PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Para los musicólogos —y todo aquel que se interese por saber qué sentimos, cómo somos y adónde vamos— la obra de María Teresa Linares es una fuente imprescindible de consultas. Ensayos como La música y el pueblo, El punto cubano e Introducción a Cuba: la música popular, al igual que la espléndida monografía compartida con Faustino Núñez La música entre Cuba y España, constituyen referencias para el estudio de la evolución de los sonidos de la Isla, tanto por los iluminadores contenidos como por la claridad expositiva.

En la producción de discos marcó un hito al registrar la fuente viva de la tradición folclórica, cuando entre nosotros no era práctica común la grabación in situ. Gracias a ella se produjo la serie de nueve volúmenes de la primera Antología de música afrocubana, de la EGREM.

Pero estas no son las únicas grandes lecciones de Teté, una mujer que acaba de cumplir el último sábado 90 años de edad, cifra desmentida por sus ímpetus juveniles, evidentes en una actividad que no cesa. Ahora mismo, luego de años de ardua faena al frente del Museo Nacional de la Música, donde siguió la obra de María Antonieta Henríquez y cedió su legado a Jesús Gómez Cairo, entrega cuerpo y alma al trabajo en una de las vicepresidencias de la Fundación Fernando Ortiz.

La Teté que se asoma a estas líneas, la compañera del entrañable Argeliers León, la Heroína del Trabajo de la República de Cuba, es aquella que ha sabido fundar conciencia de los procesos más íntimos de la forja de una identidad a partir de una mirada abarcadora y desprejuiciada. Al tratar con igual jerarquía las savias que ascienden por el tronco de la nación, nos ha revelado los misterios de la creación popular.

Consecuente con esa concepción la hemos visto desandar por las tonadas campesinas, descifrar la herencia de yorubas y bantúes, evaluar danzones y criollas, y conmoverse ante una recia improvisación sonera, sin que deje de prestar interés a los nuevos desarrollos. Estar al día sobre lo que aportan las agrupaciones timberas es consustancial a las inquietudes de una estudiosa que no ha puesto reparos a géneros tan controversiales como el reguetón: “Dentro de este fenómeno musical —observó— ocurre una fusión de fusiones, pues ingresan también elementos nuevos que vienen del rock y del funk, por lo tanto puede ser muy atractivo y condicionar la masiva respuesta de los jóvenes”.

En estos momentos, cuando ya ha comenzado a transitar por la décima década de su fecunda existencia, a Teté le encajan las palabras que Abel Acosta Damas, viceministro de Cultura y presidente del Instituto Cubano de la Música, dijo en ocasión del homenaje que se le rindiera: “Es una gran persona, una gran cubana. Es un ser humano incalculable, de una gran bondad y se merece todo el cariño de su pueblo”.

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