó hasta la presión. ¡Qué mal rato! Por suerte, apareció un músico que me trajo un bajo fantástico con el que pude hacer ese concierto. ¡Tremendo ese día!

7) ¿Qué te gusta transmitir de tu país en tus shows, en las giras?

–La necesidad de ser una fuerza mayor cuando estamos juntos. Me encanta narrar mi realidad, que sientan ese olor a mar que nos arrulla y suena en tambores batá para recordar a nuestros ancestros. Y sobre todo esa confianza de saber que ese día somos infalibles.

8) ¿Cómo y dónde seguís aprendiendo/estudiando?

–Aprendo todos los días y eso algo totalmente atemporal. En estos momentos estoy estudiando los géneros musicales latinoamericanos y del mundo. El conocimiento siempre que pueda ser útil es bueno tenerlo. La vida sigue adelante y siempre algo nuevo te enseña. Lo aprendés aunque no quieras.

9) ¿Tenés cábalas o ritos antes de salir al escenario?

–Lo que tengo son unos nervios tremendos y una tensión por que todo esté en orden que no puedo pensar en nada más. Eso me sucede antes de salir. Aunque siempre trato de mantenerme combativa y enérgica. Sólo doy las gracias porque justo haré lo que más disfruto hacer: música.

10) ¿Tres deseos?

–Quisiera ser madre en algún momento.

– No perder nunca mi necesidad de ser mejor, que lo da el hecho de estar abierta al diálogo y el respeto por el otro.

-Deseo que mi país se pueda desprender de sus ataduras externas e internas (que son las más dañinas) para que de una vez su gente pueda disfrutar de la libertad de elegir y cambiar para un futuro mejor.

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Fuente: http://www.cubadebate.cu
18.09.2010

Beat Cubano y Trabuco una vez más, son los títulos de las producciones discográficas pertenecientes a Manolito Simonet y su Trabuco, presentadas a la prensa por el sello Bis Music, en el Palacio de la Rumba el viernes 17 de septiembre.

Ambos discos, grabados en el año 2009, responden a la necesidad de Manolito Simonet, pianista, compositor y arreglista, de exponer todo su arsenal musical, constituido no solo por la academia y su quehacer dentro de la música popular cubana, sino también por la agudeza armónica y melódica con la que interpreta géneros que aunque no asume de manera cotidiana, si cultiva de la misma manera en que forman parte de su mundo interior.

En el caso de Beat Cubano, Manolito revela sus cualidades como jazzista, se une a reconocidos músicos y arreglistas como Emilio Vega, Germán Velazco y Miguel Ángel de Armas (Pan con Salsa) y alcanza una maestría interpretativa, a la que se suman los músicos que integran el Trabuco, como prueba de su versatilidad.

Beat Cubano posee una sonoridad de la cual el maestro Chucho Valdés, quien también aparece como invitado especial en el fonograma asevera: “…esto que están haciendo es novedoso, no lo había oído antes, si se hizo antes, no lo escuché, pero algo como esto en realidad es primera vez que lo oigo”.

Diez temas conforman la propuesta que dejará sorprendidos a los bailadores y seguidores del Trabuco, pues desde “A flautazo limpio” de la autoría y arreglos del saxofonista, productor musical y flautista Germán Velazco, al que se unen en solos de flauta figuras de la talla de Orlando Valle “Maracas“, José Luis Cortés “El Tosco” y David Bencomo quienes inician el disco, incluyendo Timbalía del pianista Emilio Vega o ¿Güines, que le pasa a Tata? en el que participa como invitado el grupo Rumbatá de Camagüey llegando a “Bésame mucho” de Consuelo Velásquez, que concluye el fonograma, interpretado magistralmente por Chucho Valdés, la grabación va in crecendo hasta conmovernos, precisamente por la calidad y altos valores didácticos que posee para músicos, especialistas y público en general.

Diversidad de géneros en la que una rumba, un mambo, una canción, un danzón, un instrumental o un standar Jazz son interpretados con rigurosidad, respetando a autores como Walter Groos y Jack Lawrence, Sergio Mihanovich, Germán Velazco, Emilio Vega, Miguel Ángel de Armas y el propio Manolito, conforman la variedad de este disco, sin perder el concepto de los arreglos y el sentido de lo contemporáneo. Lo mismo ocurre en cada solo, ya sea de piano, de bajo, de trompeta, en el que cada músico deja al descubierto su talento y se entrega a la magia de la armonía, mostrando lo mejor de si, en función de la obra que interpreta.

Este disco presenta un trabajo depurado, en el que todos los que participan rinden tributo a la música y dejan que ella sea la protagonista. Es ese el principal logro y acertado concepto de este disco, donde disfrutar al interpretar cada tema con extrema delicadeza, le hace alcanzar alturas estéticas que serán historia dentro del ámbito discográfico cubano, perteneciente a la primera década de este siglo.

En “Trabuco una vez más”, otro de los discos presentados por Bis Music en la tarde de este viernes, la orquesta de Simonet, que ya cumple 17 años de fundada, hace gala de la experiencia adquirida en sus conciertos en vivo. Es justo por lo anterior, unido al rigor y la madurez que caracteriza a esta agrupación en la escena nacional e internacional, que lo popular y bailable sean aspectos motivadores en la obra que presentan. Por ello, también resulta un homenaje a quienes les han seguido durante estos años.

Invitados de lujo que con acierto se insertan a la sonoridad característica del Trabuco son sin dudas: José Manuel Lugo, pianista de Gilberto Santarosa, quien interpreta un solo de piano memorable en “Santiago de Cuba”, tema donde se fusiona al Trabuco dejando que fluya la música como centro de sentimientos y el resultado melódico es un digno homenaje a la cuna del Son.

Músicos de prestigio como el saxofonista Germán Velazco, Osmani Chaulin, José Luis Hernández, Saxo Tenor, Alfred Thompsom, Saxo Alto y Raúl Verdecia en la guitarra, forman parte de la nómina de invitados a este fonograma. A ellos se suma el popular intérprete, compositor y director de “La Elite”, Paulo Fernández Gallo quien se une a Ricardo Amaray para cantar “Mi filosofía”, tema que ocupa los primero lugares del hit parade de la radio nacional. David Blanco, joven músico, intérprete y compositor quien además de ser un cultivador de la música pop, rock y fusión, ha incursionado, versionado y defendido a los clásicos de la música popular cubana, participa también en este fonograma en el que asume el bolero “Llanto de Luna”, dejando su impronta interpretativa y demostrando su versatilidad.

Entre los autores de los trece temas que tributan a la calidad de “Trabuco una vez más”, se encuentra como es habitual Ricardo Amaray, quien desde hace varios años además de líder vocal del Trabuco conforma un binomio con Manolito Simonet que engrandece la obra de ambos. Por ello, muestran su fortaleza en tres temas Palabras, Pídele y Te invito a Cuba.

Amaray es además el compositor de tres de los temas que integran el disco. El propio Simonet también asume como autor cuatro temas y los restantes pertenecen a la autoría de Marvin Freddy Fenty, Mauricio Díaz y Julio Gutiérrez.

Arreglos novedosos que desprenden la cadencia y los ritmos cubanos contemporáneos sin perder las raíces, donde la fusión asume un rol importante pero el protagonista sigue siendo el Son, resultan ser atractivos de este disco que fortalece el sello sonoro que distingue a Manolito Simonet y su Trabuco, cualidad que le ha permitido durante más de una década, conformar la nómina de las orquestas de mayor convocatoria en Cuba.

Cuando se escucha detenidamente Trabuco una vez más se puede asegurar que será disfrutado por todos los cubanos, que en cualquier parte del mundo, se sientan orgullosos de su nacionalidad y que a ellos, se sumarán bailadores de varias latitudes, quienes a ritmo de Trabuco, serán provocados por la excelente música que propone.

Ya fue aprobado en vivo el pasado de 27 de agosto en el Salón Rosado de la Tropical por miles de bailadores, hecho que históricamente decide el rumbo de la popularidad de las orquestas cubanas que se dedican al género.

Esta vez Manolito Simonet con los discos Beat Cubano y Trabuco una vez más, hace gala de sus potencialidades como músico, arreglista, productor musical y entrega dos joyas que marcarán pauta en su carrera artística y discográfica, precisamente porque demuestran la madurez y trascendencia de su obra en defensa no solo de la música, sino de la cultura cubana.

Por: Jorge Villa • La Habana

Fuente: http://www.lajiribilla.cu (2 de setiembre de 2010)

Aunque no resulta sorpresivo un gran éxito para alguno de los integrantes de la dinastía musical cubana López-Nussa, la nueva generación de estos creadores va dando mucho de que hablar tanto nacional como internacionalmente. Es por ello que Harold López-Nussa volvió a ser noticia el pasado sábado 21 de agosto por su concierto en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes en la capital cubana.

Harold, de 27 años, pianista y compositor de formación académica, se convirtió en una revelación en el mundo del jazz a partir del año 2005, cuando ganó el concurso de piano del festival de Montreaux, Suiza. Sin embargo, su jazz es virtuoso, elegante y timbero; nutrido de la mejor escuela de piano popular cubano ―dígase Rubén González, Bebo Valdés, entre otros―, que complementa el resto de sus diversas influencias musicales. Si anteriormente recibía muchas peticiones para trabajos fundamentalmente en lo clásico o como acompañante ―importante recordar sus trabajos junto a Omara Portuondo―, hoy muchos quieren tocar con él, empleando diferentes formatos, y no solo en el mundo del jazz.

En este concierto, Harold sacó un as que tenía guardado bajo la manga: presentó la formación original del Harold Lopez-Nussa trío, con la que grabó su segundo álbum titulado Herencia (World Village, 2009). De alguna manera fue una suerte de presentación de este trabajo al público nacional ―aun cuando algunas piezas se habían escuchado en ocasiones anteriores, pero el disco no se ha comercializado en el país. El trío cuenta con el consistente trabajo de su hermano Ruy Adrián en la batería, el suyo propio en el piano, y un contrabajista de lujo: Felipe Cabrera, quien radica en Francia actualmente, y que muchos recordarán de los tiempos en que era miembro-fundador del Cuarteto Cubano del pianista Gonzalito Rubalcaba.

En lo particular me gusta mucho la música de Harold, independientemente de la calidad indiscutible de sus composiciones, porque él ―con la humildad que lo caracteriza― disfruta sobremanera brindando espacio para que sus compañeros destaquen su potencial y enriquezcan la atmósfera musical. Para nada se trata de una competencia entre músicos ni un derroche de virtuosismo para impresionar, sino más bien una suma de talentos para ofrecer al público una obra de buena factura. Harold se encarga de guiar los hilos.

Para entrar en calor, en una sala realmente abarrotada, Harold ―a bordo de un flamante piano Yamaha― escogió el tema “E’echa”, para sentar credenciales de lo que podría esperarse en el resto del concierto, cuya segunda pieza fue su magistral versión de la contradanza “Los tres golpes”, de Ignacio Cervantes: pieza que abre el disco Herencia, con destaque para Felipe Cabrera en el contrabajo. Asimismo se presentaron otras piezas de este disco: la que le da título y la dedicada a su compañera, “Saudade”.

Invitado de lujo al concierto, el guitarrista brasileño Swamy Jr ―quien además es el productor de Omara Portuondo―, interpretando junto al trío el tema “A felicidades”, de Tom Jobim, incluido en la ópera prima de Harold titulada Canciones (Colibrí, 2007). El otro invitado ya habitual en la formación y que ha participado en los dos discos de este joven músico, es el trompetista Maiquel González González, quien se incorporó al trío en tres temas, comenzando por “La fiesta va”. Dentro del repertorio del concierto, la otra obra presente sin la autoría de Harold fue un tema de corte intimista titulado “A Camilín”, de Felipe Cabrera, tema de gran lirismo y exquisita factura, donde nuevamente el contrabajista hizo gala de su maestría.

Ruy Adrián se robó buena parte del show con sus convincentes solos de batería en varias piezas, entre las que se encuentra, por supuesto, “La Jungla” ―también perteneciente al nuevo disco. Sin ánimos de comparación, su ejecución me recuerda mucho, en ocasiones, la gran técnica de Enrique Plá (legendario baterista de Irakere) para crear ambientes y lograr detalles, la limpieza y versatilidad en la ejecución de su padre Ruy López-Nussa, pero sobre todo la energía de quien fuera baterista de Afrocuba y Cuarto Espacio, Jimmy Branly.

Luego de hora y media y contando con impecable sonido (realizado por el laureado Maykel Bárzagas Jr.), llegaba a su fin el concierto. Ciertamente fue disfrutado al máximo por los artistas ante un exigente público ―entre los cuales se encontraban prestigiosos músicos―, y Harold se despidió con la pieza “Timbeando” (también del disco Herencia), cuyo título explica por si solo el despliegue musical producido por Harold Lopez-Nussa Trío. A modo de colofón y por la exigencia del público, ejecutaron “Bailando Suiza” (del disco Canciones), nuevamente con participación de Maiquel en la trompeta. Esta es una pieza prácticamente obligatoria para las presentaciones de Harold, pues para el público cubano, hasta el momento es su obra más emblemática, gracias a su presencia en los medios y su fraseo contagioso.

Por fortuna, el Museo Nacional de Bellas Artes sigue apostando por el buen arte, por aquella música que cada quien puede llevarse en el corazón y en sus oídos al terminar cada presentación. En tan reconfortante cita, solamente extrañé en escena ―por un capricho muy personal―, la excelente versión de “Es más, te perdono”, de Noel Nicola, interpretada magistralmente por Omara Portuondo y felizmente registrada en el disco Herencia junto a Harold´s Trío. Sin lugar a duda, una bonita reunión de grandes músicos, desbordada de talento, gran energía y, sobre todo, un divino regalo veraniego para los amantes de la buena música cubana.

Por: Martha Guarín R.
Fuente: El Heraldohttp://www.elheraldo.com.co (29 de agosto de 2010)

Dos de la tarde en Barranquilla, y en Barcelona el reloj biológico indica que es hora de cenar. Chucho Valdés contesta el teléfono en tierra española. ¿Habrá algo allá que sepa a lisa?, dice, “alístenlo, ese es el pescado que más me gusta”.

El pianista cubano está contando las horas para venir a Barranquijazz 2010 y mostrar su nuevo proyecto: Afrocubans Messengers, el 9 de septiembre en el Teatro Amira de la Rosa.

Chucho está reposando de sus actuaciones en festivales de jazz en Francia donde fue presentado por una revista especializada como “el instrumentista más completo del mundo”.

Además, los franceses están que no caben de la dicha. Este 31 de agosto van a poder comprar el nuevo instrumental titulado Chucho’s Steps, del que asegura le ha permitido “romper esquemas”.

¿El formato de su nueva producción es el anuncio de una era de Chucho Valdés?

Ahora lo mío es otro proyecto con una generación nueva de jóvenes músicos que tienen otras ideas, otra forma de pensar la música afrocubana y no es que sea ni superior o inferior, sencillamente es diferente. Era una necesidad evolutiva.

¿Musicalmente cómo se captan las diferencias en ‘Afrocuban Messengers’s?

Hemos añadido al cuarteto — mejor dicho al quinteto— porque siempre ha estado Omaira Caridad Valdés, mi hermana, añadimos dos metales: una trompeta y un saxo; un especialista que toca los tambores batá y canta la música yoruba. Estamos haciendo un trabajo, a partir de la misma raíz pero diferente porque Chucho es el mismo compositor pero hay cambios ya en estilos.

¿Puede contar algunos pormenores de la grabación?

Ya fue presentado en Cuba y lo grabé allí para mi sello discográfico ‘Comanche’, y se licenció para Cuba para ‘Colibrí’. Allá no ha salido todavía pero ha sido presentado en dos conciertos en La Habana y después en México. Ahora se está haciendo la promoción por el mundo. Vamos a China, a Macao, Taipei, Australia (Melbourne) y a París antes de llegar a Barranquilla.

¿Grabar en estos momentos en Cuba se puede considerar un buen síntoma para la música en ese país?

Pienso que para la cultura es importante. Yo grabo para mi sello y trabajo para otro como colaborador. Mantengo vínculos con la ‘Egret ’, que es la empresa nacional cubana y ‘Colibrí’ que es del Ministerio de Cultura.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con jóvenes?

Muy buena porque ha sido como una especie de retroalimentación, toman mi experiencia como compositor, director, arreglista, como guía y mis nuevas ideas porque yo también he seguido evolucionando. Lo que hacemos es compartir criterios y sacar lo mejor entre todos.

¿Esos muchachos son los que van a venir a Barranquijazz?

Sí y algunos ya han estado allá pero con otras agrupaciones.

Una cosa es triunfar en conciertos y otra vender discos. ¿Cómo lidia con el tema de la piratería?

Ha sido inevitable e imparable. El disco que hizo mi papá Lágrimas negras, con Diego El Cigala, sobrepasa la cifra de ventas de un millón. Es decir, cuando la gente de verdad le gusta el disco compra el original.

¿Es todavía la trova cubana un género en expansión?

Igual que con Irakere digo que todas las cosas han tenido su momento y que hay que parar antes que decaer. Eso fue lo que hicimos con Irakere, dejarlo arriba. O sea, no se puede perder la pelea en el último minuto por nocaut. No te puedo decir mucho sobre la Nueva Trova porque no es mi género, sé que Silvio y Pablo siguen componiendo y han cambiado un poquito la línea.

¿Cómo sabrá usted que le llegó el momento de retirarse?

La retirada lógica es cuando no eres capaz de crear cosas nuevas pero la música no tiene edad, no es igual que el deporte. Mi papá tiene 92 años y acabamos de hacer el disco Juntos para siempre. En este momento tengo la mente muy abierta.

ESTEBAN LINÉS ( Barcelona,  11 de agosto de 2010 en:  http://www.lavanguardia.es)

El pianista cubano Chucho Valdés tocó anoche en el festival francés de Marciac, acompañado por su nuevo grupo, los Afro Cuban Messangers. Hoy hará lo mismo en su único concierto del estío catalán, en el marco del Festival Porta Ferrada de Sant Feliu de Guíxols (22.30 h). Se podrá volver a ver y escuchar a Valdés (Quiyicán, 1941) el 17 de noviembre en el Palau de la Música dentro del Festival Internacional de Jazz de Barcelona. Unas horas antes de subir al escenario francés, el artista caribeño comentó a este diario los pormenores de su nuevo lanzamiento discográfico, Chucho’s steps.

– ¿Qué supone en su carrera un álbum como Chucho’s steps?

– Es una obra fundamental porque supone de alguna manera el inicio de una nueva era en la que estoy rompiendo los esquemas de lo que he hecho antes con el objetivo de la renovación. Y Chucho’s steps es el resultado de este proceso, un camino que ha desembocado en la fusión desde un concepto diferente de la música africana, cubana y el jazz.. Para mí se trata del mejor disco instrumental que he hecho a lo largo de toda mi carrera artística. Creo que es una necesidad evolutiva encontrar nuevos caminos, nuevas sendas de expresión.

– La música cubana ya supura de por sí mucha africanidad.

– Por supuesto, pero en esta ocasión se trata de una nueva vía exploratoria, bastante diferente a las que ya llevé a la práctica cuando estaba en el grupo Irakere. Donde más he evolucionado es en el trabajo sobre las polirritmias.

– Para ello ha modificado incluso a su grupo habitual de acompañamiento.

– Sí, los he rebautizado como Afro Cuban Messangers porque en este proyecto he querido subrayar los aspectos africanos de mi música. Por eso he incorporado a tres músicos nuevos, dos metales y un percusionista cubano especializado en ritmos africanos y que además es bailarín. El producto resultante me da la sensación de que es muy atractivo, porque además es una muestra brillante de algunos de los jóvenes nuevos talentos cubanos.

– ¿Puede describir el disco que saldrá de aquí a unas semanas [distribuido por Harmonia Mundi]?

– Todas las composiciones son originales y mías, y he procurado que estilísticamente sean lo más diferenciadas posibles… las más destacadas de entrada podrían ser New Orleans, que es un homenaje a la cuna del blues, del ragtime, del dixie y el jazz, y sobre todo un homenaje a una de las familias musicales más ilustres de allí, los Marsalis. También hay un tema, titulado Danzón, que es muy sorprendente, porque empieza como una balada, sigue como un danzón, luego como un chachachá y finaliza en clave r’n’b. También podría hablar de Zawinul mambo. Joe Zawinul fue para mí uno de los más grandes teclistas de todos los tiempos. Además fue una persona que me ayudó muchísimo psicológicamente cuando creé mi cuarteto y mi quinteto, y en otras circunstancias. Me lo encontré en un festival de música de Tenerife al que fui con mi padre, y fue allí donde Zawinul me dijo que se había enterado de que había compuesto un tema sobre él y quería agradecérmelo. Falleció dos meses más tarde.

– ¿Cómo ha decidido dar ese golpe de volante a su propuesta musical?

– No es un golpe de volante, una maniobra abrupta, sino más bien un proceso para enfatizar más unos colores que otros. La cuestión es que el último disco que hice con mi grupo, New conception, ya tiene siete años de antigüedad, y desde entonces he hecho muchas cosas, muchas giras, muchos proyectos paralelos y, en consecuencia, se han acumulado experiencias y modos de mirar la música que son diferentes a los que tenía por aquel entonces.

– Entre esos proyectos paralelos se incluye su trabajo con Concha Buika. ¿Actúa todavía alguna vez con ella?

– La verdad es que cuando acabamos de grabar El último trago con Concha, esa lindísima obra sobre las canciones de Chavela Vargas que produjo Javier Limón, la acompañé durante la primera parte de la gira de presentación pero luego lo tuve que dejar. Yo tenía otros compromisos.

– ¿Y desde entonces?

– A nivel discográfico grabé lo de Concha, luego este próximo Chucho’s steps y, lo más reciente, un álbum junto a mi paisana Omara Portuondo. Es un disco que aparecerá en la primavera del próximo año y se titulará Omara y Chucho Valdés; son un manojo muy hermoso de canciones cubanas y latinoamericanas escritas por autores clásicos del pasado siglo.

– ¿Qué ofrece en los conciertos de esta gira?

– Tocamos como mínimo una hora y media y aprovechamos para hacer un buen repaso a Chucho’s steps y después renovamos temas de todas las épocas, como una Misa negra a partir de un concepto actual, y canciones que canta mi hermana como Bésame mucho, otras de sabor africano, un tema muy divertido como Begin to be good… La gente se lo pasa de muerte, estoy convencido.

– El proceso político que vive Cuba desde la retirada de Fidel Castro de la primera línea, ¿cómo se ha reflejado en el universo musical de la isla?

– Son dos procesos paralelos. La actual generación de jóvenes músicos está revitalizando desde hace unos años la escena del jazz autóctono. Y la actividad musical, a nivel general, sigue igual de activa que siempre. El próximo festival de jazz de La Habana que se celebrará este noviembre tiene un listado de participantes más elevado que nunca.

– ¿Cómo está su padre?

– Muy bien. Ahora está en su casa de Estocolmo, pero de aquí a poco volverá a Benalmádena, a la Costa del Sol española, que como sabe es donde ahora vive la mayor parte del año. Le va muy bien el clima. De momento se ha tomado un reposo a nivel profesional, pero quizá el año que viene haga alguna cosa.

– ¿Se esperaba ganar dos Grammy distintos gracias al disco que grabó con su padre Bebo, Juntos para siempre?

– ¡Jamás, jamás! Yo creo que debe de ser uno de los poquísimos discos que haya obtenido un Grammy Latino y un Grammy de los norteamericanos en la categoría latina. Mi papá y yo aún no nos lo creemos… pero la verdad es que es un álbum muy bonito y muy entrañable para nosotros.

Djelimady Tounkara (guitarra eléctrica), Eliades Ochoa (guitarra), Lassana Diabaté (balafón), Kasse Mady Diabaté (voz) y Bassekou Kouyaté (n'goni)

El estreno mundial de ‘AfroCubism’, con Eliades Ochoa y músicos malienses, rescata en La Mar de Músicas la idea original del mítico Buena Vista Social Club

Por: CARLOS GALILEA – Cartagena – Diario El País (España) 11/07/2010

Un estreno mundial: AfroCubism, el ambicioso proyecto que reúne a músicos de Cuba y Malí. Más de 2.000 personas pudieron presenciar el viernes por la noche en La Mar de Músicas la puesta de largo del Buena Vista Social Club original. Porque BVSC fue un accidente, hermoso y afortunado, pero un accidente.

El objetivo del guitarrista Ry Cooder y el productor Nick Gold, en 1996 en La Habana, era traer de Bamako a unos músicos malienses para grabar con cubanos. Un problema de visados dejó en tierra a Bassekou Kouyaté y a Djelimady Tounkara, y el obligado cambio de planes se convirtió en un disco maravilloso que abrió al son cubano las puertas del mundo. Aquel encuentro entre caribe-ños y africanos no se pudo hacer, pero la idea quedó en el aire. Y, ahora, 14 años después, llega por fin AfroCubism.

Son tres fenómenos. Nadie hoy representa mejor la tradición del son cubano que Eliades Ochoa, nadie toca el n’goni (ancestro del banjo) como Bassekou Kouyaté y no hay kora (arpa-laúd) más asombrosa que la que acaricia Toumani Diabaté. Pero en AfroCubism también están un colosal Lassana Diabaté percutiendo con maestría el balafón (un tipo de xilófono) y un grandote Djelimady Tounkara con su solvente guitarra.

Empezó el concierto con Al vaivén de mi carreta, una vieja guajira de Ñico Saquito. “Trabajo de enero a enero, y de sol a sol, y qué poquito dinero me pagan por mi sudor”, cantaba Eliades Ochoa, luciendo uno de esos sombreros negros con el que le fotografió Anton Corbijn. Y Kasse Mady Diabaté retomó la canción con su voz de ángel heredada de un abuelo que provocaba lágrimas de felicidad al cantar. “Y que luego vengan Vampire Weekend a hacer lo que hacen”, comentó con ironía un habitual del festival.

Espectacular estuvo Lassana Diabaté al balafón con los 13 músicos rumbeando y el remache final de las trompetas antes de La culebra, en la que Eliades evoca al Beny (Moré) con los malienses aportando un suave perfume africano a la grabación original del Bárbaro del ritmo. Toumani, Bassekou y Eliades se quedaron solos para una sutil Guantanamera, que a más de uno se le escapó por culpa del bullicio festivo y de la energía contagiosa del son Para los pinares se va Montoro, guiño a Compay Segundo, que al igual que los añorados Ibrahim Ferrer, Pío Leyva o Rubén González siguen muy vivos en nuestra memoria.

Nick Gold cree que la cosa funciona: “Es mejor de lo que había imaginado o soñado. Hay más repertorio maliense que en la idea original, que consistía en dar otro aroma a la música tradicional cubana. Esta colaboración me parece más radical y sustanciosa”. Confiesa que la primera vez que escuchó música de Cuba fue tocada por africanos. Y le gustó cómo lo hacían, de una forma más suave, ligera, que él prefiere incluso a la de los propios cubanos. “Me preguntan si yo quería unir dos culturas, pero no se trata de eso”, dice riendo. “Me maravilla cómo suenan juntas las guitarras, la kora, las maracas, el balafón… Como un auténtico grupo”.

De las costas de África partieron hacia América millones de hombres, mujeres y niños hacinados como animales para un viaje sin retorno. Pero, a partir de 1950, su música regresó. Los sonidos cubanos fueron retomados por orquestas como la Star Band o la Baobab. Y se han producido anteriormente aproximaciones como Africando, serie en la que el productor Ibrahima Sylla juntó músicos latinos con cantantes senegaleses, o como CubÁfrica, el disco que Eliades Ochoa grabó con el saxofonista camerunés Manu Dibango. Nada más fácil que oír a un africano cantar El carretero con una imitación en idioma wolof del sonido del español. “Pero esta mezcla que estamos haciendo nosotros no se ha visto antes”, afirma Eliades Ochoa.

El estreno de AfroCubism, retransmitido por Radio 3, trajo hasta Cartagena a periodistas de la BBC, The Guardian o Libération, y revistas especializadas como Songlines o Les Inrockuptibles. Durante los ensayos del concierto, uno de los malienses hablaba en bambara y un cubano en español. Y se entendían: estaba hablando la música.

Por el Nuevo Teatro Circo, alquilado de lunes a viernes para ensayar, correteaba Ami, la hija mulata de cuatro años de la fotógrafa del sello World Circuit. Mientras, bajo la mirada de Nick Gold, Eliades, Toumani y Bassekou cerraban una improvisación sobre Guantanamera como si llevaran tocando juntos media vida. “Cuando todo el mundo está atento y pone el mismo deseo de hacer las cosas bien hechas, las cosas salen bien. Lo malo es que a veces nos desenchufamos y ahí es donde se equivoca alguien o no para a tiempo”, dice Eliades. “No es fácil injertarnos en la forma de ellos y que ellos se metan en nuestra música. Son los pequeños problemas que hacen grande a un amor”, comenta. Y en eso andan desde la primera sesión de grabación del disco en un estudio de Coslada (Madrid).

Hoy están ya todos en Holanda, para actuar en el North Sea Jazz Festival, y el 2 de noviembre comenzará la gira que les va a llevar -con dos citas en España: el 11 de noviembre en Madrid y el 18 en Barcelona- desde Oslo hasta Nueva York. Ninguno de los protagonistas de BVSC se imaginó lo que iba a pasar con aquel disco. Tampoco ahora, y menos aún con los tiempos que corren para la industria discográfica, se atreve nadie a augurar el futuro de AfroCubism. La clave del éxito quizá sea que ellos se lo pasen mejor sobre el escenario que el propio público.

Fuente: La Nación, Buenos Aires, Sábado, 29 de noviembre de 2008

chucho_valdes-irakereEn 1947, Chano Pozo llevó la revolución a la revolución: en plena furia del bebop, traficó los ritmos cubanos al jazz estadounidense desde la big band de Dizzy Gillespie y provocó una combustión que dio origen al jazz afrocubano y, como se lo conoció después, al latin jazz. Al año, el percusionista, nacido en La Habana en 1915, moría asesinado en el Rio Cafe del East Harlem en circunstancias que siguen despertando hipótesis encontradas. Algunos sostienen que lo mataron por envidia de su éxito y otros afirman que se trató de un asunto de drogas. Sin embargo, un rumor decía que detrás del crimen se escondía un factor religioso: Chano habría dado a conocer ritmos rituales del culto secreto abakuá, con raíces en Nigeria, al que había pertenecido en Cuba.

África. Aquella raíz era lo que unía en algo nuevo la complejidad armónica de Gillespie y las congas de Pozo, que llevaban dentro el son, la rumba, el mambo, el chachachá y otros ritmos afrocubanos. De algún modo, Chano Pozo le devolvió al jazz una suerte de eslabón perdido, y la chispa desató una reacción en cadena. Los ritmos cubanos fascinaron a tantos músicos del bebop, afirma el crítico Joachim Berendt, porque en Cuba se había mantenido más viva que en Estados Unidos la tradición africana. A fin de cuentas, el de Dizzy y Chano fue el encuentro de primos hermanos que habían sido arrojados lejos de los ancestros y que en el camino habían asimilado culturas diferentes.

Gillespie, gran catalizador de lo que se dio en llamar “cubop”, tenía un antecedente: ya había entrado en contacto con la música de la isla cuando compartió la sección de metales de la orquesta de Cab Calloway con el cubano Mario Bauzá, que sería el arreglador de los Afrocubans de Machito (Frank Raúl Grillo), otro pionero. Por aquellos días, ambos, Bauzá y Machito, intentaban combinar los ritmos que habían aprendido de chicos con el jazz que sonaba en Nueva York.

Todos ellos demostraron una vez más la capacidad del jazz para enriquecerse de lo diverso y, sin orq-cuban-de-musica-modernaproponérselo, iniciaron una tradición. ¿Qué aportó el elemento cubano al jazz moderno? Sin duda, sus complejas acentuaciones rítmicas, incorporadas y transformadas luego por músicos como Stan Kenton, Charlie Parker, Art Blakey y Cal Tjader, entre tantos otros. También, una serie de instrumentos de percusión (congas, bongos, maracas, güiros) que enriquecieron la paleta tímbrica del jazz. Y junto con cierto tratamiento de los “caños”, derivado de los arreglos de las orquestas de La Habana, otro aporte fueron las composiciones originales, algunas de las cuales pasaron a ser standards del género, como “Afro Blue” (versionada por John Coltrane), de Mongo Santamaría, percusionista nacido en la capital de la isla que llegó a Nueva York a fines de los años 40 con la orquesta de Dámaso Pérez Prado, cubano de Matanzas que se coronaría “rey del mambo”.

Todo esto puede encontrarse en la serie Jazzcuba (Warner Music), integrada por ocho CD que rescatan, de las arcas del legendario sello Egrem de La Habana, grabaciones de grandes músicos y combos cubanos: Bebo Valdés y su hijo Chucho, Israel “Cachao” López y su sobrino Cachaíto, Chico O’Farril, Pedro “Peruchín” Jústiz, el cantante Guapachá y las orquestas Los Amigos, Cubana de Música Moderna e Irakere. En su mayoría, son registros de fines de la década del 50 y principios de los años 60: una música donde se mezclan ecos del Tropicana con toques de las orquestas de swing, el “Son de la Loma” de Matamoros y la guajira “Guantanamera” con “Tenderly” y “All the Things You Are”, todo interpretado por músicos versátiles y de extraordinaria capacidad técnica que además le aportan al jazz el espíritu juguetón y cálido propio del Caribe.

los-papines-y-ruben-gonzalez1En la retaguardia de este seleccionado de músicos cubanos, cuidando las raíces pero abriéndose al jazz, están Bebo Valdés y Cachao López, dos leyendas. Aún activo con más de 90 años, Bebo sorprendió en 2003 con Lágrimas Negras, en dúo con el cantaor español “El Cigala”. Cachao, que comenzó como contrabajista clásico en la Orquesta Filarmónica de La Habana y murió el año pasado tras una dilatada trayectoria, cultivó (junto con el pianista Peruchín Justiz) un estilo de improvisación en el que confluían el idioma del jazz con el fraseo típico de los ritmos de Cuba. Según el especialista cubano Leonardo Acosta, fue uno de los principales impulsores de la “descarga”, término que en el argot musical de la isla designaba las largas sesiones de improvisación. Chucho Valdés, pianista como su padre, creó y dirigió el grupo Irakere, semillero de grandes instrumentistas. Esta grabación de 1976 confirma la justa fama que se ganó la sección de metales, con Paquito D’Rivera en saxo y clarinete, y Arturo Sandoval en trompeta.

irakereCompositor y arreglador, Chico O’Farril pasó de tocar su trompeta en el mítico Tropicana de La Habana a hacer arreglos para Benny Goodman, Kenton y Gillespie en Nueva York. Allí grabó, en 1950, su Afro Cuban Jazz Suite, con Parker como solista. Más tarde trabajaría junto al argentino Leandro “Gato” Barbieri. Pero una de las más felices sorpresas de este lanzamiento es el inspirado piano de Frank Emilio Flynn en el CD del grupo Los Amigos, fundado por el baterista Guillermo Barreto, en el que revistó también el contrabajista Cachaíto López. Hijo de un estadounidense de origen irlandés y de una cubana, Frank Emilio perdió la vista en su adolescencia y se abrazó al piano. Estudió teoría y solfeo, pero pasaría de Bach y Mozart a los ritmos populares cubanos y al jazz para unirse a la bohemia habanera de los años 50. Fue uno de los creadores del filin (término que viene de la palabra inglesa feeling y alude a la mezcla del bolero cubano con el jazz). Como O’Farril, murió en 2001, y esta grabación es un acto de justicia que rescata a un pianista de exquisita sensibilidad.

De algún modo, la serie es también una suerte de documento que puede leerse -y escucharse- como una precuela de Buena Vista Social Club, de Wim Wenders, y Calle 54, de Fernando Trueba, dos películas que difundieron el legado de la música cubana y el jazz latino entre audiencias más amplias.

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