Bebo Valdés


Aquí una critica sobre la película “Chico y Rita”. Saludos…

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es (04.03.2011)

Es imposible tararear la sinfonía musical animada compuesta por Trueba y Mariscal sin detenerse a recordar la entrañable, soleada y cálida celebración en 2D de la cultura y ritmos afrocubanos dibujada por Juan Padrón en 1985. ‘Vampiros en La Habana’, pinceles y música, Juan Padrón y Arturo Sandoval, una obra de culto de la que beben sin pretenderlo, o puede que no, un guionista y cinéfilo como Fernando Trueba y el genial diseñador catalán, que ha hecho bailar los trazos rotoscopiados del malecón habanero al son de los arreglos del pianista enamorado de Rita.

Bebo Valdés es el alma de ‘Chico y Rita’, su música; Mariscal, el mago que recrea un pasado de cine negro musical rodado en Technicolor; y Trueba, el escritor que funde en un guión las historias de mil y un músicos que emigraron a Europa y EE UU desde La Habana cuando sus vidas se torcieron en Cuba. Trueba salda puntualmente las deudas pendientes en su memoria homenajeando al cine americano de los 40 y 50, en el que brillaban Billy Wilder y Michael Curtiz; o recordando los pasos con los que Staney Donen bañaba las pantallas en las que Debbie Reynolds y Gene Kelly bailaban a dúo; el pero es que todo lo que ‘Chico y Rita’ evoca desde la distancia a la que se filman los planos medios y generales se disuelve cuando la cámara encara a los protagonistas.

Los diseños de Mariscal tienen truco: actores, localizaciones y objetos reales soportan el peso de los dibujos; y ésa, que es una de las brillantes aportaciones de Toni Errando al proceso de filmación del bolero animado, también juega en contra de la narración porque son incapaces de imitar las conexiones emocionales que se establecen entre los trazos de naturaleza abstracta y el público. No obstante, sobran motivos para disfrutar de este hermoso y conmovedor retorno al pasado de la época dorada del jazz latino-norteamericano, en el que dos melómanos privilegiados siluetean a Charlie Parker o Josephine Baker mientras suena en la sala la mejor de las bandas sonoras posibles.

 

Más de “Chico y Rita”. He aquí un extracto  de la entrevista al cineasta español Fernando Trueba sobre su película animada “Chico y Rita”. Además, le aconsejamos revisar la web oficial en español que contiene datos muy relevantes sobre la película.

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es, 14.03.2011

Tiene 56 años, un Oscar, dos Goyas y cinco Grammys. Fernando Trueba esconde sus trofeos entre el maremágnum de discos, libros y DVD de su estudio madrileño, presidido por dos grandes lienzos de Manny Farber, el crítico-pintor que contrapuso el concepto de ‘arte elefante blanco’ -la cultura del oropel- frente al ‘arte termita’, el cine de los pequeños detalles y del instante. En un sitio de honor, fotos de dos de sus dioses paganos: Billy Wilder y el maestro Azcona.

Trueba ha unido sus sueños a los del diseñador español más internacional, Javier Mariscal, en una maravillosa historia de amor inspirada en Bebo Valdés a ritmo de jazz. ‘Chico & Rita’ (Ver Web Oficial en español) retrata una Cuba mítica y un Nueva York de finales de los 40 que solo existe en la memoria cinéfila. Una avasalladora cinta de animación que llega este viernes a los cines y que, en pleno debate sobre la frágil salud del cine español, supone un deslumbrante ejemplo de talento y emoción.

– ‘Chico & Rita’ es una invitación a soñar.

Yo siempre he creído que el cine es un sueño. No en vano, los surrealistas fueron los primeros que entendieron el cine y vieron sus posibilidades. Una película realista es mentira, es un sueño que se pretende realista. Tengo amigos inteligentes que cuando ven una película de problemática social, como son de izquierdas, dicen que es buena. Y el tema no la hace buena. Monicelli contaba que las películas del neorrealismo eran falsas, los obreros no hablaban así.

– ‘Chico & Rita’ pasa por encima de cambios políticos y muestra una Cuba y un Nueva York soñados. ¿Qué significa Cuba para usted?

Un país lleno de talento donde notas el orgullo de ser español. Bebo me dice que es asturiano; Cachao presumía de andaluz; Frank Emilio se tenía por sevillano y como era ciego te hablaba del olor a azahar… Cuba era una colonia más rica que la metrópoli, los pobres íbamos allí a hacer las Américas. Tenían una sociedad civil tremenda: arquitectos, poetas, músicos, médicos… Al margen de las vicisitudes políticas, no se la puede mirar con paternalismo, nos pueden dar capones. Pero también estoy empapado de América, ¿eh? No me veo sin Gershwin, Fitzgerald, Bashevis Singer,Salinger…

– La vida de Chico se inspira en la de Bebo Valdés.

Hay detalles biográficos, como cuando le acusaron de tocar jazz, música imperialista, del enemigo. Cuando se dio cuenta de que no podía tocar a Gershwin o Jerome Kern supo que no merecía la pena vivir allí. Ahora vive en Málaga. Alquilé un cine para que viera la película. Cada vez que entraba la música la dirigía con los brazos. Fue como llevar a un niño al parque de atracciones. 92 años y es la única vez que le he visto llorar.

– Si hace años le dicen que iba a hacer un filme de dibujos animados…

Nunca me lo hubiera imaginado. Mis amigos me dicen que siempre acabo haciendo aquello de lo que he renegado. No iba a conducir y conduzco, no iba a hablar inglés y lo hablo por los codos… Siempre me contradigo en todo.


Fernando Trueba acaba de ganar un Goya, junto a Javier Mariscal, por ‘Chico y Rita’, la primera película de animación para ambos y un hito artístico en los dibujos para adultos en España

Por: Sara Brito

Fuente: www.publico.es, 25/02/2011

La casa de los juegos de Fernando Trueba (Madrid, 1955) está al fondo de su jardín. Es una sala clara, abarrotada de libros, discos (de jazz, en especial) y películas, además de unas cuantas fotografías como esa de Rafael Azcona, que tiene en la estantería detrás de su despacho. Después de 14 películas, cuatro premios Goya y un Oscar, Trueba se ha lanzado a una aventura nueva, que, dice, le ha abierto un mundo entero al que piensa regresar. Chico y Rita es su primera película de animación, surgida de las ganas de trabajar con su amigo el diseñador y dibujante Xavier Mariscal, con quien hace nueve años había colaborado en la aventura del disco doble Calle 54. Ahora juntos, y después de seis años de trabajo y un Goya recién ganado, estrenan hoy Chico y Rita, su primer largometraje de animación juntos, un homenaje a los músicos de Cuba y de Nueva York de los cincuenta, con la cadencia y el latido de un bolero y la irreverencia y sensualidad del dibujo de Mariscal.

¿Era su intención inicial hacer una película tan sensual?

Sí. Hay mucha sensualidad. Quizá tiene una sensualidad especial por la plástica, no necesariamente por las escenas o lo que le pasa a los personajes. Incluso en cómo está dibujada Cuba. La Cuba de los cincuenta tenía eso. Y luego están estos personajes tan guapos y tan queribles.

¿Cómo se concibió el proyecto?

“Los dibujos de Mariscal dan una alegría contagiosa por la vida”

Xavi y yo llevábamos hablando de hacer algo juntos desde hace años, de hacer una película. Él siempre me decía que no había hecho un largo porque los guiones que le habían ofrecido no eran tan buenos para la cantidad de trabajo que una película de animación requiere. Me decía que en España no se hacen buenos guiones de animación. Y me retaba a que escribiera uno, pero no acababa de convencerme. Hasta que un día vi en su estudio el videoclip de Compay Segundo, de La negra Tomasa, que había hecho. Era muy simple, pero al ver La Habana dibujada por él me imaginé lo que podíamos hacer.

¿Qué les une?

Lo que nos había unido en trabajos anteriores era el amor por la música latina, el jazz El clip, como te digo, era elemental. Pero se me enciende una luz: ¿cómo sería una película en estas calles, dibujadas por Xavi?

¿Qué aporta la forma de dibujar de Mariscala La Habana?

A mí todo lo que dibuja Mariscal me produce buen rollo, una especie de alegría contagiosa, de sensualidad mezclada con una sonrisa de amor a la vida, a los cuerpos, a la música. Y a la vez es divertido, no hay solemnidad en su dibujo, no es un arte que se mire a sí mismo diciendo ¡ay qué bueno soy! Es como un juego, es como un baile. Es como la música cubana.

Ustedes ya habían colaborado en la aventura de Calle 54′.

Sí, claro. Habíamos hecho ya el disco de Calle 54 que él diseñó, y nos salió solo. Cuando nos pusimos con la película fue igual, todo fue saliendo rodado. Las cosas fueron surgiendo solas: lo hacemos en Cuba, que sean músicos los personajes, y ya que tenemos a Bebo [Valdés], por qué no es un pianista el protagonista y así cada vez que suena el piano es Bebo quien toca. Así fue saliendo, pero el origen de la película está en las ganas de hacer algo con Mariscal.

Pero quien se encarga del guión es Ignacio Martínez de Pisón. ¿Cómo trabaja con él?

El guión es mío y de Martínez de Pisón o de Martínez de Pisón y mío. En realidad, yo llamo a Ignacio y le doy una historia. Le cuento que son Chico y Rita, que son músicos, que se conocen y se enamoran a finales de los años cuarenta en La Habana. Él va haciendo unas primeras versiones, que voy leyendo y a las que voy aportando cosas. A mí me gusta trabajar con otros, es más divertido. Yo estaba liado con El milagro de Candeal y otros proyectos y le pedí a Martínez de Pisón que diera forma a la película. Ignacio es muy buen escritor. Sabe qué es un guión, es amigo y él antes de ser escritor quiso ser guionista. Y sabe tratar los sentimientos y escribir de época.

Es una película de sentimientos, y la música funciona como la manifestación de esos sentimientos, ¿eran las emociones lo más importante?

Sí, porque cuando hablamos de qué queríamos hacer me di cuenta de que Xavi es un loco de los boleros. Está siempre cantándolos y se los inventa. Siempre son medio porno, como él es valenciano siempre mete tetas y culos. Es muy gracioso. Entonces la idea fue hacer esto como si fuera un bolero, dándole esa estructura. Ese tono que tiene el bolero que te cuenta una historia de amor, en la que ella te deja y sufres mucho. Un bolero de hora y media. Y de ahí, el leitmotiv que es la canción que Chico compone para Rita. Es el subtexto que recorre la película y la metáfora de la historia.

¿Quién compone esa canción?

Buscamos entre boleros de Bebo y me pareció que era el más cinematográfico. Se llamaba Amaira originalmente, y se lo había dedicado a su hija. Él hizo arreglos nuevos y se hicieron muchas versiones hasta que se llegó a la definitiva. Se hizo hasta una letra nueva con Juanito Márquez, que es un clásico de la música cubana.

¿Chico es Bebo?

Chico es Bebo en cuanto a que es la música de Bebo, cuando suena el piano es Bebo quien toca y Xavi se ha inspirado físicamente en él de joven. Pero luego las historias de Chico y de Bebo son muy diferentes.

La película combina dos cosas que le apasionan: el latin jazz y una película de estructura clásica.

Sí, por dos razones. Porque me parece que si estás hablando de los cuarenta y los cincuenta no le vas a meter una narración contemporánea. Y creo que a la historia le iba ese tipo de tratamiento de cine clásico. Por otra parte, con el dibujo de Xavi, que es tan colorido y tan sensual, iba a crear un contraste muy bueno. No queríamos llevar ese punto un poco anárquico del dibujo al argumento.

¿Chico es un perdedor?

Es un músico. Y un músico cuando es íntegro, sabe que hay un triunfo fácil por otro camino. No considero a ningún músico de jazz un triunfador ni a los que tienen éxito, que son cuatro. Porque siempre es un éxito relativo.

Retratan un contexto político y cultural de forma sutil pero efectiva. ¿Hasta dónde querían llegar con la fidelidad?

No puedes contar la historia de los músicos de color sin tener en cuenta el contexto de discriminación en EEUU en los cincuenta. Como no puedes tratar a La Habana de la misma época como si fuera un decorado. Creo que lo hemos tocado en su justa medida, sin pretender hacer una película política. Por otra parte, en el desarrollo musical, decidimos usar anécdotas reales como la muerte de Chano Pozo en Nueva York. Pero también hemos jugado con la ficción, como cuando Chico va a una jam y está tocando Charlie Parker. Lo puede disfrutar una persona que no sepa de jazz y es un guiño al entendido.

¿Cómo fue el proceso de dirección?

Aparte de coescribir el guión, me senté durante meses con un dibujante realista, al que le iba haciendo monigotes de cada plano y de cada movimiento de cámara para hacer un primer storyboard que Xavi entendiera para dibujar. Eso lo montamos y le pusimos voces y músicas provisionales. Ese montaje es el primer esbozo de la película. Luego se hace otro que tiene ya el estilo. Ahí los personajes ya están creados por Xavi. El siguiente paso fue rodar con actores cubanos en la escuela de San Antonio de los Baños, pero no para hacer un proceso de rotoscopia [dibujar sobre un fílmico original], sino para fijarnos en las expresiones y movimientos. Por ejemplo, cuando Rita baila queríamos que fuera tal y como bailaban los cubanos de los cincuenta. Por eso fuimos a rodar a la asociación de bailarines de Santa Amalia, de edades entre los 75 y los 80 años.

¿Qué libertades le ha dado dirigir un filme de animación?

Ese es el gran descubrimiento de Chico y Rita y por eso quiero dirigir más. Te abre a otras cosas, es como cuando aprendes un idioma nuevo, hay una serie de nuevos países que puedes visitar, gente con lo que puedes hablar y libros que puedes leer. Esto es un idioma. Este es un país al que puedo ir y al que antes no podía. Me gusta esto de la animación para adultos. Es mucho más arriesgado. Los padres siempre necesitan llevar a sus hijos a películas para niños, así que los que hacen animación infantil juegan con una red. En la animación para adultos el riesgo es 100%.

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es, 25.02.2011

Chico es pianista, Rita, cantante; Chano Pozo, Dizzy Gillespie y Charlie Parker hacen su cameo. Es evidente que la música no es un elemento más en esta película. De hecho, Trueba y Mariscal dedican la cinta a Bebo Valdés, responsable a su vez de la banda sonora. Tanto el veterano músico cubano como Estrella Morente -que hace de sí misma- prestan sus voces para alguna de las canciones.

Si como aseguran sus responsables, ‘Chico y Rita’ (Ver: web oficial) pretende utilizar una nueva forma de animación para ilustrar un momento muy concreto de la historia de la música -esa época dorada durante la cual talentos cubanos se unen a talentos anglosajones en los clubes del Nueva York de los cincuenta- la banda sonora debía ser especial. «La primera tentación fue coger piezas de Dizzy Gillespie y Charlie Parker y meterlas en la película», reconoce Trueba. «Pero yo tenía esta idea de utilizar músicos actuales tocando en el estilo de los originales. Así que me encontré con la necesidad de hacer un casting como si fuese un largometraje normal. Tenía que encontrar un saxo tenor que tocase como Ben Webster, o un saxo alto con el estilo de Dizzy Gillespie, y eso era muy interesante desde el punto de vista de un músico. Tener a Freddy Cole que es el hermano de Nat King Cole, fue realmente divertido. Pero la grabación fue tremendamente complicada. Hicimos sesiones en España, Nueva York, Cuba y fue mucho trabajo».

Así que echar mano de otro amigo resultó lo más práctico. Las fotos de juventud de Valdés ya habían inspirado a Mariscal para el personaje de Chico, «aunque no es él por más que se piense», aclara rápido. «Pero reconozco que si Bebo no hubiese sido tan importante en mi vida, quizás la película no se habría hecho. Yo escribí partes del guión con la música de Bebo en mi cabeza. Ha sido una gran fuente de inspiración. El espíritu de Bebo está en toda la película».

Jazz latino en estado puro para adornar una cinta de dibujos animados que sigue el clásico chico conoce a chica de toda la vida. Eso sí, no piensen en llevar niños al cine. Los que disfrutarán realmente son aquellos aficionados a los ritmos cubanos y el jazz norteamericano.

Un romance en La Habana de la década de los 40 con ecos en Nueva York, y dos personas que nos enternecen con la música que les sale del alma, nos conectan a Chico y Rita, el filme animado español que se estrenó este lunes en el cine Yara.

Yelanys Hernández Fusté
yelanys@juventudrebelde.cu
Fuente: Juventud Rebelde (8 de Diciembre del 2010)

Chico y Rita (visite web y escuche banda sonora oficial de la película) nos convence mucho más de un secreto a voces: hay una tradición musical en la Isla hilvanada desde tiempos inmemoriales. Y otra vez esa certeza hecha pregunta por Miguel Matamoros en su célebre canción Son de la loma, se nos presenta cual mensaje salido de un oráculo.

En esta ocasión, el vaticinio «matamorino» se adereza con una trama conectada primeramente a esa Habana de la mítica década de los 40 e inicio de los 50 del pasado siglo, para luego encontrarse con las peripecias artísticas de los isleños en Nueva York.

De la urbe antillana se dibuja el ambiente nocturno, que lograba su ebullición también en el palpitar sonoro cultivado en bares y cabarets; una atmósfera melódica que da explicación a la genialidad con que los protagonistas del filme muestran el arte, ese mismo que no ha tenido otra academia que la forjada en el respeto a los componentes que nos definen, a lo extraído del conocimiento de una tradición popular que se lleva en los genes, y a ese ángel propio que poseen los grandes artistas.

Para Fernando Trueba, uno de los directores de la cinta, estaban todas las razones para hacer este largometraje animado, exhibido en el 32 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano como parte de la muestra de cine español. «Primero, queríamos hacer una película juntos Mariscal y yo. Para él, como diseñador, era una época increíble, privilegiada», explica a Juventud Rebelde.

Aclara el realizador de cintas tan conocidas como Belle époque, que su nueva entrega no es solo una película sobre la música cubana, sino también sobre ese momento mágico, romántico entre dos ciudades, «dos países que se han atraído e influenciado a lo largo de los años».

Y tiene razón Fernando cuando dice que Chico y Rita «es un flechazo» mutuo, colectivo. Tanto él como Javier Mariscal y su hermano y compañero en este proyecto, Tono Errando —los tres punteros del propósito fílmico—, han reciprocado amor por la melodía nuestra y, sobre todo, por Cuba.

«Es una época muy bonita y ubicar la historia ahí se debe mucho a la inspiración de una persona como Bebo Valdés —quien tiene a su cargo la banda sonora. Es también un homenaje a su generación», señala Trueba, quien asegura que aderezar el guión fue el resultado de un alto proceso creativo.

 

Así se nos presenta a Chico Valdés, quien siente que funde su alma con el piano, mientras Rita Labelle le pone corazón a todo lo que canta. Ambos se enamoran física y espiritualmente y quedan conectados además a través del arte.

El retrato de la urbe, desplegado en una representación exhaustiva de la arquitectura del período escogido, es un elemento que sorprende. Para el diseñador Javier Mariscal su estudio fue un reto difícil.

Para lograr un «panorama real» vieron un sinnúmero de fotografías, documentales, diarios y películas de la época. También consultaron, como un ejercicio eterno de veracidad, libros de historia de La Habana, a la vez que se dibujó la ciudad con su rostro actual.

Javier Mariscal descubrió en todo ello una urbe única, tan singular en sus construcciones y vías, que nos la quiso regalar desde la animación sin que perdiera la frescura. La vista del espectador encuentra una familiaridad perfecta en puntos emblemáticos como el cabaret Tropicana, el bar Dos hermanos o el Teatro Fausto.

La misma sensación regresa en los paseos visuales que se nos ofrecen de calles como Galiano y 23, para luego regocijarnos con la estampa de un solar como el de Rita. «Estuve muy metido en ello para entenderlo bien», afirma Mariscal, que manifiesta un respeto profundo por la capital antillana.

Pero el retrato se repite al reflejar la arquitectura neoyorquina de los 40 y al lograr que personajes sacados de la realidad gravitaran en el argumento.

Chano Pozo, Tito Puentes y otros artistas se entremezclan con Rita y Chico, y entre ellos median el jazz y la música como emblemas de esa unión.

Sorprende entonces que estén detrás tantos músicos.

Tono Errando apunta que las grabaciones de la melodía se realizaron en La Habana, Nueva York y Madrid. Ha definido como «un privilegio» haber podido integrar a un número de buenos artistas, entre ellos la vocalista Idania Valdés (cuya voz moldea a la Rita cantante), el joven pianista Rolando Luna y el percusionista Yaroldi Abreu. Con sus incursiones en el largometraje, a Tono no le queda la menor duda de que el potencial sonoro de Cuba es «inacabable y no cabe en una película».

 

Errando puntualiza que para darle mayor veracidad al argumento, en el caso de la actuación se hizo una filmación con actores reales. De ese modo los personajes cobraron, desde la piel de Limara Meneses, Mario Guerra y muchos otros, un realismo superior, a la vez que se lograba mayor organicidad en los movimientos de cámara.

Después de cuatro años en el proceso de producción y un costo de aproximadamente diez millones de euros, los gestores de Chico y Rita siempre pensaron que el gran reto era, como decía Fernando Trueba el lunes último en el Yara, que se exhibiera ante un cine «lleno de cubanos». España esperará por el estreno de la cinta el 25 de febrero.

Aún con la emoción de las notas de La bella cubana, de White, marcando el final, Chico y Rita se nos revela como un palpitante retrato de una época musical nuestra, una tradición que no se ha detenido en el tiempo.

Fuente: La Nación, Buenos Aires, Sábado, 29 de noviembre de 2008

chucho_valdes-irakereEn 1947, Chano Pozo llevó la revolución a la revolución: en plena furia del bebop, traficó los ritmos cubanos al jazz estadounidense desde la big band de Dizzy Gillespie y provocó una combustión que dio origen al jazz afrocubano y, como se lo conoció después, al latin jazz. Al año, el percusionista, nacido en La Habana en 1915, moría asesinado en el Rio Cafe del East Harlem en circunstancias que siguen despertando hipótesis encontradas. Algunos sostienen que lo mataron por envidia de su éxito y otros afirman que se trató de un asunto de drogas. Sin embargo, un rumor decía que detrás del crimen se escondía un factor religioso: Chano habría dado a conocer ritmos rituales del culto secreto abakuá, con raíces en Nigeria, al que había pertenecido en Cuba.

África. Aquella raíz era lo que unía en algo nuevo la complejidad armónica de Gillespie y las congas de Pozo, que llevaban dentro el son, la rumba, el mambo, el chachachá y otros ritmos afrocubanos. De algún modo, Chano Pozo le devolvió al jazz una suerte de eslabón perdido, y la chispa desató una reacción en cadena. Los ritmos cubanos fascinaron a tantos músicos del bebop, afirma el crítico Joachim Berendt, porque en Cuba se había mantenido más viva que en Estados Unidos la tradición africana. A fin de cuentas, el de Dizzy y Chano fue el encuentro de primos hermanos que habían sido arrojados lejos de los ancestros y que en el camino habían asimilado culturas diferentes.

Gillespie, gran catalizador de lo que se dio en llamar “cubop”, tenía un antecedente: ya había entrado en contacto con la música de la isla cuando compartió la sección de metales de la orquesta de Cab Calloway con el cubano Mario Bauzá, que sería el arreglador de los Afrocubans de Machito (Frank Raúl Grillo), otro pionero. Por aquellos días, ambos, Bauzá y Machito, intentaban combinar los ritmos que habían aprendido de chicos con el jazz que sonaba en Nueva York.

Todos ellos demostraron una vez más la capacidad del jazz para enriquecerse de lo diverso y, sin orq-cuban-de-musica-modernaproponérselo, iniciaron una tradición. ¿Qué aportó el elemento cubano al jazz moderno? Sin duda, sus complejas acentuaciones rítmicas, incorporadas y transformadas luego por músicos como Stan Kenton, Charlie Parker, Art Blakey y Cal Tjader, entre tantos otros. También, una serie de instrumentos de percusión (congas, bongos, maracas, güiros) que enriquecieron la paleta tímbrica del jazz. Y junto con cierto tratamiento de los “caños”, derivado de los arreglos de las orquestas de La Habana, otro aporte fueron las composiciones originales, algunas de las cuales pasaron a ser standards del género, como “Afro Blue” (versionada por John Coltrane), de Mongo Santamaría, percusionista nacido en la capital de la isla que llegó a Nueva York a fines de los años 40 con la orquesta de Dámaso Pérez Prado, cubano de Matanzas que se coronaría “rey del mambo”.

Todo esto puede encontrarse en la serie Jazzcuba (Warner Music), integrada por ocho CD que rescatan, de las arcas del legendario sello Egrem de La Habana, grabaciones de grandes músicos y combos cubanos: Bebo Valdés y su hijo Chucho, Israel “Cachao” López y su sobrino Cachaíto, Chico O’Farril, Pedro “Peruchín” Jústiz, el cantante Guapachá y las orquestas Los Amigos, Cubana de Música Moderna e Irakere. En su mayoría, son registros de fines de la década del 50 y principios de los años 60: una música donde se mezclan ecos del Tropicana con toques de las orquestas de swing, el “Son de la Loma” de Matamoros y la guajira “Guantanamera” con “Tenderly” y “All the Things You Are”, todo interpretado por músicos versátiles y de extraordinaria capacidad técnica que además le aportan al jazz el espíritu juguetón y cálido propio del Caribe.

los-papines-y-ruben-gonzalez1En la retaguardia de este seleccionado de músicos cubanos, cuidando las raíces pero abriéndose al jazz, están Bebo Valdés y Cachao López, dos leyendas. Aún activo con más de 90 años, Bebo sorprendió en 2003 con Lágrimas Negras, en dúo con el cantaor español “El Cigala”. Cachao, que comenzó como contrabajista clásico en la Orquesta Filarmónica de La Habana y murió el año pasado tras una dilatada trayectoria, cultivó (junto con el pianista Peruchín Justiz) un estilo de improvisación en el que confluían el idioma del jazz con el fraseo típico de los ritmos de Cuba. Según el especialista cubano Leonardo Acosta, fue uno de los principales impulsores de la “descarga”, término que en el argot musical de la isla designaba las largas sesiones de improvisación. Chucho Valdés, pianista como su padre, creó y dirigió el grupo Irakere, semillero de grandes instrumentistas. Esta grabación de 1976 confirma la justa fama que se ganó la sección de metales, con Paquito D’Rivera en saxo y clarinete, y Arturo Sandoval en trompeta.

irakereCompositor y arreglador, Chico O’Farril pasó de tocar su trompeta en el mítico Tropicana de La Habana a hacer arreglos para Benny Goodman, Kenton y Gillespie en Nueva York. Allí grabó, en 1950, su Afro Cuban Jazz Suite, con Parker como solista. Más tarde trabajaría junto al argentino Leandro “Gato” Barbieri. Pero una de las más felices sorpresas de este lanzamiento es el inspirado piano de Frank Emilio Flynn en el CD del grupo Los Amigos, fundado por el baterista Guillermo Barreto, en el que revistó también el contrabajista Cachaíto López. Hijo de un estadounidense de origen irlandés y de una cubana, Frank Emilio perdió la vista en su adolescencia y se abrazó al piano. Estudió teoría y solfeo, pero pasaría de Bach y Mozart a los ritmos populares cubanos y al jazz para unirse a la bohemia habanera de los años 50. Fue uno de los creadores del filin (término que viene de la palabra inglesa feeling y alude a la mezcla del bolero cubano con el jazz). Como O’Farril, murió en 2001, y esta grabación es un acto de justicia que rescata a un pianista de exquisita sensibilidad.

De algún modo, la serie es también una suerte de documento que puede leerse -y escucharse- como una precuela de Buena Vista Social Club, de Wim Wenders, y Calle 54, de Fernando Trueba, dos películas que difundieron el legado de la música cubana y el jazz latino entre audiencias más amplias.

Junto con su padre, Bebo Valdés, dos generaciones de músicos cubanos unen esta noche en el Auditorio Miguel Delibes sus pianos y sus grandes talentos

Por: J. MIGUEL SEBASTIÁN| VALLADOLID

Fuente: http://www.nortecastilla.es/

El esperado e histórico concierto de Bebo y Chucho Valdés llega al Auditorio del Centro Cultural Miguel chucho90.jpgDelibes. Mientras Bebo descansa y recobra energías en su habitación del hotel, su hijo atiende amablemente a EL NORTE DE CASTILLA . Ambos han actuado ya con notable éxito en Barcelona, Palma de Mallorca, Zaragoza, Ordino (Andorra) y San Sebastián y tras pasar por Valladolid y Madrid, finalizarán su gira en los escenarios de Alcoy y Cartagena.

-‘Juntos para siempre’ es el primer disco realizado bajo sus nombres y se suma a las escasas grabaciones que han efectuado juntos, ¿Qué les ha motivado a realizar este trabajo?

-Nos han motivado una serie de hechos, como encuentros que hemos tenido a lo largo de los años, la grabación que realizamos para el disco de Paquito D’Rivera ’90 Miles From Cuba’ y algunos conciertos, en lo que hemos ido recordando nuestras raíces, las enseñanzas que Bebo me dio como profesor. Siempre soñamos hacer un disco en común. Representamos dos etapas de la música cubana, pero bajo las mismas raíces y principios musicales. Gracias a la inteligencia de Fernando Trueba y su ‘Calle 54’ y al super boom que representó el disco ‘Lagrimas Negras’ ahora se ha podido plasmar esta nueva idea.

-En el disco aparecen temas convertidos hoy en clásicos. Bebo, estuvo presente cuando comenzaron a popularizarse. ¿Qué recuerda de aquellas épocas?

-Yo lo viví a su lado, siendo un músico muy joven. Recuerdo que repasábamos esos temas en la casa, tocando a cuatro manos, igual que haremos ahora, pero en esta ocasión con dos pianos. Yo era entonces un adolescente sin la experiencia de hoy. Este es el mejor momento, yo he madurado y Bebo se mantiene con muy buenas facultades para su edad.

– ¿Qué permanece hoy en día en la música cubana del espíritu de aquella época dorada de los años cuarentay cincuenta?

-El sabor. El sabor y una nueva generación de músicos que realizan una música diferente, pero con una raíz común.

-¿Cómo vivió usted el momento de la marcha de Cuba de su padre, en 1960?

-Fue un momento difícil en el sentido en que yo me hice cargo de la familia, de mis hermanas, de mi madre. Pasé de la adolescencia a la jefatura familiar que ejerzo hasta la fecha. Todo cambió de repente, pero creo que la experiencia me sirvió para formarme de una forma más rápida ante la vida.

-Usted ha recibido multitud de premios por su carrera y ha trabajado codo con codo con grandes personajes de la música. ¿Además de Bebo, que figura o figuras destacaría como claves en la evolución de su propio estilo?

-Mucha gente, como Michel Legrand, con el que trabajé varios años, Dave Brubeck, Dizzy Gillespie, Herbie Hancock, Joe Zawinul, han sido grandes maestros con los que he tenido la suerte de aprender muchas cosas.

-¿Cómo ve el futuro de su propia dinastía musical?

-La dinastía me parece que va a continuar. Tengo una hija, Dayane, con la que tuvimos la ocasión de compartir escenario en el año 2003, en Tenerife, hija, padre y abuelo, con tres pianos, imagínese, fue un momento muy especial. También está mi hijo Chuchito, mi hermana María Caridad, considerada como la mejor cantante de jazz latino en Cuba, está Roberto Carlos que toca con la orquesta Los Van Van… toda una familia musical.

-¿Qué van a ofrecernos en el concierto?

-Básicamente la presentación del disco ‘Juntos para siempre’, algunos ‘standar’ americanos y algunos temas sorpresa que a Bebo se le ocurran durante la actuación.

-Por último, ¿tiene algún deseo para Cuba?

-Bienestar, prosperidad y felicidad.

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