Por José Dos Santos

(Fuente: http://www.prensa-latina.cu-3 de octubre de 2010)

La Habana.- Yasek Manzano ya es uno de los grandes trompetistas contemporáneos cubanos de jazz. En sus apenas 30 años de vida lleva más de tres lustros codeándose con lo mejor de la élite jazzística en su país y es reconocido por grandes de su instrumento a nivel internacional.

Surgido a la luz pública en el semillero de talentos que ha cultivado el experimentado Bobby Carcassés desde siempre, fue adquiriendo estatura propia hasta convertirse en líder, compositor y colaborador de grandes artistas.

El menciona con especial afecto a Bobby y otros músicos cubanos en ese derrotero siempre en ascenso y, entre los extranjeros, a Roy Hargrove y Wynton Marsalis, quienes con sus consejos y magisterio le ayudaron a trazar su propio camino.

A pocas horas de reencontrarse con Marsalis, a quien homenajearán hoy en los jardines del Instituto de la Música, resalta en diálogo con Prensa Latina que de él aprendió no sólo en el año y medio que fue su alumno de trompeta en el Instituto Julliard de New York, en 2001.

Recuerda que con sólo escucharlo y verlo tocar en el club habanero La zorra y el cuervo, en 1997, y sumársele a su invitación al escenario, sintió el impacto de sus enseñanzas.

“Es algo difícil de explicar -significa- porque te transmite una especie de energía, de convicción, de madurez y maestría de mucho impacto, máxime si entiendes su lenguaje musical”.

El tenía 17 años cuando formaba parte del Afrojazz de Carcassés e integró el “jam session” o descarga organizada para agasajar al visitante. Desde aquel momento, considera, “comencé a tocar diferente”.

Wynton Marsalis, asegura, es una especie de “fuente de sabiduría” matizada de “honestidad, sinceridad y trascendencia. Sus mensajes nacen del corazón, enraizado en su natal New Orleáns, aunque con una visión contemporánea.

Y a su juicio, esas certeras flechas sonoras resultan más impactantes cuando toca “blues”.

Manzano resalta el amor de ese tutor por la música cubana, coincidiendo con juicios de Carcassés. Mientras se encontraron en New York, le pedía que le explicara la improvisación en nuestra música y se declaraba admirador de un trompetista llamado “Florecita”, que tocaba en una grabación que tenía de una agrupación tradicional cubana.

Desde entonces, Marsalis le habló al joven trompetista cubano de su interés de volver a la isla en compañía de la banda de jazz del Lincoln Center, que fundara y dirige. Ahora hace realidad ese deseo.

Manzano explica que hay muchos puntos comunes entre la música de nuestro país y la de New Orleáns, cuna de los Marsalis: “frases en la bandas populares cubanas que se semejan a las de allá”.

Son como “vecinos que coincidimos en el surgimiento y que luego cada uno asume sus propias características”

Y pone de ejemplo al gran Louis Armstrong y nuestro inolvidable Chapotín, cuya síncopa y forma jaranera de asumir el fenómeno musical son tan parecidas.

A Wynton le agradece sus consejos de cómo explorar y explotar al máximo la trompeta, “los matices del sonido suave” o “sutilezas del sonido”, que le transformaron su forma de tocar.

Aunque también reconoce en Roy Hargrove una influencia importante en el tratamiento de agudos y sus interpretaciones fuertes, a ser osado y disfrutar de la libertad improvisadora que ofrece el jazz.

Ambos, pero en especial Marsalis por su larga temporada juntos, le ayudaron a ampliar su visión sonora. Este último, adicionalmente, le indujo a incursionar en el mundo clásico.

Ahora espera poder mostrarle al maestro los progresos alcanzados en esta década, cuando toque con la gran banda que dirigirá Joaquín Betancourt en el homenaje que le rendirá Cubadisco al distinguido visitante.

De algo está seguro: sus enseñanzas, como las de Bobby, Roy y otros muchos, continuarán ayudándolo a seguir superándose y animándole en sus búsquedas de un mensaje musical cada vez superior.

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