Por Anubis Galardy (Tomado de Prensa Latina)

Salinas fue libre, como lo fueron también sus pariguales el cubano “Chucho” Valdés y el español Javier Colina. El teatro habanero Mella, con unas dos mil butacas de capacidad, estaba lleno la víspera hasta el tope.

Mayra Caridad Valdés y Luis Salinas ofrecieron una noche mágica en el festival Jazz Plaza 2008Vibró el swing, al inicio, casi como un corrientazo eléctrico. Valdés, al piano, desencadenándolo; Colina, asido a su bajo; y Salinas deleitándose con el piano que lo convocaba invocando un tema suyo. Colina y él intuyendo, anticipando lo que se esperaba de ellos.

Lo mejor es tocar así, sin obligaciones, y con la libertad de estar haciendo lo que uno quiere, dijo hace menos de un año en una entrevista Salinas, y lo probó hasta la saciedad en Cuba.

De la mano del jazz, el guitarrista argentino de formación autodidacta fue del swing y el latin jazz a la música que lo acompañó en su infancia, paseó por el tango y el bolero, e incluso cantó uno de ellos, Cómo fue, de Ernesto Duarte.

La guitarra como una prolongación de sí mismo, un hilo tendido entre su espíritu y sus manos prodigiosas. “Chucho” Valdés lo calificó, al presentarlo, como uno de los guitarristas más importantes del mundo.

No en balde el legendario B. B. King y Paco de Lucía lo invitaron a compartir escenario. Balden Powell dijo de él: “es un guitarrista loco y genial”. Salinas ha dicho de sí mismo. “Sólo quiero ser el mejor Salinas posible”.

Hay un momento, agregó, en que uno se vuelve más puro y ya no se preocupa por volarle la cabeza a nadie.

Fue una noche mágica. Por momentos pareció una de esas jam session con que los jazzistas, en la intimidad, se abandonan dejando que la imaginación vuele y salgan a flor de piel sus emociones, su espíritu. Cada uno retó al otro en un duelo artístico cómplice, de alto voltaje.

A su turno, Colina prodigó solos magníficos. Su contrabajo se tiñó de acentos flamencos, susurró, se expandió como una llamarada.

Así fue la primera jornada del Jazz Plaza. Al llegar el turno a la versión de Valdés sobre el Mambo influenciado, surgido de la inspiración del recién fallecido músico canadiense Oscar Petterson, el público hervía, como antes con la voz de Mayra Caridad Valdés.

Cuando la percusión tomó el mando, Yaroldi Abreu en las congas y Ramsés Rodríguez en la batería, entablaron un diálogo en ascenso permanente. Los aplausos estallaron, como tantas otras veces en la noche. Jazz puro, sin perder su esencia mestiza, en La Habana.

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