Por: Yelanys Hernández Fusté

Correo: yelanys@jrebelde.cip.cu

Fuente: Juventud Rebelde, 07 de febrero de 2009

Kaloian

Vivanco invitó a su concierto al maestro Eliades Ochoa y a Ernesto Rodríguez para interpretar clásicos como Veneración y El fiel enamorado. Foto: Kaloian

William Vivanco es un cantante que se mueve en las diferentes «aguas»  en la interpretación. El artista santiaguero le insufla a su voz una diversidad de matices, que brindan organicidad y riqueza a sus ejecuciones.

Desde el recordado Cimarrón hasta los temas de su último CD La Isla milagrosa, Vivanco nos propone aguzar los oídos para recordarnos que, con guitarra de fondo, letra y creador tienen un compromiso indisoluble.

De esa unidad implícita y de los nuevos proyectos del artista, trató el concierto que William ofreció el pasado martes, en el Teatro Mella de la capital.

Se escogió para la apertura el estreno del videoclip Cuando vuelvo. El ma-terial audiovisual, que cuenta con pinturas del artista de la plástica Vicente Bonachea, penetra en el mundo del sincretismo -algo que ha rodeado las carreras tanto del pintor como del intérprete-, y es allí donde se recrea un mundo lleno de colores y misticismo.

«Disfruté mucho hacerlo. Me gusta la obra de Bonachea y el color naranja que utiliza en sus piezas», expresó Vivanco en la presentación del clip a la prensa.

Cuando vuelvo pertenece al fonograma La Isla milagrosa, facturado por la EGREM. El video fue realizado con auspicio de la Asociación Hermanos Saíz. Alrededor de 1 500 fotos fijas fueron escogidas entre más de 4 000 tomadas en un día de trabajo. Mediante un proceso de animación y edición, sus realizadores lograron darle dinamismo a esta historia, que evidencia que la vida no escapa a las reflexiones de ambos creadores.

Junto al videoclip se sumaron al con-cierto del Mella otras novedades que lo hicieron atractivo. Sorprendió el encuentro de Vivanco con su coterráneo Eliades Ochoa, quien no perdió la oportunidad de expresar lo bien que se sentía «con la juventud y sabiendo que el futuro de la música cubana está garanti-zado».

Esa raíz tradicional cultivada por Ochoa y la «onda trovadoresca» de William se entretejieron con acertado juicio con los clásicos Veneración y El fiel enamorado. Allí los acompañó el ex integrante del dúo Postrova Ernesto Rodríguez, con quien Vivanco cantara en su natal Santiago.

Y de ese trabajo con Rodríguez, ambos cantautores recordaron El viejo Simón, un tema lleno de referencias a lo afro, sin que las raíces soneras se ausentaran de su sonoridad.

Otros títulos se sucedieron en la velada del martes y en ellos se palpó el desdoblamiento vocal de William, una capacidad técnica fomentada desde su paso por el Coro Madrigalista, una de las agrupaciones corales más antiguas de Santiago de Cuba.

Algo que el artista tampoco ha negado es el empirismo que hay en su música: «La guitarra prácticamente la aprendí en la “calle”. Soy un músico callejero», como comúnmente se dice».

Han nutrido igualmente al cantante su estancia en el dúo Willer, la experiencia adquirida en su carrera en solitario, y su trabajo con el proyecto Interactivo.

«Con este último aprendí el rigor de los grandes escenarios. Robertico Carcassés es una persona modesta, tiene una gran facilidad para agrupar a los músicos, y logra que todos se sientan bien. Con Interactivo he podido improvisar y me ha aportado muchos conocimientos. Recién grabamos el tercer disco, del que saldrán cosas muy interesantes».

La búsqueda constante del sabor cubano ha devenido, para este cantor de 33 años, compromiso imprescindible con la música. «Componer una canción para mí es una alquimia. Lo asumí así hace un buen rato. Hay que tener una gran responsabilidad con ellas, porque me he dado cuenta de que es la profesión que puedo hacer, y me la tomo bien en serio».

El autor de Mejorana y Trovando afirma que los cubanos deben conocer profundamente nuestra música. «La gente también debe escuchar las melodías de las décadas del 20, 30, 40 y 50. Los jóvenes no las conocen, yo mismo em-pecé a oírlas hace poco tiempo.

«El changüí está en Guantánamo y estamos esperando a que otro Ray Cooder venga a “descubrirlo”. Las nuevas generaciones no tienen referencias, porque no conocen a fondo la música na-cional.

«Por eso pienso irme a Oriente, no puedo pasar mucho tiempo sin estar allí. Del changüí no entiendo nada y quiero aprenderlo. El bongó en ese género suena diferente al del son. Estoy terminando un tema de ese corte y quiero instruirme. Quiero seguir el camino de la investigación en la música cubana».

Esa necesidad de Vivanco de indagar sobre la melodía criolla emergió desde que comenzó a visitar otras naciones. «En esos viajes me doy cuenta de que nuestra música necesita más atención por parte de los artistas.

«Los cubanos debemos defender más nuestra sonoridad, pues aquí se ha creado un sinnúmero de estilos que enriquecen la historia musical del planeta, como el pilón, son montuno, danzón, changüí, bolero y otros. Somos nosotros quienes tenemos el deber de cultivar la música, además de que lo hagan los brasileños o los europeos».

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