ESTEBAN LINÉS ( Barcelona,  11 de agosto de 2010 en:  http://www.lavanguardia.es)

El pianista cubano Chucho Valdés tocó anoche en el festival francés de Marciac, acompañado por su nuevo grupo, los Afro Cuban Messangers. Hoy hará lo mismo en su único concierto del estío catalán, en el marco del Festival Porta Ferrada de Sant Feliu de Guíxols (22.30 h). Se podrá volver a ver y escuchar a Valdés (Quiyicán, 1941) el 17 de noviembre en el Palau de la Música dentro del Festival Internacional de Jazz de Barcelona. Unas horas antes de subir al escenario francés, el artista caribeño comentó a este diario los pormenores de su nuevo lanzamiento discográfico, Chucho’s steps.

– ¿Qué supone en su carrera un álbum como Chucho’s steps?

– Es una obra fundamental porque supone de alguna manera el inicio de una nueva era en la que estoy rompiendo los esquemas de lo que he hecho antes con el objetivo de la renovación. Y Chucho’s steps es el resultado de este proceso, un camino que ha desembocado en la fusión desde un concepto diferente de la música africana, cubana y el jazz.. Para mí se trata del mejor disco instrumental que he hecho a lo largo de toda mi carrera artística. Creo que es una necesidad evolutiva encontrar nuevos caminos, nuevas sendas de expresión.

– La música cubana ya supura de por sí mucha africanidad.

– Por supuesto, pero en esta ocasión se trata de una nueva vía exploratoria, bastante diferente a las que ya llevé a la práctica cuando estaba en el grupo Irakere. Donde más he evolucionado es en el trabajo sobre las polirritmias.

– Para ello ha modificado incluso a su grupo habitual de acompañamiento.

– Sí, los he rebautizado como Afro Cuban Messangers porque en este proyecto he querido subrayar los aspectos africanos de mi música. Por eso he incorporado a tres músicos nuevos, dos metales y un percusionista cubano especializado en ritmos africanos y que además es bailarín. El producto resultante me da la sensación de que es muy atractivo, porque además es una muestra brillante de algunos de los jóvenes nuevos talentos cubanos.

– ¿Puede describir el disco que saldrá de aquí a unas semanas [distribuido por Harmonia Mundi]?

– Todas las composiciones son originales y mías, y he procurado que estilísticamente sean lo más diferenciadas posibles… las más destacadas de entrada podrían ser New Orleans, que es un homenaje a la cuna del blues, del ragtime, del dixie y el jazz, y sobre todo un homenaje a una de las familias musicales más ilustres de allí, los Marsalis. También hay un tema, titulado Danzón, que es muy sorprendente, porque empieza como una balada, sigue como un danzón, luego como un chachachá y finaliza en clave r’n’b. También podría hablar de Zawinul mambo. Joe Zawinul fue para mí uno de los más grandes teclistas de todos los tiempos. Además fue una persona que me ayudó muchísimo psicológicamente cuando creé mi cuarteto y mi quinteto, y en otras circunstancias. Me lo encontré en un festival de música de Tenerife al que fui con mi padre, y fue allí donde Zawinul me dijo que se había enterado de que había compuesto un tema sobre él y quería agradecérmelo. Falleció dos meses más tarde.

– ¿Cómo ha decidido dar ese golpe de volante a su propuesta musical?

– No es un golpe de volante, una maniobra abrupta, sino más bien un proceso para enfatizar más unos colores que otros. La cuestión es que el último disco que hice con mi grupo, New conception, ya tiene siete años de antigüedad, y desde entonces he hecho muchas cosas, muchas giras, muchos proyectos paralelos y, en consecuencia, se han acumulado experiencias y modos de mirar la música que son diferentes a los que tenía por aquel entonces.

– Entre esos proyectos paralelos se incluye su trabajo con Concha Buika. ¿Actúa todavía alguna vez con ella?

– La verdad es que cuando acabamos de grabar El último trago con Concha, esa lindísima obra sobre las canciones de Chavela Vargas que produjo Javier Limón, la acompañé durante la primera parte de la gira de presentación pero luego lo tuve que dejar. Yo tenía otros compromisos.

– ¿Y desde entonces?

– A nivel discográfico grabé lo de Concha, luego este próximo Chucho’s steps y, lo más reciente, un álbum junto a mi paisana Omara Portuondo. Es un disco que aparecerá en la primavera del próximo año y se titulará Omara y Chucho Valdés; son un manojo muy hermoso de canciones cubanas y latinoamericanas escritas por autores clásicos del pasado siglo.

– ¿Qué ofrece en los conciertos de esta gira?

– Tocamos como mínimo una hora y media y aprovechamos para hacer un buen repaso a Chucho’s steps y después renovamos temas de todas las épocas, como una Misa negra a partir de un concepto actual, y canciones que canta mi hermana como Bésame mucho, otras de sabor africano, un tema muy divertido como Begin to be good… La gente se lo pasa de muerte, estoy convencido.

– El proceso político que vive Cuba desde la retirada de Fidel Castro de la primera línea, ¿cómo se ha reflejado en el universo musical de la isla?

– Son dos procesos paralelos. La actual generación de jóvenes músicos está revitalizando desde hace unos años la escena del jazz autóctono. Y la actividad musical, a nivel general, sigue igual de activa que siempre. El próximo festival de jazz de La Habana que se celebrará este noviembre tiene un listado de participantes más elevado que nunca.

– ¿Cómo está su padre?

– Muy bien. Ahora está en su casa de Estocolmo, pero de aquí a poco volverá a Benalmádena, a la Costa del Sol española, que como sabe es donde ahora vive la mayor parte del año. Le va muy bien el clima. De momento se ha tomado un reposo a nivel profesional, pero quizá el año que viene haga alguna cosa.

– ¿Se esperaba ganar dos Grammy distintos gracias al disco que grabó con su padre Bebo, Juntos para siempre?

– ¡Jamás, jamás! Yo creo que debe de ser uno de los poquísimos discos que haya obtenido un Grammy Latino y un Grammy de los norteamericanos en la categoría latina. Mi papá y yo aún no nos lo creemos… pero la verdad es que es un álbum muy bonito y muy entrañable para nosotros.

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