Por: Jorge Villa • La Habana

Fuente: http://www.lajiribilla.cu (2 de setiembre de 2010)

Aunque no resulta sorpresivo un gran éxito para alguno de los integrantes de la dinastía musical cubana López-Nussa, la nueva generación de estos creadores va dando mucho de que hablar tanto nacional como internacionalmente. Es por ello que Harold López-Nussa volvió a ser noticia el pasado sábado 21 de agosto por su concierto en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes en la capital cubana.

Harold, de 27 años, pianista y compositor de formación académica, se convirtió en una revelación en el mundo del jazz a partir del año 2005, cuando ganó el concurso de piano del festival de Montreaux, Suiza. Sin embargo, su jazz es virtuoso, elegante y timbero; nutrido de la mejor escuela de piano popular cubano ―dígase Rubén González, Bebo Valdés, entre otros―, que complementa el resto de sus diversas influencias musicales. Si anteriormente recibía muchas peticiones para trabajos fundamentalmente en lo clásico o como acompañante ―importante recordar sus trabajos junto a Omara Portuondo―, hoy muchos quieren tocar con él, empleando diferentes formatos, y no solo en el mundo del jazz.

En este concierto, Harold sacó un as que tenía guardado bajo la manga: presentó la formación original del Harold Lopez-Nussa trío, con la que grabó su segundo álbum titulado Herencia (World Village, 2009). De alguna manera fue una suerte de presentación de este trabajo al público nacional ―aun cuando algunas piezas se habían escuchado en ocasiones anteriores, pero el disco no se ha comercializado en el país. El trío cuenta con el consistente trabajo de su hermano Ruy Adrián en la batería, el suyo propio en el piano, y un contrabajista de lujo: Felipe Cabrera, quien radica en Francia actualmente, y que muchos recordarán de los tiempos en que era miembro-fundador del Cuarteto Cubano del pianista Gonzalito Rubalcaba.

En lo particular me gusta mucho la música de Harold, independientemente de la calidad indiscutible de sus composiciones, porque él ―con la humildad que lo caracteriza― disfruta sobremanera brindando espacio para que sus compañeros destaquen su potencial y enriquezcan la atmósfera musical. Para nada se trata de una competencia entre músicos ni un derroche de virtuosismo para impresionar, sino más bien una suma de talentos para ofrecer al público una obra de buena factura. Harold se encarga de guiar los hilos.

Para entrar en calor, en una sala realmente abarrotada, Harold ―a bordo de un flamante piano Yamaha― escogió el tema “E’echa”, para sentar credenciales de lo que podría esperarse en el resto del concierto, cuya segunda pieza fue su magistral versión de la contradanza “Los tres golpes”, de Ignacio Cervantes: pieza que abre el disco Herencia, con destaque para Felipe Cabrera en el contrabajo. Asimismo se presentaron otras piezas de este disco: la que le da título y la dedicada a su compañera, “Saudade”.

Invitado de lujo al concierto, el guitarrista brasileño Swamy Jr ―quien además es el productor de Omara Portuondo―, interpretando junto al trío el tema “A felicidades”, de Tom Jobim, incluido en la ópera prima de Harold titulada Canciones (Colibrí, 2007). El otro invitado ya habitual en la formación y que ha participado en los dos discos de este joven músico, es el trompetista Maiquel González González, quien se incorporó al trío en tres temas, comenzando por “La fiesta va”. Dentro del repertorio del concierto, la otra obra presente sin la autoría de Harold fue un tema de corte intimista titulado “A Camilín”, de Felipe Cabrera, tema de gran lirismo y exquisita factura, donde nuevamente el contrabajista hizo gala de su maestría.

Ruy Adrián se robó buena parte del show con sus convincentes solos de batería en varias piezas, entre las que se encuentra, por supuesto, “La Jungla” ―también perteneciente al nuevo disco. Sin ánimos de comparación, su ejecución me recuerda mucho, en ocasiones, la gran técnica de Enrique Plá (legendario baterista de Irakere) para crear ambientes y lograr detalles, la limpieza y versatilidad en la ejecución de su padre Ruy López-Nussa, pero sobre todo la energía de quien fuera baterista de Afrocuba y Cuarto Espacio, Jimmy Branly.

Luego de hora y media y contando con impecable sonido (realizado por el laureado Maykel Bárzagas Jr.), llegaba a su fin el concierto. Ciertamente fue disfrutado al máximo por los artistas ante un exigente público ―entre los cuales se encontraban prestigiosos músicos―, y Harold se despidió con la pieza “Timbeando” (también del disco Herencia), cuyo título explica por si solo el despliegue musical producido por Harold Lopez-Nussa Trío. A modo de colofón y por la exigencia del público, ejecutaron “Bailando Suiza” (del disco Canciones), nuevamente con participación de Maiquel en la trompeta. Esta es una pieza prácticamente obligatoria para las presentaciones de Harold, pues para el público cubano, hasta el momento es su obra más emblemática, gracias a su presencia en los medios y su fraseo contagioso.

Por fortuna, el Museo Nacional de Bellas Artes sigue apostando por el buen arte, por aquella música que cada quien puede llevarse en el corazón y en sus oídos al terminar cada presentación. En tan reconfortante cita, solamente extrañé en escena ―por un capricho muy personal―, la excelente versión de “Es más, te perdono”, de Noel Nicola, interpretada magistralmente por Omara Portuondo y felizmente registrada en el disco Herencia junto a Harold´s Trío. Sin lugar a duda, una bonita reunión de grandes músicos, desbordada de talento, gran energía y, sobre todo, un divino regalo veraniego para los amantes de la buena música cubana.

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