Por: Rafael Lam
27 de Septiembre, 2008

(Cubarte).- La musica cubana tiene un carácter de resistencia, desde los tiempos de la colonia, en que las danzas cubanas, la habanera, el danzón, la guaracha, el bolero, la criolla, la conga y la rumba se enfrentaron a los ritmos de origen europeo: valses, polcas, fandangos, óperas y zarzuelas.

Este 2008 se cumple el 110 aniversario de la conocida guerra en Cuba, el 15 de febrero de 1898 explota el acorazado “Maine”, en marzo ya estaba preparada la guerra yanqui y el 18 de abril el Congreso estadounidense firma la resolución que declara la guerra. El General Leonard Wood se encarga de la invasión. Desembarcaron cerca de 16 mil soldados y oficiales

Terminada la guerra, firmado el Tratado entre España y los Estados Unidos, los imperialistas comenzaron a comprar tierras, centrales, fábricas de tabaco, ferrocarriles, hoteles. Comenzaron a invadir los primeros grupos y orquestas de los Estados Unidos. Leonardo Acosta nos recuerda que en 1917 ya se había hecho la primera grabación de jazz. En la década de 1920 se encuentran jazz band en casi todas las provincias. “En Cuba, o más bien en La Habana, esas orquestas venían a llenar una demanda creciente de los ciudadanos estadounidenses residentes en la Isla, del naciente turismo y de una burguesía ligada a los intereses norteñas. Surgen en la capital clubs de la nueva burguesía donde se tocaba “society music” (música de la “buena sociedad”)

Ya en la entrada del siglo XX, dominaban el One Two, Two Step, Charleston, fox-trot, Jazz. “Las quejas eran continuas y ardorosas, redactó Osvaldo Castillo Faílde, -sobre todo en la capital- los ritmos extranjeros monopolizaban los reinados de Euterpe y Tepsícore, proliferaron los sitios donde se relegaba a un segundo plano el Danzón, quien mantenía su vigencia solamente en sociedades de negros como El Pilar y el Liceo de Jesús del Monte. Era, como muchas veces sucedía en Cuba, una moda, resultaba “chic” el dedicarse a lo foráneo, despreciando lo nuestro, que era lo mejor. Y así veíase en todas partes nuevos tipos o modelos de orquestas (jazz band), que inclusive llevaban nombres americanos, tocando música extranjera y desplazando nuestros tipos de formatos orquestales y nuestra música vernácula”.

Pero los músicos cubanos más auténticos, genuinos y fieles, nunca se ha quedado indiferentes ante las invasiones de música foránea. En la década de 1920 comienza la fiebre de los sextetos y septetos, las grabaciones en los Estados Unidos que se regaron como pólvora por todo el continente americano. Se inicia lo que la musicóloga María Teresa Linares llama el “primer boom de la música cubana en el campo nacional e internacional”.

Una riqueza instrumentística fascinante y hereje desconcertaba y asombraba a los invasores musicales. Poco a poco la percusión cubana invadía al mundo incluyendo a la batería sinfónica de las orquestas de concierto europeo. El ritmo era vibrante y dulce, lleno de variables tímbricas. Las creaciones, no menos sorprendente llenaban de sabrosura el torbellino tropical caribeño:

Échale salsita, Esas no son cubanas, El que siembra su maíz, Cómo está Miguel, Suavecito, La cachimba de San Juan, Mentira Salomé, No juegues con los santos, Mamá son de la loma, la lista es interminable, la gente terminaría diciendo:

“El son es lo más sublime/ para el alma divertir
Se debería de morir
Quien por bueno lo entienda”

Después del Boom de son cubano, no cesaron de llegar invasiones musicales de las comedias musicales en el cine y de músicas de america, el tango, la ranchera con sus mariachis y otros modos musicales.

La Conga y la Rumba, que casi siempre vienen al rescate de la música cubana, ya estaban creando “cabezas de playa” en los Estados Unidos y Europa. Se crearon en Nueva York el Cabaret La Conga y la rumba sonaba en la orquesta de Xavier Cugat, donde cantaban cubanos como Desi Arnaz y Miguelito Valdés, en el fastuoso Hotel Waldorf Astoria.

Pero en 1930 acontece el Primer Boom de la música latina impulsado por una composición cubana: El Manisero de Moisés Simons (Son-Pregón, compuesto hace 60 años), grabado en Nueva Jersey, por el cantante Antonio Machín con la orquesta de Justo Don Azpiazu. La fiebre de El Manisero abrió el camino en la industria de la música de America Latina.

El Manisero entro en el glamour de Hollywood, lo llevaron al cine con la película Cuban love song, la Reina María Victoria la incluyo en sus bailes en el palacio de Buckinghan, en donde Marión Sunshine (cuñada de Don Azpiazu) la cantó en inglés. Los mejores casinos de Europa escucharon el sonido cubano con la orquesta de Azpiazu y después con la Lecuona Cubans Boys. Las versiones de El manisero se contaron por cientos, la fiebre llego a tal extremo que en la Melody Lane Fountain, el teatro Velasco de Los Ángeles ofrecía un helado llamado El Manisero, hecho con nueces.

El danzón tuvo una etapa de cansancio y es así como se “maridan” (hacen un matrimonio), se funden para crear diversas variables tímbricas, lo primero es el Danzonete y después le sigue el Mambo que es la más grande explosión sonada en el mundo de la musica cubana; mucho antes que el Rock and Roll de Elvis Presley y Bill Haley y sus Cometas.

“El mambo puso patas arriba al planeta”, escribió Gabriel García Márquez en 1951, la iglesia se aterrorizó ante la avalancha sonora, en el Asia tomaron medidas para que la candela no llegara tan fuerte. En Nueva York los rascacielos temblaban con la música de Pérez Prado el Rey del Mambo.

Después del mambo, casi simultáneamente, por otro canal surge el Cha cha chá, un baile sin igual que puso a danzar hasta la Reina Isabel. Todo iba al ritmo de Cha cha chá en el planeta, Brigiette Bardot lo baila en la película Y Dios creo a la mujer, el gran musical West Side Store, dedica su tema principal a un Cha cha chá, titulado: María y tampoco faltó un mambo cubano. Los éxitos en el Hit Parade estadounidense e internacional estaban llenos de Mambos, Cha cha chà y de otros ritmos cubanos.

“El Cha cha chá -dijo Enrique Jorrín- desalojó o desestabilizo, de la aristocracia a las jazz band y dio de comer a todos los músicos pobres de Cuba, fue como el renacimiento de la música cubana: Aragón, Sensación, Melodías del 40, Fajardo y sus Estrellas, Neno González, Sublime, Ritmo Oriental, Estrellas Cubanas”.

La década de 1950 fue -según muchos- el gran momento, la culminación de la música cubana, de ese fruto es el “símbolo” Benny Moré que con una jazz band de formato estadounidense la llevó a que sonara, al estilo de un septeto de son (vale decir a lo cubano).

Después de la década de 1950 viene una etapa de crisis, renovación, remodelación y la avalancha del pop electrónico (la musica de acero), de la galaxia eléctrica, de la modernidad. Las músicas nacionales se arrinconaron.

En Cuba se mantuvieron en la resistencia: Los Van Van, Revé, Irakere, La Monumental, Los Latinos, Los Reyes 73, Rumbavana, La Ritmo Oriental, Son 14, El Charangón con Juan Carlos Alfonso. Llega lo que tenía que llegar: El boom de la Salsa Cubana

En la década de 1960 invade al mundo la llamada música pop electrónica de la música de acero de la galaxia eléctrica. La música se universaliza totalmente, por vez primera en el mundo, después del Encuentro de Culturas entre Europa y América.

Las músicas nacionales caen en crisis mundial, se hace una música estandar, uniforme, “un sombrero que le sirve a todo el mundo”, como diría Julio García Espinosa, cuando atendía la música, como viceministro de Cultura. El pop influye hasta en los trovadores como Silvio Rodríguez y el grupo ICAIC, dirigido por Leo Brouwer.

Durante más de veinte años el pop y el rock se mantuvieron en la vanguardia internacional. Cuba, contra viento y marea, enfrenta al pop, su música más representativa, la música rítmica bailable: Primero el mozambique de Pello el Afrokán (iniciadores de una nueva timba), más adelante: Los Van Van/ Irakere/ Son 14/ y Revé son los cuatro jinetes del baile popular.

En 1984, Elio Revé con su nuevo Charangón (piano y orquestaciones de Juan Carlos Alfonso) suena un bombazo musical: “La explosión del Charangón”, preludio del Boom de la Salsa Cubana. Después del Charangón, Juan Carlos Alfonso decide en 1988 crear su propia banda Dan Den, con una onda un poco más juvenil bailable.

Es justamente en ese 1988 (se cumple ahora el aniversario 20), NG La Banda, dirigida por José Luis Cortés inicia el experimento de una música que devendría un gran boom de la salsa cubana. En noviembre de 1989, la dirección de NG La Banda organiza una gira nacional por los barrios, la primera de una orquesta bailable.

NG La Banda crea un nuevo concepto, sonido y estilo, el Boom de la Salsa Cubana, llamada después Timba (mezcla de son, rumba, guaracha, mambo; con un toque de jazz, pop, rock, rap, caribe), una especie de FUNKY CUBANO.

En una etapa de crisis económica (caída del campo socialista), se reanima el turismo, la música cubana comienza a reclamarse en Europa, las agrupaciones organizan giras internacionales que les permite conseguir instrumentos musicales, equipos técnicos de sonido.

La explosión provoca una proliferación de nuevas bandas salseras, se abren salones, se rehabilitan otros: El Palacio de la salsa, La Tropical, La Cecilia, El Aché, el Rojo del Capri, El Turquino, Café Cantante, Delirio Habanero, El Diablo Tun Tun y más adelante las Casas de la Música: Miramar y Centro Habana (Galiano).

Los músicos de la salsa latina (newyorkina) se ponen nerviosos con la invasión cubana: “Si vienen los cubanos, otra vez tendremos que volver a la escuelita”, aseguraba el Gurú de la salsa Tito Puente. Y así mismo resultó: El 4 de diciembre de 1996 (en el Gran Momento del boom de la salsa cubana), tras varias décadas de intentos, Los Van Van logran finalmente recibir los visados para invadir con su música los Estados Unidos, principalmente Nueva York. “La salsa viene de Cuba y la trae Van Van”, dijo en un estribillo, el corifeo mayor Juan Formell.

Los cables de la UPI, AP, EFE, AFP, consideran a Los Van Van como la mejor banda de salsa del mundo. Difunden al mundo entero: “Los Van Van han logrado por primera vez permiso del Gobierno de EE.UU. para realizar una gira por el país y su líder, Juan Formell, asegura que siempre regresará a Cuba porque es lo que le da su aspiración”.

“Al fin llegaron los cubanos” “Los Van Van, cronistas musicales de la vida de la Isla” (Juana García Conejero/ El Mensajero)

“Llegaron, tocaron y se ganaron los corazones” (Lavonne Luquis, Latino Link, 1997)

“Escuchar a Los Van Van es como toparse con un hermano gemelo quien te había sido arrebatado ala nacer y enviado a criarse a la vuelta del mundo” (Peter Watrous/ The New York Times)

Después de Los Van Van le siguieron NG La Banda, La Charanga Habanera, Revé, Dan Den, Adalberto, Bamboleo, Manolito Simonet, los grandes todos de la salsa cubana. Hubo un fin de año en que se encontraban más bandas de primera categoría salsera en Nueva York que en La Habana. Los cubanos tomaron por asalto los salones y teatros más resonantes de la Babel de hierro: Carnegie Hall, Avery Fischer (Lincoln Center), S:O:B y demás recintos bailables.

A tal extremo llego la invasión que en la Costa Oeste (Los Ángeles, San Francisco), muchos músicos estrellas de la salsa latina como Eddie Palmieri, tuvieron que tocar gratis en Los Ángeles para promoverse y salir a flote ante la aplanadora salsera de Cuba.

En Europa se abren Palacios de la salsa -al estilo cubano-, escuelas de baile y, ahora (siglo XXI), vemos un documental del periodista cubano Isidro Estrada, que los chinos y chinas (de todas las edades), muy sueltos, se han hecho fanáticos al baile salsero y ¡qué bien bailan!, lo hacen mejor que yo (chino cubano) y mejor que los europeos. Ya lo había dicho el empresario de la salsa Ralp Mercado: “La salsa se escuchará hasta en la Luna”.

Fuente: CUBARTE

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