Por: Juan José Olivares
Periódico La Jornada
Martes 11 de mayo de 2010, p. 9

La música es lo que da equilibro a los cubanos, resume Chucho Valdés, considerado uno de los mejores pianistas del orbe.

En entrevista, argumenta: “Históricamente, la música es el pan nuestro de cada día. Es lo que respiramos. El cubano hasta camina con ritmo, habla con éste… En mi caso, la razón fundamental de mi existencia, de mi ser, es hacerla; alimentarme de ella y siempre buscar cosas diferentes…”

Valdés es compositor, arreglista, profesor de música; creador de unos 87 discos y más de 33 colaboraciones con artistas internacionales. Es fundador del combo seminal Irakere, que destacó por desarrollar un híbrido de jazz, rock, pero, sobre todo, de un sonido de percusiones afrocubanas. Tiene varios doctorados honoris causa. Ahora produce un disco “precioso” con Omara Portuondo; otro más con Pablo Milanés (de jazz, en el que “el trovador canta en inglés; se sorprenderán”). También hace una placa con el pianista dominicano Michel Camilo, y, en conjunto con su paisano Gonzalo Rubalcaba, produce uno más con Mariza, “la mejor cantante de fado en la actualidad”.

El próximo viernes 21 de mayo a las nueve de la noche, en el Lunario del Auditorio Nacional, presentará a su nuevo combo: The Afro Cuban Messengers, con los “más talentosos jóvenes músicos cubanos”. Se trata de una banda que, según él, “romperá esquemas musicales”. Estos muchachos habaneros lo acompañan en su nuevo disco, Chucho’s Steps, placa hecha por “unos mensajeros” con arreglos complejos de total y absoluto afrocuban jazz, que plantearán la “herejía” de “introducir un cambio”.

Virtuoso

Enredado en las cuerdas de su instrumento desde los tres años, Chucho Valdés –poseedor de siete premios Grammy– ya reproducía de oído las melodías que se emitían en la radio. A los cinco tomaba clases de piano y teoría. Y a los 14 egresó del Conservatorio Municipal de Música de La Habana. Un año después formó su primer trío de jazz, y tiempo más tarde debutó en la orquesta Sabor de Cuba, dirigida por su padre, Bebo, uno de los mejores directores orquestales de la isla.

Chucho, con el buen karma dado por los grandes, como Benny Moré, quien alguna vez vaticinó que sería mejor que papá, no ha dejado de producir: acaba de ganar un Grammy por Juntos por siempre, grabado a dos pianos con Bebo, y ahora trae a este nuevo grupo, con el que “sólo retomamos los conceptos afrocubanos de otra forma más contemporánea, incluso más que con Irakere. Es un trabajo evolutivo sobre la polirritmia afrocubana. Trabajo con músicos de la generación más reciente; los más talentosos e innovadores en estos momentos”.

Esos talentos a los que se refiere Valdés son: Mayra Caridad Valdés, en las vocales; Lázaro Rivero Alarcón, en el bajo; Juan Carlos Rojas, en la batería; Yaroldy Abreu Robles, en las percusiones; Dreiser Durruthy Bambolé, en los tambores batá y las vocales yorubas; Carlos Miyares Hernández, en el sax tenor, y Reinaldo Melián Álvarez, en la trompeta.

Los describe: “Abreu es el más brillante de los congueros cubanos; estudió percusión sinfónica, tiene formación de academia y escribe cualquier cosa. Se especializó en los toques de las congas y posee una base teórica fuerte. Dreiser, de 25 años, es quien más sabe de la cultura folclórica de los batá; se graduó en el Instituto Superior de Arte y Danza Clásica, pero conoce la danza africana ritual perfectamente. Une ambos elementos y la lengua yoruba se la sabe de cabo a rabo. Está considerado el sucesor de Lázaro Roque, el más grande que hemos tenido en el género. El baterista, Juan Carlos Rojas, es de Santa Clara y le dicen El peje. Cuando toca es como pez en el agua. Lázaro Rivero es un bajista increíble que lleva tiempos perfectos. Los metales son, en el sax, Carlos Miyares; no hay alguien que toque mejor. El trompetista es Reinaldo Melián, una especie de Miles Davis”.

Chucho alaba a los músicos de la isla, más aún cuando esta expresión ha sido, desde su perspectiva, lo que los ha mantenido sanos espiritualmente. “Las cosas políticas son de ese mundo. Nosotros nos enfocamos en la música y de ahí no salimos”.

“Es el lenguaje universal y no debería tener interrupciones por problemas de otro tipo. La cultura no tiene nada que ver con la política, ésta debe fomentar a la primera; si otro lo ve de otra manera, lo respeto”, afirma.

En el concierto Valdés ofrecerá temas de Chucho’s Steps, que saldrá por septiembre y contendrá un guiño al tema clásico Giant Steps, de John Coltrane, “un estándar muy complicado armónicamente. Aunque el que compuse lo es un poco más”.

Ante Chucho Valdés, quien se ha presentado en los escenarios más importantes, no se puede evitar el comentario de su relación con Bebo: “Fue el primer pianista que vi tocar y quien me formó en este arte. El que me dijo cuáles eran los caminos por los cuales transitar. Fue mi primer maestro, quien me llevaba a la escuela y el que me dio la experiencia. Él fue quien hizo una banda para que aprendiera a escribir para big band. Se quitó del piano y se puso a dirigir para que yo, con 15 años, debutara. Papá, director y maestro, ¿qué más puedo pedir?”

A Bebo lo ve seguido en España. “Hicimos Juntos para siempre, un diálogo que va más allá de la música. Es un disco que tiene muchos secretos, de los cuales te das cuenta cuando lo escuchas. Lo tengo en mi corazón como algo muy importante en mi vida, porque al final pude grabar con mi padre. Él y yo solos, con dos pianos. Todo lo que hacíamos en la casa de La Habana, lo que aprendí de niño, lo llevamos al disco por fin. Es un homenaje porque hay un tema que él me dedica, otro que yo le dedico, y otro que compusimos entre los dos”, comenta.

Agrega que cuando está en casa de su papá, “no salimos en unos 10 días. Tocamos piano (hay dos), hablamos cosas de la familia, de los abuelos, comemos bacalao… no necesitamos abrir la puerta para nada”.

Fuente de innovación

Pese a realizar giras por el mundo, Chucho es de los músicos que consideran que La Habana es su “fuente de producción y de innovación”, por lo que le encanta vivir ahí, “por la lógica: aquí nací, aquí están mis raíces. Mi familia, mi mamá. Aunque a veces me dicen que vivo en los aviones. En todas partes y en ninguna al mismo tiempo, pero a partir de Cuba. Ciento por ciento mi espíritu está acá. Adquiero la tradición de aquí, no en otro lugar. Igual hay otros músicos que recogen raíces de otros lugares y tiene su sentido y deciden vivir en otro sitio, eso tiene que ver con sus intereses personales y no con cuestiones de política. Machito trabajó desde los años 40 en Estados Unidos hasta que murió, y eso no era política, simplemente los intereses musicales estaban allá. Al final es arte”.

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