La última Diosa de la Música Cubana nos regala una nueva producción (dos en este año: la otra fue Omara Portuondo/María Bethania, rpmusic, 2008). Disfruten esta entrevista y escuchen un poquito del Cd “Gracias”.

Y Doña Omara…, desde “La Esquina del Son” le agradecemos que siga alegrando nuestros corazones con esa cosa tan linda, que es la música cubana.

Por: CARLOS GALILEA

BABELIA (Diario El País)

13-09-2008

No pude controlar la emoción al cantar Silencio con Ibrahim [Ferrer]”. Las lágrimas de Omara quedaron en la retina de muchos gracias al documental de Wim Wenders sobre Buena Vista Social Club. “Desde niña yo escuchaba en la radio de casa a una contralto negra que se llamaba Mary Anderson en retransmisiones que se hacían desde el Carnegie Hall de Nueva York. Y al llegar al Carnegie Hall pensé ‘¿qué hago yo aquí?’. Es un lugar muy especial. Y cuando veo colgadas las fotos de Mary Anderson y de toda aquella gente, y sale Ibrahim con esa voz tan linda, y empiezan a aplaudir tanto, me emocioné muchísimo”, dice la cantante desde su domicilio en La Habana.

“A Ibrahim lo conocía hacía muchos años y lo estimaba mucho, teníamos mucha empatía. Se me perdió de la vista y de pronto se me aparece ahí en Buena Vista Social Club. Empezamos a grabar el número de Rafael Hernández sin ensayo ni ná y cuando se termina la grabación empieza a aplaudir todo el mundo en el estudio”, recuerda. “Con el éxito de Buena Vista resurgió lo que anhelábamos nosotros de que Cuba pudiera llevar su música nuevamente por el mundo y que la disfrutaran tanto como la disfrutaban. Fue importantísimo porque tú puedes ser aficionado al café, pero el chocolate existe ¿verdad? Y ése era nuestro dulce rico que la gente se estaba perdiendo”.

Omara Portuondo vive en el piso 12 de un edificio con vistas privilegiadas sobre el Malecón. Se definió una vez como chancletera y batilonguera: “Bueno, porque la ropa de las mulatas cubanas tiene influencia española. Han usado siempre los vestidos esos largos con vuelos y también las chancletas. Y yo soy mulata pura, la mezcla de España con África”.

Nació hace 77 años -cumple uno más el 29 de octubre- en el popular barrio habanero de Cayo Hueso -“había muchos rumberos y salían las comparsas y nosotros íbamos detrás de ellas. En las tardes de calor la gente se sentaba en las aceras a charlar”-. Sus padres vivieron juntos en una época en que los prejuicios raciales eran más fuertes que ahora. “¡Imagínate! A mi madre, nacida en Cuba, pero hija de españoles, de un militar español, Manuel Peláez, se le ocurrió enamorarse de un negro, producto de un Portuondo vasco, un militar que estuvo en Santiago de Cuba, con una esclava. Esa esclava tuvo un hijo que fue mi abuelo y ese abuelo después ahorró dinero para comprar su libertad”, cuenta. “Estuvieron juntos hasta que mi mamá falleció y mi padre siempre dijo que ella era la mejor mujer del mundo. Nunca más tuvo pareja ni nada. Un amor lindo y fuerte. Y los tres hermanos [Omara es la mayor, Iván murió y Haydée vive en Miami] aprendimos que los colores de la piel no son los fundamentales. Además las mezclas son buenas”.

Su nieta Rossio, de nueve años, canta con ella la simpática rumba Cachita en el disco Gracias. Dice que le recuerda a ella cuando era una cría. “Casi todos los niños tienen la idea de cantar y bailar. Y los papás se creen que son lo mejor que han visto. Pero mis padres tuvieron una visión bien grande conmigo. Yo no quería cantar ni bailar porque era muy tímida y ellos me señalaron el camino diciendo que iba a representar a mi país en todo el mundo con esta carrera artística y profesional.Fueron los que me decidieron porque a mí la música siempre me llamó mucho la atención. Todavía soy tímida, pero este trabajo me ha ayudado mucho a parecer que no lo soy”.

Gracias empieza con Yo vi (J’ai vu), una delicada canción del francés Henri Salvador de la que asegura que le da una sensación de paz enorme y le recuerda mucho al Caribe. Tanto que la inicia con un fragmento de Amo esta isla, de Pablo Milanés. Lo canturrea por teléfono: “Amo esta isla, soy del Caribe, jamás podré pisar tierra firme porque me inhibe”. Toda una declaración de amor a Cuba. “Nosotros somos más bien optimistas. Siempre estamos con el disfrutar de la vida y las cosas más bonitas. Como dice la canción, ‘la realidad es nacer y morir’. La misma realidad que existe en el mundo entero”. Que no espere nadie una crítica al régimen cuando se le pregunta por la situación cotidiana en la isla. A Omara le gustan los dobles sentidos y se escabulle con retranca: “A veces me pregunto cómo estarán los esquimales en esa parte del norte del mundo. Cómo será la vida de ellos con el hielo constante ¿te imaginas? El ser humano tiene un sentido de la adaptación increíble. A veces es bueno y a veces no tanto”.

De Milanés ha incluido en el nuevo disco Ámame como soy -que ya cantó Elena Burke- y Tú mi desengaño. Sorprendentemente es la primera vez que graba algo del trovador de Bayamo. “Yo siempre le decía a Pablo ‘tú haces las canciones nada más que para ti, para cantarlas tú’. Y él se reía. Como diciendo ‘esta muchacha es tremenda, tiene cada cosa’. Sigo creyendo que nadie puede cantar sus canciones como él, pero ahora me atreví”. En cambio fue la primera en popularizar una canción de Silvio Rodríguez, La era está pariendo un corazón. “Todavía la canto porque me la siguen pidiendo. Creo que estaba dedicada al Che Guevara. Pablo y Silvio se conocieron a través de mí porque yo escuché a Silvio en un programa de televisión y le dije a Pablo ‘hay un muchacho que tiene unas canciones muy lindas”.

Gracias está producido por los brasileños Alê Siqueira (Tribalistas) y Swami Jr, y cuenta con la presencia de Chico Buarque, que canta a dúo con ella O que será. “Los cubanos amamos la música de Brasil. Primero, porque tienen una manera de hacer la música maravillosa, textos, melodías, ritmos… Y porque Brasil y Cuba tienen muchas cosas comunes. La religión yorubá. Dicen que los esclavos que llevaron a Brasil son de la misma parte de África que los que pasaron por aquí. Y eso influye en todo. Los brasileños son positivos. Siempre están alegres. El cubano es así también. Donde nadie se puede imaginar tenemos un chiste”.

Los números lentos, como Drume negrita o Rabo de nube, dominan el disco. Y, aunque a Omara le gusta cantar “todo lo que sea accesible a mi oído’, dice evocando un concierto suyo en Austria con orquesta y música de Rachmaninov, los tiempos pausados los borda. Ry Cooder opina que es una extraordinaria cantante de boleros. “Tengo la cosa amorosa, romántica, pero también lo ritmático. Este disco ha salido muy tranquilito y yo no sé si a ustedes les gustará que yo sea tranquila pero, bueno, estoy en un momento así”.

Además de los bajistas Richard Bona y Avishai Cohen, y del percusionista Trilok Gurtu, tiene a Cachaíto y a Chucho Valdés acompañándola en una canción de su hijo y representante Ariel Jiménez. “Chucho nunca la había oído y al llegar al estudio le dieron la partitura. La cogió, como hace él, prodigiosamente, y empezó a masticar el número como decimos nosotros”. Con Chucho Valdés grabó en 1997 Desafíos. “Era piano y voz y fuimos haciéndolo casi espontáneamente en horas nada más. No sé qué repercusión tuvo, pero era un disco muy bueno. A Chucho lo conozco desde niño, porque su papá, que es Bebo Valdés, lo llevaba a los ensayos de Tropicana cuando yo bailaba allí”. Antes de que Bebo -que está a punto de cumplir los noventa- saliera para siempre de Cuba Omara llegó a grabar con él. “Ese hombre era una campanita. Siempre se estaba riendo. Tenía un espíritu del tamaño de él, grandísimo, y era muy enamorado. No lo vayas a decir por la esposa… Bueno, a la esposa no le debe pasar nada ya. Siempre estaba tratando de enamorar y me enamoró a mí también. Y mira que no me interesaba un hombre tan grande, la verdad, pero cada vez que te lo encontrabas te daba la alegría de la vida”.

Durante la conversación se refiere varias veces al Cuarteto D’Aida. “En Cuba fue lo máximo. Aida, la directora, tenía una forma de montar las voces excelente. Éramos cuatro mulatas, que hacíamos cosas con armonías de esa época. Para mí fue una universidad. Todas amábamos nuestro trabajo. Elena, Moraima y Haydée, de la que nunca se habla, pero que era muy importante porque era la voz prima, la más aguda. Ella era muy tímida y nunca quiso hacer un solo”, apunta. “Por Haydée fue que entré yo a bailar. Ella estaba en el ensayo de una producción nueva de Tropicana y yo la acompañaba. Quitaron a una de las muchachas que no tenía condiciones y ella le explicó a la que dirigía aquello que yo podía hacerlo. Me negué por timidez. Tenía mucho miedo, pero mi mamá me dijo ‘muchacha, ayuda a esta gente que van a empezar a trabajar y les falta una persona”.

En aquellas noches mágicas de La Habana la joven Omara vio actuar a Pedro Vargas, Josephine Baker, Edith Piaf, Maurice Chevalier, Tony Bennett… “Tuve esa suerte. A Nat King Cole, que era un caballero y un artista extraordinario, lo traté más porque estuvo más tiempo en Cuba. Yo estaba en el Cuarteto D’Aida y le hacíamos la presentación. Cantábamos Blue gardenia y entonces salía él”, cuenta.

Menciona un par de veces la foto publicada en EL PAÍS en abril de 1995 -“no se me olvida allá detrás de la Gran Vía de Madrid”- en la que Claudio Álvarez se empeñó en hacerla posar encaramada a una moto. Tiene palabras agradecidas para Manuel Domínguez, con el que grabó discos para su sello Nubenegra, y para Gloria Parra, de la promotora Yeiyeba, que se ocupó entonces de conseguirle conciertos. Antes ya había estado de gira por España con un espectáculo de Tropicana y hasta participó en algunos pasacalles. Un día El Loco de la Colina se la llevó a Sevilla: “Yo estaba en Tropicana y apareció un personaje que quería hablar conmigo. Me dijo que se llamaba Jesús Quintero, que iba a abrir un local y que quería que yo fuera a trabajar allí. Me insistió y fui. Estuve seis meses. Me gustó mucho Sevilla. Los andaluces tienen esas ganas de vivir y esa manera de ser que tiene que ver con nosotros. Ustedes tienen un país tan lindo que espero sepan el tesoro que tienen. Aunque Compay Segundo decía que por qué nosotros los cubanos teníamos que pedir visa para entrar en España. Ese hombre era muy inteligente”. –

Escucha lo último de la cantante cubana Omara Protuondo: Gracias

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