Por: JULIO MARTÍNEZ MOLINA

Varias generaciones de cubanos crecimos escuchando fragmentos de composiciones de Manuel Saumell Robredo, en un programa de apreciación musical que “profesores invisibles” realizaban desde la radio para el sistema de la enseñanza primaria en la nación.

En dicho espacio, la inefable voz de la maestra Cuca Rivero nos introdujo en las esencias sonoras de este hombre, fallecido el 14 de agosto de 1870, justo cuando la cultura cubana decimonónica mostraba algunos de sus mejores bríos en la música, y también en la plástica y la literatura.

Con la muerte de Saumell el universo cultural perdía a una de las figuras claves que iniciaron el llamado nacionalismo musical.

Este compositor habanero de extracción humilde, nacido el 17 de julio de 1817, poco después de cumplir los veinte se atreve con una ópera que tendría de telón de fondo los escenarios y el ambiente capitalino.

Esta intención fue elogiada en su día por Alejo Carpentier, quien vio en su esbozo (a la larga la intención de Saumell se frustró, se asegura que debido a causas de orden sentimental) una clara imbricación argumental con las pulsiones citadinas de mediados del siglo XVIII.

Apenas un niño, con menos de quince años, hizo sus primeras incursiones musicales quien recibiera más tarde instrucciones al piano del reputado músico alsaciano Juan Federico Edelman, y fuera rendido admirador del estadounidense Louis Moreau Gottschalk.

Por su parte, Maurice Pyke, director de la ópera italiana, le enseñó, ya adulto, conocimientos de armonía, contrapunto, instrumentación y fuga.

El citado Carpentier sostuvo que en virtud de la obra de Saumell, fueron fijados y pulidos los elementos constitutivos de una cubanidad que hasta entonces estaban dispersos en el ambiente y no salían de las casas de baile, para integrar un hecho musical lleno de implicaciones.

Por lo que el crítico y novelista consideró en su libro La música en Cuba (suerte de Biblia del tema) que Manuel Saumell “significa mucho dentro de la historia de los nacionalismos musicales de nuestro continente”.

El artista fue autor de más de medio centenar de contradanzas, mérito por el cual resulta más conocido a este también profesor, arreglista e intérprete, quien fuera contemporáneo y amigo de Claudio Brindis de Salas (músico él y a la vez padre de Claudio José Domingo, el importante violinista cubano).

De la autoría de Saumell son composiciones como la recordada Los ojos de Pepa (existe una versión jazzística contemporánea de Chucho Valdés); y las también famosas La Gassier o El Somatén; La niña bonita, La nené; Los chismes de Guanabacoa; La amistad; Plegaria; La quejosita; La Tedezco; ¡Toma, Tomás¡; Lamentos de amor; Recuerdos tristes; Ave María; e Idilio, entre varias otras.

Aseguran los especialistas que sus mayores éxitos fueron las contradanzas para piano, de dos partes contrastantes y compases binarios, donde se manejó con mayor solvencia, y dentro de la cuales es reconocido como el introductor de células rítmicas de la parcela popular de la música insular de la centuria; a saber, guajiras, criollas, habaneras…

A sus labores creadoras, Saumell aunó una conciencia cívica que le llevó a aceptar diversos cargos, como la presidencia de la sección de música de la habanera Filarmónica Santa Cecilia; y la condición de fundador del Liceo Artístico Literario, empresa ésta al lado del pianista español José Miró.

Pese a la diversidad de frentes en que se desarrollaba (además de componer, tocaba el piano en iglesias, instrumentaba arreglos, hacía crítica en la prensa bajo el seudónimo de El Timbalero, e impartía clases), nunca fue holgada su posición económica, y duras se las vio algunas veces el artista cubano para criar a los tres hijos nacidos de su matrimonio con la coterránea Concepción Amegui.

Cuando falleció, a los 53 años, Saumell estaba en plena facultad de condiciones. Su pérdida se lamentó mucho entonces.

Al paso del tiempo su figura fue cobrando relevancia mayor, al punto de que en la actualidad no existe retrospectiva alguna de la música cubana donde el nombre de este compositor habanero no figure con singular atención, en tanto pieza fundamental a efectos de entender el desarrollo de este arte en la nación.

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Fuente: EXCLUSIVO, 14/08/08

Aparecido en: Cuba Ahora (http://cubahora.co.cu/index.php?tpl=principal/ver-noticias/ver-not_ptda.tpl.html&newsid_obj_id=1027336)

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