Iván García | La Habana

Fuente: http://www.elmundo.es (18 de agosto de 2010)

Cuando hace unos días un amigo español me preguntó si me gustaban los boleros de Antonio Machín, por pena le dije que sí. Sabía que se trataba de un músico cubano que vivió y murió en España, pero nunca le había escuchado cantar.

Me di a la tarea de leer más sobre él y, sobre todo, escuchar algunos de sus números más famosos. Pertenezco a esa generación de cubanos que poco sabe de los músicos, intérpretes y compositores que un buen día decidieron probar suerte en otras tierras.

Así descubrí que ‘Angelitos Negros’, uno de los mayores éxitos de Antonio Machín (Sagua la Grande 1903-Madrid 1977), figura entre las 50 canciones favoritas de los españoles de todas las edades y épocas.

En mis averiguaciones, me enteré que Machín ha sido el más conocido intérprete de ‘Angelitos negros’, pero no el único. También otros cubanos la incluyeron en su repertorio, como Celia Cruz, Miguelito Valdés, Pérez Prado, Facundo Rivero, Luis Carbonell y Fernando Alvarez. Y entre las españolas que han hecho originales versiones de Angelitos Negros se encuentran Concha Piquer, Lola Flores y Niña Pastori.

Antonio Abad Lugo Machín era hijo del emigrante gallego José Lugo y de la negra cubana Leoncia Machín. Tuvo nada menos que quince hermanos. Desde muy niño se la pasaba cantando, y con sólo 8 años interpretó el ‘Ave María’ de Schubert. Era tan pequeño que tuvieron que subirlo a una silla.

Su mayor sueño era ser cantante de ópera, pero el chico desconocía que ese género entonces estaba prohibido para negros y mulatos. En 1926, año de un devastador ciclón que azotó la isla, Machín decide irse a La Habana, donde logra sobrevivir cantando en bares y cafés. La gran oportunidad le llega cuando Don Aspiazu, nombre artístico del músico cubano Justo Ángel Aspiazu, lo contrata para tocar en su orquesta Casino de La Habana.

Una de sus interpretaciones, ‘Aquellos ojos verdes’, de Nilo Menéndez, alcanza enorme popularidad. En 1930 Machín viaja a Estados Unidos, conquistando al público con ‘Mamá Inés’, de Eliseo Grenet, y ‘El manisero’, de Moisés Simmons.

Tras exitosas actuaciones en Nueva York, en 1936 decide viajar a Europa. La Segunda Guerra Mundial es inminente. En 1939, Antonio logra llegar a Sevilla, donde vivía un hermano, Juan Lugo Machín. A pesar de la pobreza y la destrucción dejada por la guerra civil española, Machín decide quedarse.

Lo suyo por España fue amor a primera vista. Le encantaba su gente, fueran andaluces, madrileños, catalanes, vascos o gallegos. Recuerda el escritor Antonio Burgos que Machín llegó “con su cucuruchito de maní y sus dos gardenias, y quedó tan prendido de Sevilla que se casó con una sevillana”.

Según viajeros llegados de España, la memoria de Machín se mantiene viva en muchos sitios de la Madre Patria. En 2003, cuando hubiera cumplido 100 años, le rindieron el homenaje que no le rindió su patria. De las palabras dichas por aquellos días, me quedo con éstas de Joan Manuel Serrat: “La cultura de Machín está ligada a la cultura sentimental de la radio española, que suponía una pequeña ventana donde penetraba la luz en unos tiempos muy sombríos. Corrían tiempos de hambre, privaciones y miedo. Cuando yo tuve uso de razón, Machín ya estaba consolidado en la memoria sentimental de la gente”.

Anuncios