La tarima estaba acondicionada y lista para el ritual. Al fondo, el símbolo de la paz que en 1958 el diseñador textil Gerald Holtom creó en favor del desarme nuclear y se popularizó en los sesenta, dominaba el escenario sobre un fondo blanco. Al centro se eleva de manera mística el altar. En su frontis, arenado sobre un vidrio la palabra bendita: Salsa. Sobre él una caja de vinilos de diverso origen y procedencia son el alimento para el espíritu. Pan del alma, sosiego del bailador.

El cáliz del sonido gira y gira, la grabación mecánica analógica empieza a envolver el ambiente y lo cubre todo, nos bendice y santifica. Es una epifanía que la aguja que sigue el surco lo convierte en señal eléctrica. Y nos conecta. Nos une. Nos hace hermandad. Y los cuerpos se contorsiona con la percusión de Barreto, el bajo de Boby, las pailas de Orestes Vilató. El coro de Fania penetra en el alma y allí mismo se retorna al barrio, al piso de madera, a la pared de adobe del  callejón, al foquito del Corazón de Jesús, a los pantalones pistolas con boca ancha y a la cadera, al makario, al African Look, al scratch de surco que capta la aguja.

La Descarga ya comenzó. La noche toma su propio curso y el vinilo hoy es el rey. Omar y sus hermanas Yvón y Jessica están cumpliendo otro sueño más y nosotros retornando a los setenta.


Descarga es encuentro de generaciones.


Tocando el cielo con rumba.

Video de World Circuit donde se presenta la grabación de AfroCubism, que no fue otra cosa que la idea original de Buena Vista Social Club (grabar un disco entre músicos de Malí y Cuba) y no se pudo cristalazar en 1996.

En la guitarra  Eliades Ochoa, en el ngoni Bassekou Kouyate,  Djelimady Tounkara en la guitarra eléctrica, Toumani Diabaté en el kora, Kasse Mady Diabaté en la voz y Lassana Diabaté tocando el balafón.

Dos registros desde su butaca de espectadores en La Mar de Músicas (esto es lo maravilloso de You Tube).

La Fuerza de los 70's

Martes 27  de julio.  La Descarga en el Barrio ya está lista y en esta edición se rinde un homenaje a  “La Fuerza de los 70′s”.

Esto va a ser un tributo a los grandes de la música latina que cocinaron sus ritmos en la ciudad de Nueva York en la década de los setenta. Esa fusión de ritmos afroantillanos con el soul, el rock, el funk que se expresa en la emblemática película “Our Latin Thing”, un documental que nos muestra la vida musical en “El Barrio” y se convierte hoy en un registro que nos permite conocer y reconstruir ese fenómenos musical de los inmigrantes latinos.

Esa noche promete no sólo sabor,  sino vibraciones y espasmos musicales sazonados con el  sonido agresivo y cargado de los que fueron reconocidos como “Los Bravos de la Salsa”.

Omar nos escribe y en su convocatoria nos dice:

“Quizás muchos de nosotros hemos crecido oyendo de nuestros padres esos viejos LP’s con la música de la Fania All Stars, Richie Ray, Eddie Palmieri y otros tantos bravos, o tal vez han tenido esa experiencia mágica de haber vivido esa época maravillosa (¿Alguno de ustedes vio la película “Our Latin Thing” en el cine Diamante?) o simplemente quisieran conocer, remontarse y vibrar con la Salsa en su más pura expresión”.

Lo prometedor de esa noche es que nos remotaremos al sonido analógico de los setenta y Omar ya tiene preparado y seleccionado meticulosamente el cargamente que construirá una atmósfera muy propia y singular.

Cómo dice el anfitrión. Ya están invitados, esto será el martes 27 de julio a partir de las 7.00 p.m. en Jr. Cervantes 159 (entre las cuadras 2 y 3 Av.Brasil) en Lima. Compren la preventa llamando al 472-6327 o tendrán que escucharlo desde afuera del local.

Djelimady Tounkara (guitarra eléctrica), Eliades Ochoa (guitarra), Lassana Diabaté (balafón), Kasse Mady Diabaté (voz) y Bassekou Kouyaté (n'goni)

El estreno mundial de ‘AfroCubism’, con Eliades Ochoa y músicos malienses, rescata en La Mar de Músicas la idea original del mítico Buena Vista Social Club

Por: CARLOS GALILEA - Cartagena – Diario El País (España) 11/07/2010

Un estreno mundial: AfroCubism, el ambicioso proyecto que reúne a músicos de Cuba y Malí. Más de 2.000 personas pudieron presenciar el viernes por la noche en La Mar de Músicas la puesta de largo del Buena Vista Social Club original. Porque BVSC fue un accidente, hermoso y afortunado, pero un accidente.

El objetivo del guitarrista Ry Cooder y el productor Nick Gold, en 1996 en La Habana, era traer de Bamako a unos músicos malienses para grabar con cubanos. Un problema de visados dejó en tierra a Bassekou Kouyaté y a Djelimady Tounkara, y el obligado cambio de planes se convirtió en un disco maravilloso que abrió al son cubano las puertas del mundo. Aquel encuentro entre caribe-ños y africanos no se pudo hacer, pero la idea quedó en el aire. Y, ahora, 14 años después, llega por fin AfroCubism.

Son tres fenómenos. Nadie hoy representa mejor la tradición del son cubano que Eliades Ochoa, nadie toca el n’goni (ancestro del banjo) como Bassekou Kouyaté y no hay kora (arpa-laúd) más asombrosa que la que acaricia Toumani Diabaté. Pero en AfroCubism también están un colosal Lassana Diabaté percutiendo con maestría el balafón (un tipo de xilófono) y un grandote Djelimady Tounkara con su solvente guitarra.

Empezó el concierto con Al vaivén de mi carreta, una vieja guajira de Ñico Saquito. “Trabajo de enero a enero, y de sol a sol, y qué poquito dinero me pagan por mi sudor”, cantaba Eliades Ochoa, luciendo uno de esos sombreros negros con el que le fotografió Anton Corbijn. Y Kasse Mady Diabaté retomó la canción con su voz de ángel heredada de un abuelo que provocaba lágrimas de felicidad al cantar. “Y que luego vengan Vampire Weekend a hacer lo que hacen”, comentó con ironía un habitual del festival.

Espectacular estuvo Lassana Diabaté al balafón con los 13 músicos rumbeando y el remache final de las trompetas antes de La culebra, en la que Eliades evoca al Beny (Moré) con los malienses aportando un suave perfume africano a la grabación original del Bárbaro del ritmo. Toumani, Bassekou y Eliades se quedaron solos para una sutil Guantanamera, que a más de uno se le escapó por culpa del bullicio festivo y de la energía contagiosa del son Para los pinares se va Montoro, guiño a Compay Segundo, que al igual que los añorados Ibrahim Ferrer, Pío Leyva o Rubén González siguen muy vivos en nuestra memoria.

Nick Gold cree que la cosa funciona: “Es mejor de lo que había imaginado o soñado. Hay más repertorio maliense que en la idea original, que consistía en dar otro aroma a la música tradicional cubana. Esta colaboración me parece más radical y sustanciosa”. Confiesa que la primera vez que escuchó música de Cuba fue tocada por africanos. Y le gustó cómo lo hacían, de una forma más suave, ligera, que él prefiere incluso a la de los propios cubanos. “Me preguntan si yo quería unir dos culturas, pero no se trata de eso”, dice riendo. “Me maravilla cómo suenan juntas las guitarras, la kora, las maracas, el balafón… Como un auténtico grupo”.

De las costas de África partieron hacia América millones de hombres, mujeres y niños hacinados como animales para un viaje sin retorno. Pero, a partir de 1950, su música regresó. Los sonidos cubanos fueron retomados por orquestas como la Star Band o la Baobab. Y se han producido anteriormente aproximaciones como Africando, serie en la que el productor Ibrahima Sylla juntó músicos latinos con cantantes senegaleses, o como CubÁfrica, el disco que Eliades Ochoa grabó con el saxofonista camerunés Manu Dibango. Nada más fácil que oír a un africano cantar El carretero con una imitación en idioma wolof del sonido del español. “Pero esta mezcla que estamos haciendo nosotros no se ha visto antes”, afirma Eliades Ochoa.

El estreno de AfroCubism, retransmitido por Radio 3, trajo hasta Cartagena a periodistas de la BBC, The Guardian o Libération, y revistas especializadas como Songlines o Les Inrockuptibles. Durante los ensayos del concierto, uno de los malienses hablaba en bambara y un cubano en español. Y se entendían: estaba hablando la música.

Por el Nuevo Teatro Circo, alquilado de lunes a viernes para ensayar, correteaba Ami, la hija mulata de cuatro años de la fotógrafa del sello World Circuit. Mientras, bajo la mirada de Nick Gold, Eliades, Toumani y Bassekou cerraban una improvisación sobre Guantanamera como si llevaran tocando juntos media vida. “Cuando todo el mundo está atento y pone el mismo deseo de hacer las cosas bien hechas, las cosas salen bien. Lo malo es que a veces nos desenchufamos y ahí es donde se equivoca alguien o no para a tiempo”, dice Eliades. “No es fácil injertarnos en la forma de ellos y que ellos se metan en nuestra música. Son los pequeños problemas que hacen grande a un amor”, comenta. Y en eso andan desde la primera sesión de grabación del disco en un estudio de Coslada (Madrid).

Hoy están ya todos en Holanda, para actuar en el North Sea Jazz Festival, y el 2 de noviembre comenzará la gira que les va a llevar -con dos citas en España: el 11 de noviembre en Madrid y el 18 en Barcelona- desde Oslo hasta Nueva York. Ninguno de los protagonistas de BVSC se imaginó lo que iba a pasar con aquel disco. Tampoco ahora, y menos aún con los tiempos que corren para la industria discográfica, se atreve nadie a augurar el futuro de AfroCubism. La clave del éxito quizá sea que ellos se lo pasen mejor sobre el escenario que el propio público.

Por: Juan José Olivares
Periódico La Jornada
Martes 11 de mayo de 2010, p. 9

La música es lo que da equilibro a los cubanos, resume Chucho Valdés, considerado uno de los mejores pianistas del orbe.

En entrevista, argumenta: “Históricamente, la música es el pan nuestro de cada día. Es lo que respiramos. El cubano hasta camina con ritmo, habla con éste… En mi caso, la razón fundamental de mi existencia, de mi ser, es hacerla; alimentarme de ella y siempre buscar cosas diferentes…”

Valdés es compositor, arreglista, profesor de música; creador de unos 87 discos y más de 33 colaboraciones con artistas internacionales. Es fundador del combo seminal Irakere, que destacó por desarrollar un híbrido de jazz, rock, pero, sobre todo, de un sonido de percusiones afrocubanas. Tiene varios doctorados honoris causa. Ahora produce un disco “precioso” con Omara Portuondo; otro más con Pablo Milanés (de jazz, en el que “el trovador canta en inglés; se sorprenderán”). También hace una placa con el pianista dominicano Michel Camilo, y, en conjunto con su paisano Gonzalo Rubalcaba, produce uno más con Mariza, “la mejor cantante de fado en la actualidad”.

El próximo viernes 21 de mayo a las nueve de la noche, en el Lunario del Auditorio Nacional, presentará a su nuevo combo: The Afro Cuban Messengers, con los “más talentosos jóvenes músicos cubanos”. Se trata de una banda que, según él, “romperá esquemas musicales”. Estos muchachos habaneros lo acompañan en su nuevo disco, Chucho’s Steps, placa hecha por “unos mensajeros” con arreglos complejos de total y absoluto afrocuban jazz, que plantearán la “herejía” de “introducir un cambio”.

Virtuoso

Enredado en las cuerdas de su instrumento desde los tres años, Chucho Valdés –poseedor de siete premios Grammy– ya reproducía de oído las melodías que se emitían en la radio. A los cinco tomaba clases de piano y teoría. Y a los 14 egresó del Conservatorio Municipal de Música de La Habana. Un año después formó su primer trío de jazz, y tiempo más tarde debutó en la orquesta Sabor de Cuba, dirigida por su padre, Bebo, uno de los mejores directores orquestales de la isla.

Chucho, con el buen karma dado por los grandes, como Benny Moré, quien alguna vez vaticinó que sería mejor que papá, no ha dejado de producir: acaba de ganar un Grammy por Juntos por siempre, grabado a dos pianos con Bebo, y ahora trae a este nuevo grupo, con el que “sólo retomamos los conceptos afrocubanos de otra forma más contemporánea, incluso más que con Irakere. Es un trabajo evolutivo sobre la polirritmia afrocubana. Trabajo con músicos de la generación más reciente; los más talentosos e innovadores en estos momentos”.

Esos talentos a los que se refiere Valdés son: Mayra Caridad Valdés, en las vocales; Lázaro Rivero Alarcón, en el bajo; Juan Carlos Rojas, en la batería; Yaroldy Abreu Robles, en las percusiones; Dreiser Durruthy Bambolé, en los tambores batá y las vocales yorubas; Carlos Miyares Hernández, en el sax tenor, y Reinaldo Melián Álvarez, en la trompeta.

Los describe: “Abreu es el más brillante de los congueros cubanos; estudió percusión sinfónica, tiene formación de academia y escribe cualquier cosa. Se especializó en los toques de las congas y posee una base teórica fuerte. Dreiser, de 25 años, es quien más sabe de la cultura folclórica de los batá; se graduó en el Instituto Superior de Arte y Danza Clásica, pero conoce la danza africana ritual perfectamente. Une ambos elementos y la lengua yoruba se la sabe de cabo a rabo. Está considerado el sucesor de Lázaro Roque, el más grande que hemos tenido en el género. El baterista, Juan Carlos Rojas, es de Santa Clara y le dicen El peje. Cuando toca es como pez en el agua. Lázaro Rivero es un bajista increíble que lleva tiempos perfectos. Los metales son, en el sax, Carlos Miyares; no hay alguien que toque mejor. El trompetista es Reinaldo Melián, una especie de Miles Davis”.

Chucho alaba a los músicos de la isla, más aún cuando esta expresión ha sido, desde su perspectiva, lo que los ha mantenido sanos espiritualmente. “Las cosas políticas son de ese mundo. Nosotros nos enfocamos en la música y de ahí no salimos”.

“Es el lenguaje universal y no debería tener interrupciones por problemas de otro tipo. La cultura no tiene nada que ver con la política, ésta debe fomentar a la primera; si otro lo ve de otra manera, lo respeto”, afirma.

En el concierto Valdés ofrecerá temas de Chucho’s Steps, que saldrá por septiembre y contendrá un guiño al tema clásico Giant Steps, de John Coltrane, “un estándar muy complicado armónicamente. Aunque el que compuse lo es un poco más”.

Ante Chucho Valdés, quien se ha presentado en los escenarios más importantes, no se puede evitar el comentario de su relación con Bebo: “Fue el primer pianista que vi tocar y quien me formó en este arte. El que me dijo cuáles eran los caminos por los cuales transitar. Fue mi primer maestro, quien me llevaba a la escuela y el que me dio la experiencia. Él fue quien hizo una banda para que aprendiera a escribir para big band. Se quitó del piano y se puso a dirigir para que yo, con 15 años, debutara. Papá, director y maestro, ¿qué más puedo pedir?”

A Bebo lo ve seguido en España. “Hicimos Juntos para siempre, un diálogo que va más allá de la música. Es un disco que tiene muchos secretos, de los cuales te das cuenta cuando lo escuchas. Lo tengo en mi corazón como algo muy importante en mi vida, porque al final pude grabar con mi padre. Él y yo solos, con dos pianos. Todo lo que hacíamos en la casa de La Habana, lo que aprendí de niño, lo llevamos al disco por fin. Es un homenaje porque hay un tema que él me dedica, otro que yo le dedico, y otro que compusimos entre los dos”, comenta.

Agrega que cuando está en casa de su papá, “no salimos en unos 10 días. Tocamos piano (hay dos), hablamos cosas de la familia, de los abuelos, comemos bacalao… no necesitamos abrir la puerta para nada”.

Fuente de innovación

Pese a realizar giras por el mundo, Chucho es de los músicos que consideran que La Habana es su “fuente de producción y de innovación”, por lo que le encanta vivir ahí, “por la lógica: aquí nací, aquí están mis raíces. Mi familia, mi mamá. Aunque a veces me dicen que vivo en los aviones. En todas partes y en ninguna al mismo tiempo, pero a partir de Cuba. Ciento por ciento mi espíritu está acá. Adquiero la tradición de aquí, no en otro lugar. Igual hay otros músicos que recogen raíces de otros lugares y tiene su sentido y deciden vivir en otro sitio, eso tiene que ver con sus intereses personales y no con cuestiones de política. Machito trabajó desde los años 40 en Estados Unidos hasta que murió, y eso no era política, simplemente los intereses musicales estaban allá. Al final es arte”.

La cita fue mediante un correo electrónico que nos invitaba a disfrutar de ese maravilloso placer de escuchar un disco d vinilo. Omar Córdova, coleccionista, leyenda de la avenida La Colmena donde se inercambiaban disco y organizador de la reconocida Desacrga en el Barrio no dió la bienvenida en su local de Lince en el Centro Comercial Arenales. Kike, Koky y Koke reunían luego de varias semanas para hacer lo que siempre les gusto. Escuchar y hablar de música. Pero esta vez todo iba a ser diferente. Omar tenía preparado su tornamesa, implementos para limpiar aguja y discos y sobre todo un cargamento de discos que merecían la pena ser escuchada con ese respeto y protocolo que nos obliga el tornamesa y sus artilugios.

Iniciamos la sesión con un tema de la verdadera reina del guaguancó, Celeste Mendoza acompañada de la orquesta de Ernesto Duarte con Bebo Valdés en piano, de allí siguió Irakere, Palmieri, Benny Moré y muchos más. Nosotros, ni cortos ni perezosos habíamos llevamos algunos discos de EGREM que inclsive nunca habíamos escuchado. Disfrutamos con Emiliano Salvador y conversamos sobre los discos de Chucho Valdés.

La tarde, sazonada por un Habana 7 años que no pude probar por mi hígado graso tomo cuerpo cuando llegó XXX y empezó la rumba, los tambores, hierros y claves. La descarga se había iniciado y los coros no faltaron. El ritual se repertía de manera más intensa cada vez más, hasta que Omar sentenció. Esto queda e institucionalicemos el día del vinilo.

Tuvimos que despedirnos y alejarnos, fue maravilloso disfrutar con la familia Córdova y los invitados esa tarde que con fe, convicción y mucho amor a la música disfrutaron cada crash que susurraba con sonido analógico del vinilo.

Lorena Nessi
Fuente: BBC Mundo (Miércoles, 11 de febrero de 2009)

Lázara Cachao es la hija menor de Cachaíto, el contrabajista cubano de Buena Vista Social Club, fallecido el pasado martes. Lázara, también artista profesional, habló sobre su padre y dijo considerarlo “el mejor contrabajista del mundo”.

Lázar López, bajista e hija del maestro "Cachaito)

Lázar López, bajista e hija del maestro "Cachaíto

“El dolor es inmenso, pero lo recuerdo con gran orgullo. Para mí fue un gran ejemplo como padre y un gran maestro de la música. Que dios lo tenga en la gloria”, dijo en un mensaje que nos envió cuando invitamos a nuestros lectores a comentar sobre la herencia musical de Cachaíto.

Ante sus palabras, en BBC Mundo decidimos contactarla para conocer de su propio testimonio un poco más sobre lo que fue la vida del recién fallecido artista cubano.

“Desde niño empezó como autodidacta, tocaba también el piano y el violín, pero al final se quedó con el contrabajo y desde que tenía 13 años se convirtió en el primer contrabajista de la Orquesta Sinfónica de Cuba”, dijo Lázara Cachao con voz apagada.

Comentó también que su padre perfeccionó su técnica con un profesor alemán y con su tío Cachao, quien ha sido considerado como uno de los inventores del mambo, para luego tocar música más moderna con un quinteto de jazz.

Tradición familiar

“La tradición de ser músicos viene desde los abuelos y tatarabuelos, todos

Lázara López y su ilustre tio "Cachao"

Lázara López y su ilustre tío "Cachao"

los Cachao son músicos”, comentó la hija de Cachaíto, quien en esa misma tradición estudió música clásica.

“Como niña, lo recuerdo practicando con su contrabajo muchas horas en casa y con ese carácter tan cariñoso y noble que tenía”, agregó.

Lázara cree que a su padre “le hubiera gustado ser recordado con orgullo, como ese gran músico, esa gran persona que siempre fue, tan sincero y de carácter tranquilo”.

“Lo definiría como una persona extraordinaria. Todo mundo lo quería mucho, siempre fue muy amable con todos y le gustaba ayudar a los demás”, le aseguró a BBC Mundo.

La pianista también dijo que Cachaíto fue profesor de conservatorio por 35 años y le dio clases a muchos que ahora son famosos y que le tenían un gran cariño.

La herencia de Cachaíto

“Su aporte es muy grande. Yo admiro mucho a mi papá por cómo tocaba el contrabajo y los sonidos característicos de fuerza, de afinación, de sabor y de síncopa que le sacaba. Para mí él era el mejor del mundo, aunque esté mal decirlo, pero es lo que pienso, soy músico y lo sé”, afirmó Lázara orgullosa.

También comentó que normalmente el contrabajo es un instrumento fundamental de la orquesta.

“Es como esqueleto del cuerpo. Si no se toca bien nada funciona”, dijo.

La artista no sabe qué pasara en el futuro con Buena Vista Social Club, luego de la pérdida de Cachaíto. “No me imagino al grupo sin mi padre, a quien le decían el “corazón de Buena Vista”, según comentó.

Mientras tanto, ella piensa seguir la mayor enseñanza que su padre le dejó: “continuar creando, estudiar y aceptar que la música es algo que no se puede dejar”.

Entre sus proyectos, piensa interpretar la música de su familia, en la que incluirá composiciones de Cachaíto y la música de su tío abuelo, Cachao, con arreglos propios y una orquesta que ya tiene preparada.

Por supuesto, la pianista sabe que tiene una gran responsabilidad, pero le aseguró a BBC Mundo que hará todo lo posible por representar con orgullo el nombre de su padre y de su familia a través de sus notas.

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