Publicado en La Jiribilla, Nº 346, edición del 22 al 28 de diciembre, La Habana.

Por: Pedro de la Hoz

En un país eminentemente musical como lo es Cuba, a veces se tiene la percepción de que si hay motivos y lugares para bailar, la cosa marcha bien. Curiosamente en 2007 fueron mucho más estables los espacios para la música de concierto que los dispuestos para el baile.

La apertura de casinotecas en la capital y Santiago de Cuba, la cobertura puntual de las fiestas populares en una buena parte de los municipios con orquestas de primer nivel, la vinculación de las agrupaciones de alta convocatoria popular a conmemoraciones patrióticas y juveniles y la organización de giras nacionales —todavía insuficientes debido a problemas que subsisten en la logística— no bastaron para satisfacer las exigencias del público bailador, que reclama espacios sistemáticos en los barrios —Ciudad de La Habana puede y debe perfeccionar un programa habilitado al efecto—, en los círculos sociales y otros ámbitos de la comunidad, mucho más accesibles que las Casas de la Música, hoteles, instalaciones de ARTEX y otros espacios identificados con las opciones turísticas.

Es loable lo que acontece en otras zonas de la vida musical: el Festival Internacional de Coros, de Santiago, fue el colofón de una actividad que consolida una estructura que va desde el movimiento de cantorías infantiles y juveniles hasta la existencia de agrupaciones profesionales de altísimo nivel, como el Coro Nacional de Cuba, Exaudi, Schola Cantorum Coralina, Vocal Leo, Ensemble Vocal Luna, Orfeón Santiago, Coro Profesional de Matanzas y Sine Nomine. En marzo pasado se dieron cita en La Habana más de 600 cantores de 14 países para participar en el foro internacional América Cantat.

En la capital, los fines de semana se puede asistir a conciertos de música coral y de cámara en la Basílica Menor de San Francisco de Asís y el Centro Hispanoamericano de Cultura —parte de la hermosa trama cultural estimulada por la Oficina del Historiador de la Ciudad—, así como en el Museo Nacional de Bellas Artes, que ha hecho frecuentes los encuentros con la cancionística y el jazz; y en especial el Centro Pablo de la Torriente Brau, que junto a la Asociación Hermanos Saíz, está contribuyendo de manera tenaz e inteligente a la continuidad y la renovación del movimiento trovadoresco nacional. En ese campo fue digno de subrayar el homenaje que trovadores de Cuba y otros países dedicaron al desaparecido Noel Nicola, mediante la edición de un álbum doble con sus mejores piezas.

Especial resonancia tuvo la conmemoración del aniversario 35 de la Nueva Trova. Bajo el lema Una guitarra, un buen amor…, en la jornada participaron varios de sus fundadores, entre ellos Vicente Feliú, Sara González y Amaury Pérez. Organizada por la Asociación Hermanos Saíz, la Unión de Jóvenes Comunistas y el Instituto Cubano de la Música, a la cita asistieron creadores de todo el país y diversos estilos como los rockeros de Tesis de Menta, el grupo Moncada y el dúo pop Buena Fé. Las actividades abarcaron la céntrica avenida 23 y un concierto en la escalinata de la Universidad de La Habana.

Se realizaron, con alguna que otra intermitencia, las dos temporadas anuales de la Orquesta Sinfónica Nacional en el teatro Amadeo Roldán, organismo que este año viajó a Ecuador con gran éxito. Como punto final a la actividad en esta expresión aconteció en noviembre el acostumbrado Encuentro Nacional de Orquestas Sinfónicas, y un ciclo con todos los conciertos para piano y orquesta de Beethoven, efectuado entre noviembre y diciembre en Matanzas, organizado por Ulises Hernández con el concurso de la Orquesta Sinfónica local, bajo la batuta de Yeny Delgado.

Con gran pujanza crece y se consolida el movimiento de bandas de concierto. El hito más reciente fue la puesta en funcionamiento de la escuela provincial de músicos para bandas “Francisco Repilado”, en Santiago de Cuba, acto al que asistió el General de Ejército Raúl Castro, segundo secretario del Comité Central del Partido.

En solo los tres últimos años se ha duplicado la cifra de este tipo de agrupaciones en el país, de modo tal que más de 90 municipios poseen hoy bandas.

Cubadisco 2007 tuvo un momento rutilante con la entrega de sus premios —los más importantes recayeron en Akapelleando, de Vocal Sampling, y la integral de conciertos para piano y orquesta de Heitor Villa-Lobos a cargo de Ulises Hernández, Harold Lòpez Nussa, Patricio Malcolm, Roberto Urbay y Elvira Santiago— y otros con el vivo contacto con la cultura musical tradicional y actual de Venezuela, y el destaque de los vínculos que unen a la música grabada con el cine en nuestro país.

Lo realizado por los teatristas cubanos resulta sumamente encomiable si se tiene en cuenta la situación precaria de varias instalaciones de ensayo y representación. Afortunadamente en el oriente del país comenzaron a batir nuevos aires con la apertura del teatro Bayamo, que se suma al que hace cuatro años de inauguró en Manzanillo. Esa provincia aumentó de 995 a 2 347 sus capacidades para albergar al público. También el teatro Tunas mantuvo por primera vez una programación estable para los habitantes de la zona y en Holguín avanzaron los trabajos para la recuperación del teatro Eddy Suñol.

Pese a las dificultades materiales, que incidieron en la imposibilidad de convocar al Festival Internacional de Teatro de La Habana, hubo puestas en escena de altísimo valor, como las que se distinguirán por la parte cubana en enero con los Premios Villanueva de la Crítica: la creación coreográfica Demon-N/Crazy, del español Rafael Bonachela para Danza Contemporánea de Cuba; los espectáculos para niños Los zapaticos de rosa, del matancero Teatro de las Estaciones; Pelusín enamorao, del proyecto Nueva Línea; y Aceite más vinagre, igual a familia, del camagueyano Teatro del Viento; y los espectáculos para adultos Fedra, de Teatro El Público, y Aquìcualquier@, de Osvaldo Doimeadiós.

La conmemoración del 45 aniversario del Conjunto Folclórico Nacional centralizó una temporada de estrenos, a la que aportaron coreógrafos de otras compañías y se puso de relieve la personalidad del maestro Rogelio Martínez Furé como fundador y defensor de la tradición.

Destacable resultó el trabajo desarrollado por el Consejo Nacional de Casas de Cultura y el de Patrimonio Cultural en la preservación y difusión de los valores de la Tumba Francesa, en sus versiones originales de Santiago, Guantánamo y Sagua de Tánamo. Esta última mereció el Premio Nacional de Cultura Comunitaria, junto a tres destacados promotores: el guantanamero Reynaldo Heredia Rivera, la santiaguera Isis G. Palancar Sierra y el habanero Adalberto Rabeiro Baquet.

Esa zona de particular e insustituible fuerza que es la cultura popular, en su diversidad y riqueza, mantuvo sus vínculos con el área del caribe mediante la Fiesta del Fuego, que se realizó en julio en Santiago de Cuba, dedicada esta vez a República Dominicana.

Dentro de la programación nacional de las artes visuales sobresalieron las exposiciones Caminar con amor, de Ernesto García Peña por varias localidades matanceras, el itinerario nacional por siete provincias de la serie fotográfica Momentos, dedicada al Comandante en Jefe Fidel Castro; La otra mirada, de Raúl Martínez, Madera y papel, de Nelson Domínguez e Historias de amor, de Pedro Pablo Oliva, las tres en Bellas Artes; e Imagen y posibilidad, muestra colectiva en la Biblioteca Nacional José Martí.

El público cubano tuvo la oportunidad excepcional de asistir a las doce exposiciones que coincidieron con la celebración en la capital del Congreso de ICOGRADA, con obras de maestros de la gráfica mundial; y el merecidísimo tributo al maestro Eduardo Muñoz Bachs, que legó una impresionante colección de carteles de cine para la posteridad.

También fue conmemorado el aniversario 105 del nacimiento de Wifredo Lam, con varias acciones, las más importantes de ellas realizadas en la Universidad de las Ciencias Informáticas y en la Biblioteca Nacional, esta última por parte de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas.

Y aunque la producción cinematográfica, por razones obvias, siguió siendo afectada por carencias materiales y financieras, en este 2007 llamaron la atención el vitalidad de la Muestra de Jóvenes Realizadores, el Festival de Documentales Santiago Álvarez in Memoriam (Santiago de Cuba) y el Festival de Cine Pobre (Gibara), yestrenaron sus películas Fernando Pèrez, Madrigal; Arturo Sotto, La noche de los inocentes; Alejandro Moya, Mañana; y Daniel Díaz Torres, El camino al Edén.

El ICAIC hizo un gran esfuerzo por potenciar el documental. Se estrenaron Otra pelea contra los demonios… y el mar, de Tupac Pinilla, basada en la vida del pueblo de pescadores Carahatas, amenazado por los huracanes; Memorias de la fiebre, de Manuel Jorge Pérez, sobre la obra poética de Carilda Oliver Labra; Poética gráfica insular, de Rolando Almirante, acerca del cartel de cine; Donde habita el corazón, de Carlos León, dedicado al trovador Vicente Feliz; y Son para un sonero, de Lourdes de los Santos por los 35 años de consagración a la música de Adalberto Álvarez.

En 2008 el ICAIC espera terminar o iniciar la producción de no menos de 20 largometrajes, entre los que se cuentan 14 filmes de ficción, varios de los cuales tienen previsto su estreno durante ese período. El rasgo principal de estos proyectos radica en su diversidad temática y estilística, la calidad de los guiones y la alentadora conjunción de realizadores experimentados con otros que incursionan por primera vez en el largometraje, lo que garantiza la continuidad de esta industria.

Todos estos logros no pueden estimular la complacencia. Falta mucho por hacer desde las instituciones culturales en la promoción de las más valiosas producciones artísticas y literarias. Como nunca antes deben abordarse soluciones para que la aplicación de la política cultural sea coherente entre las instituciones y los medios masivos de difusión por una parte, y por otra en el mismo seno de las comunidades. El sistema de festivales y eventos merece una permanente revisión para evitar estancamientos y pérdidas, pero lo más importante pasa por la constancia y sistematicidad que seamos capaces de desplegar en el trabajo cotidiano, para que cada jornada sea útil al espíritu de las mujeres y hombres en nuestra sociedad.

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